

La relación entre las personas y sus mascotas puede ir mucho más allá de la convivencia cotidiana. Diversas investigaciones psicológicas encontraron asociaciones entre un vínculo intenso con los animales y determinados rasgos relacionados con la responsabilidad y la empatía.
Estos resultados no significan que tener una mascota transforme automáticamente la personalidad de una persona. Los estudios muestran tendencias estadísticas y moderadas, por lo que el vínculo debe entenderse como uno de los múltiples factores que pueden estar relacionados con estas características.
Lo dice la psicología | Las personas más unidas a sus mascotas comparten estas características: la responsabilidad es uno de los rasgos más asociados
Una investigación realizada por la Universidad Queen’s de Belfast analizó a 938 propietarios de perros y gatos de distintos países. Los participantes respondieron cuestionarios destinados a conocer tanto sus rasgos de personalidad como la intensidad del vínculo emocional con sus mascotas.
Los resultados encontraron que quienes obtenían puntuaciones más elevadas en responsabilidad, también tendían a sentirse más unidos a sus animales. Este rasgo, conocido en psicología como escrupulosidad, está relacionado con la organización, la constancia y el cumplimiento de obligaciones.
La conexión puede entenderse a partir de las propias tareas que implica cuidar una mascota. Alimentarla, mantener sus rutinas, controlar su salud y atender sus necesidades requiere constancia durante largos períodos.

Sin embargo, los investigadores remarcan que la relación no necesariamente funciona en una sola dirección. Es decir, no se puede afirmar que adoptar una mascota vuelva automáticamente más responsable a una persona.
El vínculo también aparece relacionado con la empatía
Otro de los aspectos observados es la empatía, especialmente hacia los animales. Una investigación realizada con 343 adultos en 2024 encontró que un mayor apego a las mascotas estaba asociado con una mayor empatía hacia ellas y, a su vez, con determinadas actitudes prosociales hacia otras personas.
El cuidado cotidiano puede exigir que el dueño preste atención a señales que el animal no puede expresar mediante palabras. Cambios en el comportamiento, el apetito o la actividad pueden convertirse en indicadores que la persona debe aprender a reconocer.
Los estudios también encontraron una relación entre el apego a las mascotas y comportamientos vinculados con el cuidado, la compasión y la preocupación por el bienestar de otros. Aun así, las asociaciones fueron moderadas y no permiten establecer que una mascota sea responsable de desarrollar empatía.
La dirección de esta relación continúa abierta. Una persona que ya posee altos niveles de empatía puede involucrarse más profundamente en el cuidado de un animal, aunque las experiencias de cuidado también podrían reforzar determinadas respuestas empáticas con el tiempo.
Qué dicen los expertos sobre el vínculo con las mascotas
Las investigaciones también encontraron que la relación entre personalidad y apego no se limita a los adultos. Un estudio realizado con más de mil niños escoceses de entre siete y doce años vinculó el apego a las mascotas con comportamientos relacionados con el cuidado, la compasión y la amistad.
No obstante, los especialistas advierten que un vínculo intenso con una mascota no necesariamente significa que exista una relación saludable. El apego puede adoptar distintas formas y una dependencia emocional excesiva puede estar asociada con dificultades diferentes a las de una convivencia equilibrada.
Además, otros rasgos de personalidad también pueden influir. La investigación de Belfast encontró que el neuroticismo podía predecir un mayor apego a las mascotas, aunque este rasgo está relacionado con una mayor tendencia a experimentar preocupación y emociones negativas y no debe confundirse con empatía.
Por eso, los expertos plantean una conclusión más prudente: las personas muy unidas a sus mascotas tienden, en promedio, a mostrar algo más de responsabilidad y empatía hacia los animales. Esto no significa que quienes no tienen mascotas sean menos responsables o sensibles, ya que factores como la economía, los horarios, las alergias, la vivienda y las preferencias personales también influyen en la decisión de convivir con un animal.


