Semanas atrás le tocó a Paolo Roca, en estas horas a Javier Madanes Quintanilla, principal accionista del grupo Fate-Aluar. Así se renueva para el gobierno y sus voceros el “villano invitado” de la semana, como en la serie de Batman, a fines de los 60s.
Foco puesto ahora para el canciller Pablo Quirno, que, en el marco del nuevo acuerdo comercial con EE.UU., debe reclamar la baja de cupos a favor de las exportaciones argentinas de acero y aluminio, justamente las de Techint y Aluar.
Se actualizó una práctica kirchnerista que se suponía superada, y así ahora los industriales afectados por la competencia contra China se han convertido, según el relato oficial, en los nuevos responsables de buena parte de los males económicos que golpean a los argentinos hace décadas.
En verdad, la furia oficial por el anuncio de cierre de FATE parece más ligada al impacto que la noticia tiene sobre las objeciones al plan económico que a los motivos que dejó trascender el Gobierno. Es obvio que una determinación como la de cerrar una empresa pagando todas las obligaciones resulta una decisión que debe ser planificada con mucha anticipación.

Sobre todo si además se enfrenta dentro de la fábrica a una comisión interna de extrema izquierda como es el caso. Es poco creíble suponer el relato en que coincidían el Gobierno con el Partido Obrero: que Madanes estaba en una conspiración para afectar al Gobierno cerrando FATE justo en medio de la aprobación de la reforma laboral y con el paro general anunciado 48 hs antes.
Es curioso que en teoría a la empresa le hubiera convenido esperar a que estuviera en vigencia la nueva reforma laboral para realizar los despidos y pagar las indemnizaciones, supuestamente con menos adicionales según la nueva norma.
No parece que vaya a ser el caso, pero ahora, como intervino el Gobierno y dictó una extraña conciliación obligatoria que retrotrae los despidos, la parte empresaria podría en el futuro recalcular para abajo las retribuciones con el argumento de que las desvinculaciones son ya con la nueva normativa. Todo un disparate.
La realidad del problema es que el cierre de FATE, que se sabe no es ni será el único, reaviva el fuego del debate sobre el plan económico y sus consecuencias políticas mirando las chances de reelección de Javier Milei en 2027.
Ocurre mientras hay un consolidado veranito financiero, se siguen anunciando inversiones millonarias en minería e hidrocarburos, y el Gobierno disfruta de un cómodo liderazgo político con la oposición casi grogui; la inflación está más cerca de 3% que de 2% mensual, los ingresos corren detrás de los precios y las importaciones libres desde China con un atraso cambiario que se profundiza golpean más a la producción local y al empleo.
El plan del equipo económico con el dólar por debajo de 1400 pesos y tasas para el crédito que cuadruplican la inflación no ha logrado contener del todo los precios. No frenan las subas en alimentos, carne, tarifas y servicios.
Se profundiza el dólar barato que combinado con ingreso libre y sin límite de las importaciones desde China liquidan a la industria local, sobre todo pequeñas y medianas. Con el consumo masivo que no crece y la inflación que no cede, entre economistas comienza a escucharse la palabra estanflación.
El Gobierno no parece dispuesto a ceder, y es cierto que la solución no puede ser que los consumidores argentinos deban pagar dos o tres veces más caras las cosas en el país para sostener empresas que no logren competir. Cerrar las importaciones al 100% como fue con el cepo en la era K, en el caso de los neumáticos terminó en el éxodo de los argentinos cambiando cubiertas en Chile, Brasil, Paraguay y Uruguay.
Con fuerte desabastecimiento en el mercado local porque no había dólares para importar ni neumáticos terminados, tampoco insumos para producirlos en el país. De allí que los precios internos volaran. Pero también hay que entender que China no es un competidor leal en condiciones del libre mercado como las entiende Occidente.
Y todos los países, ni hablar EE.UU., ponen límite al ingreso de algunas importaciones chinas. En la Argentina cuotifica el ingreso de autos provenientes del gigante asiático.
Un dato político para tener en cuenta en el caso de FATE fue el nulo interés del Gobierno por intervenir para buscar una solución menos traumática. Se puede comprender el fanatismo en la tribuna o en declaraciones a la prensa, pero a la hora de gobernar hay caminos que se podrían haber explorado, sin que significara sacrificar los principales lineamientos políticos y económicos de la Casa Rosada.
Está claro que no hubo ni vocación ni interés, más bien dogmas ideológicos, quien sabe revanchas y resentimientos del pasado. En cualquier caso caben algunas preguntas: ¿Estaba avisado el Presidente del cierre de FATE? ¿Lo sabía el ministro de Economía o el encargado de Industria?
La tirria de Javier Milei y sus colaboradores económicos contra los industriales locales no es novedad. Tampoco un sentimiento exclusivo del actual Presidente. Mauricio Macri jamás recibió a la Unión Industrial cuando fue jefe de Estado.
Luis Caputo, Federico Sturzenegger y todo el área económica oficial se ha formado en la ortodoxia y el mundo financiero, donde las críticas y los prejuicios contra la producción nacional llevan siglos de debate.
Aún antes del cierre de FATE, el titular del palacio de Hacienda se quejó porque “ninguna cámara” empresaria festejó la supuesta rebaja de aportes patronales que en algunos casos permitiría la reforma laboral para las pymes.
En general los especialistas han destacado algunos avances importantes logrados con la reforma, pero se coincide en que los costos laborales siguen prácticamente igual, al punto que se mantuvieron los privilegios para cámaras empresarias y gremios a la hora de recaudar del bolsillo de los afiliados compulsivos.
Hoy las pymes tienen poco para festejar en medio de la inflación que no cede, las tasas impagables, el atraso cambiario y la avalancha de importaciones chinas.
Lo relevante es si la economía empieza a reactivarse. Un dato es que no aparece por ahora la tan mentada remonetización de la economía con aumento de la demanda de pesos. Los profesionales del dinero venden cada vez más dólares al BCRA que emite y les entrega pesos.
Pero esos pesos por ahora terminan en las licitaciones del Tesoro alimentando la renovada fiesta del carry trade. La cantidad de dinero circulando no aumenta demasiado en enero y febrero y de allí que el consumo no repunta en forma significativa.
Tratar de bajar la inflación a un dígito anual con dólar planchado, tasas positivas y apertura libre a China tiene su precio. Golpea intereses, genuinos y de los otros. Es importante volver a definir que habrá de valorar el padrón electoral dentro de un año y medio mirando el futuro político. De momento, se observa un camino despejado para el oficialismo.
El Presidente corre con una gran ventaja: enfrente los candidatos a la vista siguen radicalizados y no lucen muy competitivos. No aparecen opciones razonables y atractivas, el Partido Productivista de los conurbanos con el que sueñan algunos.
La oposición dura presenta mensajes e imágenes lastimosos, en tanto que el Gobierno, con el apoyo del peronismo no K, más que aprobó el test de gobernabilidad en el Congreso. Récord de leyes importantes aprobadas y capacidad de juntar mayorías contundentes en ambas cámaras.
Luego de la reforma laboral y la nueva ley penal juvenil, la agenda sigue con Ley de Glaciares. Reforma Electoral para eliminar las PASO, y reforma del Código Penal. ¿La Reforma Impositiva que se había prometido para nivelar la cancha contra las importaciones? ¡A seguir participando!











