Miles de personas hormiguean por los laberínticos pasillos de los stands de La Rural. La Expo Transporte 2026 testimonia una nueva realidad. Al fondo, detrás de los grandes y lustrosos camiones, hay un espacio que, en realidad, son varios: pegado uno al lado del otro, hay autopartistas, empresas de productos tecnológicos y de herramentales de distintos tamaños y función. “Pabellón Chino”, dice el cartel que los agrupa, con colores y estrella de la República Popular.

Junto a los protagonistas históricos, las marcas que le dieron su nombre al negocio de los vehículos comerciales, resplandecen nuevas marquesinas. Ya hay un puñado de automotrices de origen chino que desplegaron sobre la alfombra del principal predio ferial de la Argentina sus productos. Desde camionetas, furgones y utilitarios chicos y medianos, a camiones e, incluso, buses. De ellas, dos están haciendo, directamente, su debut, su presentación en sociedad.

En un mercado automotor declinante -los patentamientos de 0 km cayeron 13% en siete meses-, las marcas importadas, en especial, las chinas, avanzan. Ya alcanzaron una participación cercana al 10% de las ventas, con una oferta de productos cada vez más creciente y variada.

Nuevas escuderías se siguen sumando a esa carrera. Alguna, incluso, de la mano de una automotriz convencional. Y otras terminales históricas, también, pisan el acelerador con productos que, si bien llevan su logo, son importados del gigante asiático.

BYD, el mayor fabricante de vehículos eléctricos del planeta, llegó a la Argentina en octubre y, pasada más de la mitad de 2027, ya está entre las 10 automotrices que más autos venden en el país.

Multiplicará su volumen el año próximo, cuando empiece a recibir producción de Brasil. También aterrizaría su división de vehículos comerciales. Será, en ese caso, otro jugador en un segmento clave, termómetro de la actividad económica e industrial, y que, en estos días, muestra que, mientras la Argentina debate sus problemas, los chinos siguen marchando.