Según las Naciones Unidas, en el acuciante problema de las personas que se ven obligadas a retirarse de sus hogares (“desplazados forzosos”), deben distinguirse dos categorías: “refugiados” y “desplazados internos”. Los primeros son aquellos que al trasladarse cruzan una frontera internacional, mientras que los segundos también huyen de su residencia habitual pero permanecen dentro del territorio de su país.
Según datos de ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados), a junio del 2025 el total de personas desplazadas forzadamente había alcanzado un total record de 120 millones; de los cuales 45 eran “refugiados” y el resto (75 millones) “desplazados internos”. Los motivos de estos movimientos migratorios son fundamentalmente: guerras, persecución política y/o religiosa, conflictos étnicos, violaciones de derechos humanos y/o graves situaciones climáticas.
Más allá de la impresionante cantidad de personas afectadas por este dramático problema, es necesario destacar que su condición de vida -en general hacinados en campamentos con asistencia sanitaria y alimentaria mínima- es infrahumana, sufriendo enfermedades y niveles de pobreza e indigencia alarmantes. En efecto, en general la mayoría de esta sufrida población reúne las siguientes características:
- Hacinamiento en paupérrimas viviendas
- Niveles insuficientes de alimentación
- Elevados grados de desnutrición y de mortalidad infantil
- Grave deterioro de la salud física y mental
- Insuficiente personal y equipos sanitarios; sumado a una recurrente falta de medicamentos
- Vulnerabilidad a enfermedades contagiosas y rápida propagación de las mismas
- Muy baja productividad en los adultos
- Grave insuficiencia de agua potable, electricidad y energía
- Falta de un adecuado de nivel de educación
- Alto grado de analfabetismo
Una breve referencia de este drama humano exige un análisis tanto de los países que originan esta marea de famélicos marginales, como así también de las naciones que los albergan “temporariamente”.

Para entender la gravedad cuantitativa del problema, basta mencionar que la cantidad de desplazados forzosos se incrementó de 70 millones en 2018 a 120 a mediados de 2025; es decir que, en el período considerado, se registró un aumento del 70%. Más grave aún, a la exacerbación de los conflictos geopolíticos ya existentes -que generan por si mismos cada vez mayor cantidad de desplazados forzosos - se le suman en forma continua nuevos conflictos que, a su vez, provocan incrementos significativos de esta población de marginales. El mejor ejemplo de lo anterior han sido las guerras de Gaza y de Ucrania, las cuales ya han provocado miles de desplazados forzosos.
En cuanto a los refugiados, los primeros 5 países que los originan abarcan un poco más de 80% del total de los mismos; a saber: Afganistán, Siria, Sudán, Ucrania y Venezuela. Respecto a los países que han recibido “temporariamente” el número mayor de refugiados, ellos son: Turquía, Pakistán, Uganda, Alemania, Irán, Líbano y Bangladesh.
Respecto a los desplazados internos, a fines de junio 2025 se estimaba su número en 75 millones; siendo Sudán el país con la mayor cantidad de dicha población marginal con, aproximadamente 10 millones de personas. Le siguen en orden de importancia: Haití, Colombia, República Democrática del Congo, Myanmar y Nigeria.
Este dramático escenario de desplazados internos y refugiados requiere financiamiento para atenuar la miseria de este ejército de marginales que, como ya se ha dicho, abarca nada menos que una población de 120 millones de personas. Por su parte, la ayuda humanitaria se estima que en 2024 alcanzó aproximadamente 20 mil millones de dólares anuales, monto claramente insuficiente para el financiamiento de la ayuda humanitaria necesaria. Mas grave aún, fuertes recortes de financiamiento producidos en 2025 podrían haber dejado 12 millones de personas sin la suficiente asistencia que necesitaban.
A este grave cuadro, debe agregarse el problema de cómo ir solucionándolo. A este respecto, las soluciones no son muchas: ubicación definitiva en los países receptores, reasentamiento en naciones que puedan albergar refugiados y brindarles razonables condiciones de vida fuera de campamentos y retorno de los desplazados internos a sus lugares de origen. Sin embargo, a la fecha, el 80% de los miembros de este ejército de marginales están permaneciendo no menos de 5 años en campamentos transitorios sin encontrar salida alguna a su increíble situación.
En síntesis, el drama de refugiados y desplazados no sólo alcanza la friolera de 120 millones de personas que viven hacinadas en condiciones infrahumanas sino que, además, su número no disminuye aumentando por la exacerbación de los conflictos geopolíticos existentes (la ONU los estima actualmente en no menos de 40) o por la aparición de nuevos enfrentamientos y/o serios problemas climáticos y de hambrunas. Más grave aún, al menos por ahora, no se avizora solución alguna. ¿No será el tiempo, entonces, que la comunidad global se una y encare en conjunto acciones que- al menos- atemperen el actual sufrimiento de este universo de marginales?
Un comentario final. De acuerdo a la información suministrada por SIPRI (Instituto Internacional de Investigación para la Paz en Estocolmo), en 2025 los gastos militares a nivel mundial habrían ascendido a 3 billones de dólares (millones de millones). Teniendo en cuenta este dato es increíble que no se pueda destinar un porcentaje de dichos gastos a ayuda humanitaria para los 120 millones del conjunto de desplazados forzosos hundidos en la miseria.

