
Se atribuye al científico italiano Galileo Galilei la famosa frase “y, sin embargo, se mueve” (eppur si muove), supuestamente pronunciada en 1633 tras ser obligado por la Inquisición romana a retractarse de su teoría heliocéntrica.
Pues algo parecido podríamos decir hoy con relación al comercio internacional en el planeta.
La reciente guerra en el Golfo Pérsico ha añadido un eslabón más a una serie de acontecimientos que han generado obstáculos al comercio suprafronterizo en los últimos años: acciones restrictivas basadas en la geopolítica, movimientos militares, acciones terroristas, reacciones de países ante sospechas de trato desleal, discriminaciones entre mercados, fraccionamiento del comercio global, excesos en regulaciones de diversos mercados, sanciones económicas, reacciones ante el cambio climático; mucho acaece desde hace años como obstáculo para el comercio internacional.
Todo ello lleva a un escenario planetario menos favorable para el desarrollo de negocios internacionales.
Pero, a decir verdad, mientras ello ocurre las grandes empresas internacionales parecen estar desarrollando una capacidad de reacción y una resiliencia que les permite mantener los niveles de transacciones entre países (al menos hasta ahora). Hay una dicotomía exhibida hasta hoy: agenda pública restrictiva y acciones privadas dinámicas.
Una manifestación de ello es un informe que hace algunas semanas emitió la UNCTAD (Oficina de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo), expresando que el comercio mundial (bienes y servicios) entre todos los países del planeta -según sus estimaciones más recientes- ha superado en 2025 los u$s 35 billones por primera vez en la historia; lo que es efecto de un aumento de unos u$s 2,2 billones y alrededor del 7%, en comparación con 2024. Asistimos, paradójicamente, a un récord. Más aun, en un reporte más reciente señala la UNCTAD que la tendencia positiva continuó en el primer trimestre de 2026 cuando el comercio internacional de bienes ha crecido 2,5% y el de servicios 2%.

Efectivamente, está ocurriendo algo diferente: ante algunas políticas restrictivas en ciertos países, los flujos totales de negocios de todas maneras aumentan en el planeta.
Lo que en el mundo está ocurriendo es explicado en varias razones: en primer lugar, en el crecimiento de 2025 el gran motor estuvo en el comercio entre economías en desarrollo –conocido como comercio Sur-Sur–, que se expandió alrededor del 8% (según el reporte de la citada entidad de fin de año), mostrando una creciente resiliencia en las regiones en desarrollo (que han estado menos afectadas por problemas como la “guerra arancelaria”). Se observan, al respecto, casos destacados como el alza de las exportaciones de Asia Oriental, que registraron el mayor crecimiento en los últimos cuatro trimestres (9%), con una suba del comercio intrarregional del 10% (mientras, el comercio en América del Norte y en Europa ha evolucionado menos intensamente).
Pero, adicionalmente, debe señalarse que está desarrollándose una notable revolución tecnológica que se consolida a partir de un mundo con super-conexiones que ya no pueden evitar la supranacionalidad. Así, la electrónica lideró el crecimiento de los intercambios de manufacturas en 2025 con un alza del 14% durante el período, impulsada por una fuerte demanda relacionada con la inteligencia artificial. Y ello se relaciona con el hecho de que la revolución tecnológica está compuesta crecientemente por servicios (cuyo comercio internacional creció en 2025 un 9% y hace tiempo que crece con más fuerza que el comercio de bienes).
Vinculado con esto ocurre que las empresas mundiales han adquirido una fortaleza extraordinaria, que les permite (hasta ahora) ejercer resiliencia ante las mayores dificultades en el entorno. Las empresas mundiales pueden acomodarse a las restricciones a partir del rediseño de sus cadenas de valor (vía sustitución de proveedores complicados por otros menos afectados, en lo que se conoce como “friendshoring” -que está creciendo sostenidamente, a diferencia del “nearshoring” que no resulta tan fortalecido-). Esto está generando una concentración del comercio internacional: se comercia más entre países alineados y menos entre países enfrentados, avanzando la discriminación en el trato de algunos mercados en relación con otros (se favorece el vínculo con algunos, se obstruye el vínculo con otros).
La redefinición de cadenas de valor no es solo geográfica (para adaptarse a las restricciones impuestas por algunos mercados), lo que ha llevado a deslocalizaciones, tercerizaciones y cambios de proveedores. Un hecho significativo ante las triangulaciones, redefiniciones de cadenas de valor y tercerizaciones es el auge de los “países conectores”: economías como Vietnam, México y Brasil actuaron como puentes; y aunque el comercio directo China-EE.UU. cayó, el flujo global (según la fuente citada) se mantuvo porque los productos chinos fueron reensamblados o transbordados a través de estos aliados para ingresar al mercado estadounidense.
En un momento en el que Argentina pretende reinsertarse en el planeta (y en 2026 alcanzará el récord histórico de exportaciones), un mundo más complejo pero que “sin embargo se mueve” es una oportunidad que, aunque con mayor complejidad, debe llevar a no abandonar movimientos promocionales del comercio internacional.






