Hay debates tributarios que admiten matices, pero este difícilmente sea uno de ellos. Si se compara el IVA con el Impuesto sobre los Ingresos Brutos, las diferencias son evidentes y contundentes. Va un listado de las 10 principales razones que muestran las desventajas de mantener Ingresos Brutos.
1. Complejidad. El IVA se aplica con reglas homogéneas en todo el país. Ingresos Brutos no: cada una de las 24 jurisdicciones define sus propias alícuotas, exenciones, bases imponibles y procedimientos. Para una empresa que vende en varias provincias, algo cada vez más común en una economía atravesada por la tecnología, esto implica conocer y aplicar frondosas y heterogéneas normativas. La principal consecuencia es que se multiplica la carga administrativa y los riesgos jurídicos. También desde la perspectiva del Estado el IVA es un impuesto más simple de administrar y controlar que Ingreso Brutos. Frente a la prioridad de reducir la evasión no hay que perder de vista que es más fácil lograrlo con el IVA que con Ingresos Brutos.
2. Distribución del impuesto entre jurisdicciones. Mientras que al IVA lo distribuye entre las provincias diariamente el Banco Nación según los parámetros establecidos en el régimen de coparticipación, en Ingresos Brutos es el contribuyente el que debe repartir su base imponible entre las jurisdicciones en que opera, aplicando criterios muchas veces ambiguos. Frecuentemente hay interpretaciones disímiles y en esa instancia el contribuyente queda atrapado en una disputa entre provincias, aun habiendo pagado el impuesto y siendo ajeno a la controversia.
3. Agentes de percepción, retención y recaudación. A diferencia del IVA, la recaudación de Ingresos Brutos reposa de manera decisiva en los agentes, es decir contribuyentes que cobran el impuesto de otros contribuyentes por cuenta de las administraciones provinciales. Esto multiplica costos administrativos y riesgos operativos. Además, cada provincia define los regímenes con criterios propios, lo que introduce discrecionalidad y, en algunos casos, competencia desleal entre empresas del mismo sector.

4. Pagos anticipados. Mientras el IVA se paga mayormente al mes siguiente de su devengamiento, en Ingresos Brutos una parte muy significativa del impuesto se adelanta a través de las retenciones y percepciones que aplican los agentes. Esto genera costos financieros relevantes y, con frecuencia, la generación de saldos a favor que muchas veces resultan incobrables.
5. Transparencia. El IVA es claramente identificable en el precio de los bienes y servicios. Ingresos Brutos, en cambio, se va acumulando a lo largo de la cadena productiva y comercial, perdiendo trazabilidad. Nadie puede determinar con precisión cuánto del precio final de un producto corresponde al impuesto pagado en cada etapa. Esa opacidad debilita la rendición de cuentas del Estado frente al contribuyente.
6. Sesgo anti exportación. En las exportaciones, el IVA puede reintegrarse para evitar que el impuesto viaje incorporado en el precio del producto. Con Ingresos Brutos eso no es posible, porque no se sabe con exactitud cuánto incidió en el costo del bien. El resultado es que se terminan “exportando impuestos”, reduciendo artificialmente la competitividad externa.
7. Sesgo pro importación. Un producto importado paga IVA igual que uno producido en el país. Pero en el caso de Ingresos Brutos, el bien nacional incorpora en su precio la carga acumulada del impuesto en las distintas etapas de producción y comercialización, mientras que el importado no arrastra ese mismo costo en las fases previas a su ingreso al país.
8. Sesgo contra actividades de baja margen operativo. Como Ingresos Brutos grava las ventas y no el valor agregado, su incidencia es mayor en actividades de bajo margen, donde la carga puede resultar desproporcionada respecto de la rentabilidad.

9. Subsidios cruzados entre provincias. Cuando una empresa fija precios uniformes para todo el país, algo frecuente por razones comerciales u operativas, los consumidores de provincias con menor carga terminan absorbiendo parte del mayor costo impositivo de las jurisdicciones con alícuotas más altas.
10. Efecto cascada. A diferencia del IVA, que permite descontar el tributo pagado en etapas previas, Ingresos Brutos se aplica en cada eslabón de la cadena productiva y comercial. Esto incentiva la integración vertical de las empresas, perjudicando especialmente a las PyMEs proveedoras.
Por todas estas razones, y algunas más que no entraron en la enumeración, deberían dejar de ser temas debatibles los perjuicios que genera Ingresos Brutos. También que los impactos negativos no se evitan con reducciones en sus alícuotas u otra mejora puntual. Hay que asumir que es un tributo extremadamente rudimentario para el cual la única opción es eliminarlo. En sentido contrario, el tema que merece más estudio y análisis es cómo compensar la enorme magnitud de recursos que se dejarían de recaudar con su eliminación (alrededor de 4% del PBI).
En esta instancia, peca por voluntarismo asumir que las provincias van a compensar semejante caída de ingresos con reducciones de gastos. Es fácil demostrar que, para la mayoría de las provincias, en especial las más grandes, es un planteo inconducente. No se trata de voluntad, sino de viabilidad práctica. Por eso, cobra relevancia buscar la manera de compensar la pérdida de recursos públicos que implica eliminar Ingresos Brutos a través de aumentar la recaudación del IVA. Que el mejor impuesto (el IVA), sustituya al peor impuesto (Ingresos Brutos).
Bajo esta lógica, el “súper IVA” es la manera más práctica de hacerlo. No es un planteo teórico sino un esquema que tiene antecedentes prácticos. Con denominaciones distintas, el “súper IVA” es lo que ya se aplica en la Argentina para los pequeños contribuyentes (con el Monotributo Unificado) y es lo que está en proceso de implementación en Brasil de manera más general para todos los contribuyentes.







