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La reforma laboral y, en particular, el Régimen de Incentivos a la Formalización Laboral (RIFL), que buscaba reducir los costos de contratación mediante una baja transitoria de más del 85% en las contribuciones patronales, no fueron suficientes para revertir la tendencia que venía observándose en el mercado de trabajo.
Así lo señaló la consultora LCG y lo verifican los indicadores de las últimas semanas. La informalidad laboral creció un punto porcentual interanual en el segundo trimestre y alcanzó al 45% de los argentinos, según el último informe de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que publicó el INDEC.
Según LCG, las medidas que impulsó la reforma laboral “no parecen estar siendo suficientes para compensar el impacto de la menor actividad” en sectores intensivos en mano de obra, como la industria, el comercio y la construcción.
Marcos Arazi, economista del IERAL de la Fundación Mediterránea, matiza esta afirmación al asumir que los principales efectos de la reforma son de carácter estructural: “Modifican las reglas de juego, reducen incertidumbres y mejoran el funcionamiento de las relaciones laborales. Requieren tiempo para ser asimilados por empresas y trabajadores, y probablemente sus efectos más importantes sobre la creación de empleo se vean recién en los próximos años”.
Sin embargo, consideró que en un contexto de una economía que crece a dos velocidades “hay menos oportunidades para aprovechar los beneficios de la reforma: una empresa que no está creciendo o que está tratando de sostener su nivel de actividad difícilmente responda a una mejora en las condiciones de contratación incorporando trabajadores”.
“La reforma puede facilitar la contratación si aparece la demanda, pero no va a generar por sí sola esa demanda”, explicó en diálogo con El Cronista.
Asimismo, Arazi señaló que, si bien la reforma laboral “mejora las condiciones para contratar”, no reduce de manera general la carga tributaria que pesa sobre el trabajo formal. “Esto es especialmente relevante para sectores que enfrentan problemas de actividad, costos y competitividad y que necesitan reconfigurarse”, precisó.

Por sectores
Según el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), en junio se registraron 15.583 puestos formales menos que en mayo (-0,1% mensual) y 116.866 menos que en el mismo mes de 2025 (-0,9% interanual).
En total, en junio de 2026 se contabilizaron 12.773.395 trabajadores registrados, frente a los 12.890.261 del mismo mes del año anterior.
“Durante los primeros meses de 2025 el empleo permaneció prácticamente sin variaciones. Sin embargo, a partir de junio de ese año retomó una trayectoria descendente, tendencia que continuó durante el primer trimestre de 2026 con una intensidad más moderada. Las caídas observadas en el segundo trimestre del año representan una continuidad del proceso de destrucción del empleo asalariado privado”, sintetizó la Secretaría de Trabajo.
El empleo privado fue la principal causa de la caída en junio: registró una contracción de 6261 puestos frente al mes anterior. Además, la destrucción de empleo asalariado en el sector privado acumula 13 meses consecutivos y, en el último año, se perdieron 121.000 empleos (-1,9% interanual).
En ese período crecieron agricultura, ganadería, caza y silvicultura (1%), pesca (0,3%), suministro de electricidad, gas y agua (0,2%) y servicios comunitarios, sociales y personales (0,1%).
Por el contrario, las mayores caídas se dieron en industria (-4,5%), intermediación financiera (-4,1%), comercio y reparaciones (-3,1%), explotación de minas y canteras (-2,6%) y transporte, almacenamiento y comunicaciones (-2%).
Según LCG, alrededor de 48.000 de los empleos asalariados privados perdidos en el último año correspondieron a la provincia de Buenos Aires, 23.000 a la Ciudad de Buenos Aires, 9000 a Córdoba y 7000 a Santa Fe. En contraste, las únicas provincias que registraron aumentos —San Juan, Neuquén y Río Negro— sumaron apenas 12.000 puestos.
“A nivel sectorial, 55.000 de los puestos perdidos correspondieron a la industria y 41.000 al comercio”, indicaron. En esa misma línea, la consultora Invecq consideró que, sin una recuperación más generalizada, “difícilmente se vean mejoras sustantivas del empleo privado formal”, especialmente en los sectores más ligados al mercado interno.

De todos modos, la caída del empleo privado formal no explica por sí sola toda la evolución del empleo registrado. Los datos del SIPA también dan cuenta de una reducción del empleo público, que perdió 5127 puestos frente a mayo (-0,2%) y 30.000 respecto de junio de 2025 (-0,9%).
En contraste, otros componentes del empleo registrado mostraron incrementos. En junio había 2.206.800 monotributistas, 4360 puestos más que el mes anterior (+0,2%) y más de 40.000 que en junio de 2025 (+1,9%).
A su vez, otras categorías también mostraron subas en la comparación interanual: el monotributo social pasó de 226.500 a 227.300 personas (+0,3%), mientras que los trabajadores de casas particulares sumaron 3500 nuevas altas hasta alcanzar las 442.900 (+0,8%).






