Es necesario un nuevo enfoque sobre migración laboral

El Diálogo de alto nivel sobre migración internacional y desarrollo que tuvo lugar en Nueva York el 3 y 4 de octubre pasado es una buena oportunidad para abordar una cuestión apremiante: cómo gestionar los flujos de migración laboral en el ámbito mundial y cómo garantizar que tengan un impacto positivo tanto en los países de origen como en los de destino.
El número de migrantes en el mundo se estima en 232 millones y esta cifra está aumentando. Se debe a diversas razones: cambios en las tendencias demográficas, aumento de las desigualdades económicas, incremento de la inestabilidad política y crisis ambientales imprevistas.
La mayoría de los migrantes no dejan su país de origen por elección sino por necesidad. La falta de oportunidades de empleos decentes e ingresos dignos es por lo general lo que impulsa a las personas a migrar. Lamentablemente, con demasiada frecuencia esta travesía se emprende en condiciones desesperadas y peligrosas; y cuando llegan a su nuevo destino, o hasta cuando regresan a su país de origen, son vulnerables a la discriminación.
Las mujeres, los trabajadores jóvenes y las personas poco cualificadas y en situación irregular son especialmente vulnerables a la explotación. No es insólito que a los trabajadores migrantes les sean negados sus derechos fundamentales en el trabajo, como la libertad sindical, la negociación colectiva, la no discriminación y el salario mínimo. En el peor de los casos, pueden ser víctimas del trabajo forzoso y de la trata de seres humanos.
Sin embargo, los trabajadores migrantes desempeñan un papel fundamental en la economía. Compran bienes y servicios, pagan impuestos y establecen pequeñas empresas que crean empleo. Además, envían dinero a sus hogares más de 400.000 millones de dólares enviados a las economías en desarrollo en 2012 que beneficia a sus familias y comunidades.
Dada la situación actual de la economía mundial y las perspectivas para el futuro con la previsión de que desempleo mundial aumentará de los actuales 202 millones a más de 208 millones en 2015 es probable que los flujos de migración aumenten y sean más complejos.
Esto plantea un desafío enorme a la comunidad internacional, pero también nos ofrece una enorme oportunidad para intensificar nuestros esfuerzos y cambiar nuestro enfoque de la migración.
Actualmente, estamos discutiendo la agenda de desarrollo post 2015, que será instituida una vez que pase la fecha establecida para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) en 2015. La migración debe estar en centro de este debate. No podemos abandonar a los migrantes a la terrible suerte que tantos de ellos padecen. Esto no beneficia a nadie.
Lo que necesitamos es nada menos que un nuevo marco multilateral mundial para proteger los derechos y los intereses de los trabajadores migrantes. No tenemos que empezar desde cero. En 2006, la OIT adoptó un marco multilateral que propone una serie de principios y directrices no vinculantes hacia un enfoque de las migraciones laborales basado en los derechos. También incluye ejemplos de buenas prácticas que diferentes países han puesto en práctica. Este marco es un buen punto de partida para una discusión más amplia.
Debemos dejar a un lado los debates en términos de números, flujos y remesas, y concentrarnos en las medidas concretas basadas en las normas internacionales del trabajo que mejorarán la gobernanza de la migración laboral. Al hacerlo, necesitamos involucrar a los ministerios de Trabajo, así como a las organizaciones de empleadores y trabajadores, actores fundamentales de la economía real.
Es aún muy poco lo que se invierte en el ámbito nacional y regional para proteger los derechos de los trabajadores migrantes, en particular en aquellos sectores de la economía (como la agricultura, el trabajo doméstico y la construcción) con mayores riesgos en términos de procesos de contratación, condiciones de trabajo, salarios y seguridad social.
Debemos reconocer las cualificaciones de los migrantes y esforzarnos para lograr una mejor correspondencia entre sus competencias y los empleos que ocupan. Esto evitaría que se desperdicien talentos y que las ofertas de empleo queden vacantes. También necesitamos desarrollar una mayor sensibilización sobre las contribuciones positivas que los migrantes aportan a los países de destino.
Las buenas políticas de migración laboral nos pueden conducir hacia un futuro más equitativo. Estas políticas comprenden: reducir la discriminación, apoyar a los trabajadores migrantes a utilizar las remesas para crear nuevas empresas y empleos cuando regresan a sus países; facilitar el acceso a las principales instituciones del mercado laboral, incluyendo el salario mínimo, e introducir mecanismos que permitan que los migrantes regularicen su situación.
En cuanto a las políticas a adoptar, también necesitamos saber qué funciona y en qué circunstancias. Los resultados pueden ayudar a los gobiernos a comprender mejor el mercado laboral y a reorientar las políticas de empleo y de migración a fin de que todos los trabajadores se beneficien, no sólo los migrantes.
La reunión de esta semana en Nueva York es el momento perfecto para comenzar a hablar de todo esto. Pongámonos a trabajar.

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