El choclo es uno de los alimentos más queridos de la mesa argentina, pero hay un error muy común que cometemos casi todos sin saberlo: hervirlo en agua. Aunque es el método más extendido y el que aprendimos de generación en generación, sumergirlo en una olla con agua hirviendo le hace un daño silencioso a su valor nutricional.

Las vitaminas hidrosolubles, como la tiamina y el folato, simplemente se disuelven en el líquido y terminan por el desagüe junto con el agua sobrante. Lo que queda en el plato sigue siendo rico, claro, pero ya no es todo lo que podría ser.

Y es que el choclo tiene mucho para dar. Es fuente de carbohidratos de lenta absorción que sostienen la energía durante el día, aporta fibra que mejora el tránsito intestinal y genera saciedad por más tiempo, y contiene minerales como el magnesio y el potasio. Pero quizás su nutriente más valioso sean la luteína y la zeaxantina, dos carotenoides antioxidantes que protegen la salud ocular y ayudan a prevenir enfermedades como la degeneración macular.

Perder una parte de todo esto por una mala técnica de cocción no tiene mucho sentido cuando hay alternativas igual de sencillas.

La opción más recomendada por los especialistas en nutrición es la cocción al vapor. Al no entrar en contacto directo con el agua, el maíz conserva la totalidad de sus propiedades y mantiene un color amarillo más vibrante.

Basta con una olla con poca agua y una canastilla o colador de metal que eleve el choclo por encima del líquido. Con la tapa puesta y entre 8 y 12 minutos de cocción, el resultado es un grano tierno, jugoso y nutricionalmente completo. Es un cambio mínimo en la rutina con un impacto real en lo que terminamos comiendo.

La parrilla es otra alternativa excelente, especialmente en esta época del año. El calor seco carameliza los azúcares naturales del grano y le da un sabor más profundo y dulce. Se puede asar con o sin las hojas: si se deja con la chala, conviene remojarla en agua unos 30 minutos antes para que no se queme, y el resultado es un choclo con un toque ahumado que potencia cada mordida. El tiempo en la parrilla a fuego medio ronda los 15 a 20 minutos, dándolo vuelta cada tanto para que se cocine de manera pareja.

El horno también funciona muy bien y es ideal cuando no se tiene vaporera ni parrilla disponible. La técnica consiste en cocinar el choclo dentro de su propia hoja, que actúa como una cámara de vapor natural: retiene la humedad, protege los nutrientes y concentra los aromas en el interior. El resultado es una mazorca más sabrosa y con todo su perfil nutricional intacto.

Para quienes no tienen más remedio que hervirlo, la clave está en no exceder los diez minutos en agua ya hirviendo, reduciendo así el tiempo de exposición y la consiguiente pérdida de vitaminas.

En definitiva, cocinar bien el choclo no requiere técnicas complicadas ni equipos especiales. Solo hace falta saber que el agua hirviendo no es la única opción y que, de hecho, no es la mejor. Vapor, horno u horno a la parrilla son métodos que cualquiera puede incorporar sin esfuerzo y que hacen una diferencia real en lo que el cuerpo termina aprovechando. Un pequeño cambio de hábito que, a la larga, suma mucho.