Es necesario resguardar la transparencia

Arsat se queda con las frecuencias de Movistar. Obvio. Se lo anticipé a mis 25 alumnos del posgrado el martes por la noche de TV digital de la Universidad de Palermo. La decisión tomada ayer por el Gobierno era de esperarse. Había, por lo menos, cuatro señales que venían delatando esta medida. Una, la demora en otorgar las licencias sin ninguna excusa válida. La segunda, la reducción del Ministerio de Planificación, cada vez con menos funciones. La tercera, el fortalecimiento de Arsat. Y la cuarta, la clara vocación del Gobierno por participar de actividades económicas que considera estratégicas como las telecomunicaciones. Las cuatro señales auguraban lo que finalmente pasó.


A priori, la llegada de Arsat a este negocio no es ni buena ni mala. A partir de ahora, habrá que ver cómo evoluciona su presencia, cuál es el plan y cómo se ejecuta. Tengo dudas sobre si será una proveedora de servicios mayoristas o minoristas. Si dará última milla. Si competirá con las cooperativas y con las empresas provinciales. Quiero saber cómo se va a manejar el equilibrio competitivo con las grandes operadoras porque ahora el Estado es parte y arte. Maneja las leyes a través de la Secom y la CNC, y también una empresa que debe cumplir con esas leyes como Arsat.


Todas estas preguntas surgen de saber que no existe una política muy clara en la materia. No se avizora un plan explícito. Por eso, solamente podemos analizar señales, intenciones y hechos.


Por eso, debemos esperar un poco más para saber cómo decanta el anuncio, si habrá equilibrio competitivo, si se resguardará la necesaria transparencia del mercado y sus precios, y para conocer qué consecuencias tendrá tanto para los actuales competidores como también para todos los usuarios de la telefonía celular.