El debate sobre las estadísticas del consumo privado difícilmente tenga un ganador, ya que no se trata de validar una opción sino de comprender qué parte de la foto tiene cada uno. Ni CAME representa todo lo que venden las pymes, ni Mercado Libre es el único canal de venta online de la Argentina, aunque sí el mayoritario.

En un país que todavía tiene más de un tercio de su economía en la informalidad, el comercio presencial tiene la posibilidad de captar una demanda que no se lleva bien con el mundo virtual. Se puede comprar en la web y pagar en efectivo, pero en la proporción global esos casos se vuelven limitados.

El comercio presencial mantiene un rol clave en el consumo argentino.
El comercio presencial mantiene un rol clave en el consumo argentino.ChatGPT

Lo que CAME ni nadie debe desconocer, es que cualquiera que fabrique algo o venda un bien importado u ofrezca un servicio, si tiene la chance de venderlo de manera “tradicional” y online, utilizará ambos formatos.

A la economía argentina le vendría bien generar un salto de calidad en las estadísticas que guían a la microeconomía, porque la información de calidad es un insumo vital en los procesos de toma de decisiones.

Mercado Libre tiene los datos y lo más probable es que los ponga a disposición de sus clientes de manera privada. Pero sería valioso que al menos una vez por año ofrezca una radiografía de información seleccionada, sobre los sectores que más usan su plataforma, cuántos son empresas y cuántos emprendedores, y todo aquello que aporte información sobre tendencias de consumo.

El mundo de las plataformas digitales mueve una porción cada vez más grande de bienes y servicios que no entran en los indicadores tradicionales. En ellos no figuran ni el uso de Uber, ni la compra de alimentos por Rappi o la venta de ropa o calzado por Instagram. Hay que decir que incluso a CAME le vendría bien profundizar su índice, para el que consulta a 900 comercios. Todo suma.