El tributarista César Litvin no esquivó la pregunta que, según reconoció, le repiten sin excepción quienes lo consultan sobre la ley de Inocencia Fiscal: qué pasa si el Gobierno no reelige. La respuesta a ese interrogante, según el especialista, explica en gran parte por qué el impacto de la medida sigue siendo acotado.

“El exitoso blanqueo de Macri (Mauricio) exteriorizó u$s 116.700 millones, un récord a nivel mundial, pero cuando cambió el Gobierno todos los impuestos patrimoniales que castigaban a los que blanquearon llegaron a niveles exorbitantes. Después vino el impuesto a la riqueza, y eso hizo que mucha gente de fortuna se fuera a vivir a Uruguay”, señaló el CEO del estudio LL&A en diálogo con Ahora Play.

Para Litvin, ese historial es el principal obstáculo del régimen: “Este tipo de medidas, de cuasi blanqueo, como la inocencia fiscal, tienen que tener un factor esencial que es la confianza, y el ruido político no ayuda a la confianza”.

A pesar de esa sombra, el especialista fue enfático en calificar el régimen en términos técnicos: “Es bueno, hasta demasiado generoso si me preguntás, porque como esto se puede renovar año a año, parece un blanqueo permanente”.

En los hechos, el programa permite declarar dinero no exteriorizado sin consecuencia fiscal, sin costo, y otorga indemnidad por cualquier irregularidad cometida en los años no prescriptos. Litvin explicó que entre las alternativas que se evaluaron estaba prorrogar el blanqueo que aún estaba vigente cuando se lanzó la primera etapa del esquema, pero el Ejecutivo optó por esta herramienta de carácter estructural.

En cuanto al volumen potencial, citó estimaciones del propio Gobierno: “Se habla de u$s 170.000 millones que podrían ingresar, pero en los blanqueos nadie quiere dar el primer paso, y acá está pasando lo mismo”.

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Uno de los nudos del programa, según Litvin, es el conflicto entre el compliance bancario y las normas de la Unidad de Información Financiera (UIF). “Hubo un comunicado muy oportuno del BCRA y de la UIF, con fecha 16 de febrero, que le dice a los bancos que no hagan ni pidan cosas por demás de lo que la ley exige”, destacó en diálogo con Ahora Play, como un intento de descomprimir las fricciones que frenaban el ingreso de fondos.

Pero advirtió que el problema de fondo no es operativo sino de diseño: el régimen simplificado de ganancias, condición necesaria para poder usar los dólares del colchón sin consecuencias fiscales, excluye a varios de los perfiles que más volumen podrían aportar.

“El monotributista que se quiere quedar así, esto no es para él. Lo mismo pasa para los grandes contribuyentes nacionales y los que superan los montos establecidos, y esos son quizás los que más podrían mover el amperímetro. Por eso no hay tanta gente todavía ingresando”, sentenció.

Ante quienes dudan pese a confiar en el Gobierno, Litvin apeló a un argumento pragmático: “Yo le preguntaría al que tiene los dólares en el colchón qué les está rindiendo tenerlos así hace varios años, porque están perdiendo plata”.

Y reconoció los límites de su propio análisis: “El tema de la confianza es muy subjetivo, yo no me puedo meter en el análisis psicológico de cada uno, pero desde el punto de vista objetivo no les conviene tener los dólares guardados”.

Sobre el escenario que más inquieta a sus clientes —un eventual gobierno de corte populista que modifique las reglas del juego—, Litvin trazó una distinción clave. “Pensando en la consecuencia hacia atrás, no les puede pasar nada”, dijo respecto del bloqueo fiscal sobre períodos anteriores, que consideró un derecho adquirido difícil de revertir.

Pero abrió una advertencia sobre el futuro: “Le pueden aumentar los impuestos sobre los patrimonios que tienen declarado, como Bienes Personales”. En síntesis, el régimen protege lo pasado pero no blindaría al contribuyente de una eventual suba de la presión tributaria sobre su patrimonio ya exteriorizado, el mismo riesgo que, después del blanqueo de 2016, terminó empujando capitales y personas al otro lado del Río de la Plata.