

Si bien el Gobierno logró capitalizar victorias contundentes en la pelea contra la inflación y el ordenamiento de las cuentas públicas, la reactivación de la economía real todavía se presenta como una asignatura pendiente.
El programa oficial avanza y los números cierran en la hoja de cálculo del equipo económico, pero el repunte de la actividad aún no muestra la solidez ni la homogeneidad necesaria para hablar de un ciclo de crecimiento consolidado que se perciba en la calle.
Según el economista Miguel Kiguel, la variable central que definirá el despegue definitivo de la actividad en este tercer año de gestión libertaria no pasa por el repunte inmediato del consumo masivo, sino por la recuperación del crédito al sector privado.
Este motor de financiamiento, fundamentalmente apalancado por los bancos, es la pieza que el mercado sigue de cerca para confirmar si el plan económico finalmente logrará derramar sobre la economía real.
El diagnóstico del titular de Econviews puso el foco en la dinámica de las tasas de interés. Kiguel recordó que los préstamos traccionaron con fuerza durante 2024 y empujaron la incipiente recuperación de aquel momento. Sin embargo, advirtió que esa tendencia se interrumpió a mediados del año pasado, cuando la necesidad del Gobierno de defender el tipo de cambio obligó a convalidar un encarecimiento del costo del dinero.
En este contexto, el economista proyecta que el año en curso debe ser “el de la consolidación” del programa trazado por el Ejecutivo, luego de dos primeros años marcados por un profundo ajuste tanto en el frente fiscal como en el monetario.

Como contrapartida a ese esfuerzo, Kiguel destacó el que considera el principal activo de la gestión actual y la base del programa: el fuerte desplome de la inflación. La desaceleración del índice de precios se dio a una velocidad y con una magnitud que superó las expectativas iniciales de la mayoría de los actores del mercado y de los analistas, configurando un marco macroeconómico que califica como decididamente positivo.
No obstante, la radiografía del entramado productivo muestra hoy una economía con dos realidades: “Hay sectores muy pujantes y otros que siguen sufriendo, y el consumo masivo no repuntó y sigue bastante estancado, sin señales de que levante en los meses que viene, así que podemos decir que aún quedan desafíos dentro de un marco positivo”, apuntó Kiguel.
Ante esa disparidad, el experto remarcó que los procesos de creación y destrucción de la economía “nunca son simétricos” y que algunos sectores operan bajo sus propios plazos.
“En minería, por ejemplo, desde que se lanza el proyecto de una mina hasta que entra en operación son 4 o 5 años, los frutos de todo eso lleva tiempo”, advirtió.
En el plano cambiario, el escenario para los próximos meses asoma mucho más despejado y previsible. Kiguel anticipa un dólar tranquilo, producto de un mercado que ya dejó atrás los temores a un eventual regreso del populismo, lo que definió coloquialmente como el “fenómeno kuka”.
“Fue totalmente normal lo que pasó en 2025, la demanda que tuviste con la gente saliendo a protegerse comprando dólares. Pero esa preocupación ya no debería estar, va haber más previsibilidad, y eso va a provocar que el BCRA pueda tener tasas más bajas, más demanda de pesos y más crédito”, finalizó.




