

Una investigación científica permitió confirmar la existencia de una enorme reserva de agua dulce escondida bajo el lecho del océano Atlántico. El descubrimiento, que había sido detectado por primera vez hace casi medio siglo, volvió a despertar interés por su posible importancia ante la creciente escasez de agua en distintas partes del mundo.
La Expedición 501 retomó aquella investigación con participación internacional y una inversión de 25 millones de dólares. Las perforaciones realizadas en tres puntos permitieron recuperar miles de litros de agua cuya salinidad fue de apenas 4 partes por mil, una concentración muy inferior a la del agua marina.
El acuífero que podría abastecer a millones de personas
Los primeros estudios indican que el acuífero se extiende potencialmente desde Nueva Jersey hasta Maine. Su dimensión sería tal que, de acuerdo con las estimaciones iniciales, podría proporcionar agua suficiente para una población similar a la de Nueva York durante unos 800 años.

Sin embargo, los científicos todavía intentan determinar cómo llegó hasta allí. Una de las principales hipótesis sostiene que podría tratarse de agua procedente de antiguos glaciares, mientras que otra plantea que el depósito mantiene algún vínculo con sistemas de aguas subterráneas ubicados bajo el territorio continental.
El misterio que todavía deben resolver los científicos
Durante los próximos meses se analizarán cerca de 50.000 litros de muestras para establecer la antigüedad, composición química y características del agua. Uno de los objetivos centrales será determinar si puede ser utilizada para consumo humano o si podría tener otros usos estratégicos.
El descubrimiento también genera expectativas por el avance de la crisis hídrica global, pero aprovechar esta reserva no sería sencillo. La extracción demandaría grandes inversiones y estudios ambientales, mientras que el hecho de encontrarse bajo el océano plantea además un complejo interrogante sobre quién podría controlar un recurso situado en aguas internacionales.




