Kevin Warsh rechazó los reclamos de Donald Trump de mantener bajo el costo del crédito, mientras el elegido del presidente para conducir la Reserva Federal la llevó a la primera suba de tasas desde 2023 a menos de cuatro meses de haber asumido el cargo.
El titular del banco central ofreció el miércoles la evidencia más contundente hasta ahora de que está dispuesto a hacer caso omiso a Trump, cuando logró que los 12 miembros con voto del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) respaldaran una suba de un cuarto de punto en la tasa de interés.
“El hecho es que la inflación es demasiado alta y lo ha sido por demasiado tiempo”, dijo Warsh, quien repitió ante los periodistas que le resultaría “difícil” describir a las tasas de interés actuales como lo suficientemente altas como para frenar la economía.
La señal de Warsh a Wall Street —apenas semanas antes de las cruciales elecciones de medio término— de que está dispuesto a tomar nuevas medidas para contener la inflación que recorre la economía estadounidense contrasta marcadamente con la lectura que tenía el presidente al elegirlo, de que se trataba de un titular de la Fed que “sin dudas quiere bajar las tasas”.
El dólar se fortaleció cerca de un 0,7% frente a una canasta de sus principales socios comerciales desde la decisión de la Fed, mientras que la deuda de EE.UU. de corto plazo se vendió: los rendimientos de las notas del Tesoro estadounidense a dos años subieron 0,07 puntos porcentuales el miércoles, hasta el 4,74%. El jueves cayeron levemente, al 4,71%.
Los rendimientos de los bonos del Tesoro a 30 años cayeron levemente desde la decisión y ahora cotizan en torno al 5,35%.
Warsh no es el único que se mostró como un combatiente de la inflación: una docena de funcionarios de la Fed que aportan proyecciones económicas como parte de sus reuniones pronostican otra suba de un cuarto de punto este año, mientras que cuatro anticipan dos subas más. Solo dos esperan que el banco central mantenga las tasas sin cambios durante todo 2026.
Si bien los economistas creen que el titular de la Fed no incluyó una proyección propia en el gráfico anonimizado de pronósticos (el llamado “dot plot”), “nuestra evaluación es que el presidente Warsh es la persona más hawkish del FOMC, o al menos está empatado en ese ranking”, dijo Robert Sockin, economista jefe para EE.UU. de PGIM.
Trump no tardó en salir a cuestionar a la Fed el miércoles, al afirmar en su plataforma Truth Social que “las tasas de interés en Estados Unidos deberían ser del 1%, o menos, porque somos el Mejor Crédito del Mundo — POR LEJOS”.
Trump dijo más tarde que confiaba en Warsh, con quien mantiene una relación personal de larga data, y trasladó la responsabilidad al directorio de la Fed, que incluye al expresidente Jay Powell, a quien el presidente había calificado anteriormente de “idiota” por no bajar las tasas. También incluye a la gobernadora Lisa Cook, a quien Trump intentó destituir antes de que la Corte Suprema se lo impidiera.
“Le dije a Kevin, le dije, bien podés votar con el directorio porque total no va a cambiar nada. El directorio es muy hostil”, declaró Trump ante la prensa.
La aparente concesión de Trump de que no puede doblegarle el brazo a la Fed llega en momentos en que sus aranceles y el conflicto en Medio Oriente conspiraron para agravar una crisis de encarecimiento que él mismo calificó de “engaño”.
“Hay mucha evidencia muy clara de que las políticas de la Casa Blanca —los aranceles y el conflicto en Medio Oriente— empujaron la inflación hacia arriba”, dijo Claudia Sahm, ex funcionaria de la Fed que hoy es economista jefe de New Century Advisors.
Desde la nominación de Warsh en enero, el gran motor de la inflación fue el aumento en los precios de la nafta y el gasoil, un incremento que le costó a los hogares estadounidenses u$s 108.000 millones adicionales desde el estallido de la guerra del presidente con Irán, según un relevamiento de la Universidad de Brown.
El índice de precios PCE, el preferido de la Fed, corre al 3,7%, casi el doble de su meta del 2%, mientras la industria estadounidense enfrenta subas de dos dígitos en sus costos de insumos.
“Los aranceles de Trump y la guerra en Irán están empujando los precios al alza”, dijo Jeff Colgan, profesor de la Universidad de Brown. “En gran medida, la inflación que combate la Fed es un problema que el propio presidente Trump generó”.
Colgan agregó que sería un error político que el presidente respondiera con nuevos ataques contra la Fed, ya que eso llamaría la atención sobre su falta de influencia sobre el banco central. “[Él] solo puede empeorar la situación para sí mismo quejándose de la decisión de la Fed, porque eso demuestra que la gente puede plantarse frente a él, y alienta a otros a hacer lo mismo”.
Kush Desai, vocero de Trump en temas económicos, calificó la medida de la Fed como “lamentable” y aseguró que “va a castigar a las empresas que están intentando expandirse y crecer”.
“En la medida en que todavía tenemos inflación, como señalaron el presidente y otros, es enteramente producto de un shock en la oferta de energía, por lo que está pasando con el precio del petróleo en Medio Oriente”, declaró Desai a Fox News.
Si bien una nueva suba de tasas en la próxima votación de la Fed —prevista para fines de octubre, días antes de las elecciones de medio término— es vista por algunos como poco probable, los mercados descuentan al menos una suba más antes de fin de año.

Los rendimientos de corto plazo del Tesoro de EE.UU., que reflejan las expectativas de política monetaria, subieron marcadamente en respuesta a la decisión del miércoles, ya que los operadores interpretaron las declaraciones de Warsh como hawkish.
Antes de la votación del miércoles, Warsh estaba bajo presión para aplacar a los inversores, que perdían paciencia con la tolerancia del banco central de EE.UU. a la inflación alta y planteaban dudas sobre la independencia del nuevo titular respecto de la Casa Blanca.
Después de que Warsh no lograra convencer a los inversores, tras la reunión de julio, de que estaba dispuesto a hacer lo necesario para frenar el crecimiento de los precios, los rendimientos de los bonos del Tesoro a 30 años treparon a su nivel más alto desde 2007. Los inversores del mercado de bonos del Tesoro, de u$s 32 billones, atribuyeron ese movimiento en parte a las dudas sobre la credibilidad de Warsh.
Pero muchos dijeron que la suba del miércoles ayudó a disipar esas preocupaciones.
“La credibilidad de la Fed ya está en juego porque llevamos más de cinco años de inflación alta —el episodio inflacionario más largo desde fines de los años 70 y principios de los 80— y eso se fue acumulando”, dijo Diane Swonk, economista jefe de KPMG US. “Nadie necesariamente quiere estar al mando en un momento tan decisivo, pero Kevin Warsh está ahí. Y cumplió con su trabajo”.
Cuando le preguntaron temprano en el día sobre la probable reacción del presidente ante la decisión, Warsh solo esbozó una sonrisa irónica.
“Lo que al presidente le gusta o no es su prerrogativa”, dijo Joe LaVorgna, ex consejero económico del secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, y hoy economista jefe para las Américas de SMBC Nikko Securities. “Pero sus opiniones no van a persuadir al comité si son inconsistentes con los fundamentos”.



