

Cristina versus Mauricio es la batalla ideal para el país adolescente. Ella Presidenta, peronista con maquillaje de izquierda, abogada, empleada del Estado en los últimos 20 años y dueña ahora de la carga emocional que le dejó la muerte temprana de Néstor Kirchner. El es jefe de gobierno de la ciudad luz de la Argentina, conservador popular metido a modernizar la política, ingeniero sólo en la empresa familiar, presidente de un Boca multicampeón y dueño ahora de cierto alivio emocional por haber dejado de ser el hijo de Franco Macri. Mucho pero mucho tendrán que trabajar los radicales, Elisa Carrió, Eduardo Duhalde o Pino Solanas para vencer la atracción que ejerce una rivalidad como la que enfrenta a quienes ya se contagiaron el virus del kirchnerismo o del macrismo.
n Policías en acción. Bastó que Mauricio explicitara un poco más su intención de ser candidato presidencial en octubre para que la mira del Gobierno se volviera a posar sobre su figura, dejando por unos días el blanco permanente de Duhalde. Fue el canciller Héctor Timerman quien inició la perdigonada al agitar el antecedente académico de dos policías metropolitanos en una academia estadounidense de El Salvador, presentada por el kirchnerismo como un remedo de aquella Escuela de las Américas que entrenaba a militares argentinos durante la última dictadura. El macrismo aceptó el reto y salió en pleno a respaldar a sus muchachos señalando, además, que en la escuelita policial también estudian un par de integrantes de la Policía Federal y hasta uno de la Bonaerense.
n La pulseada ideológica. Allí están ahora Timerman y Nilda Garré, por el kirchnerismo, versus Horacio Rodríguez Larreta y Guillermo Montenegro, por el macrismo, cruzando denuncias, contra denuncias y palpitando las reacciones de una sociedad a la que los K imaginan más ideologizada y a la que los M consideran más preocupada por cuestiones prácticas. En ese escenario, que repite las polémicas por las escuchas ilegales del Fino Palacios y las tomas de terrenos navideñas de Villa Soldati, Cristina cree que va a poder contrarrestar los reclamos de seguridad y Mauricio que alberga una oportunidad para crecer en las encuestas. A diferencia de los otros candidatos opositores, Macri acepta la imaginaria pulseada ideológica en la que el Gobierno quiere convertir la elección de octubre.
n El vice de todos. Sigue siend
o curioso el caso de Carlos Reutemann en la política argentina. Cualquier aspirante electoral peronista está presto a bajarse de sus aspiraciones si fuera Lole el que decidiera lanzarse a competir. Todos le adjudican un aura de imbatible que el santafesino nunca ha probado en contienda presidencial alguna. Pero le ha sido suficiente como para que tanto Cristina, y ahora Mauricio, lo sueñen como acompañante en sus fórmulas presidenciales. A ser sinceros, tiene lógica aritmética para ambos. A la Presidenta le sumaría voto moderado y aniquilaría de un sólo golpe el respaldo que Macri busca arrastrar en el peronismo anti K. Del mismo modo, el jefe de gobierno porteño podría ampliar el perfil de su propuesta haciéndose acompañar de un Reutemann que conserva mejor nivel de aceptación que otros peronistas irredentos.
Mientras tanto, el subcampeón de Fórmula Uno que fue gobernador, diputado y senador mantiene su silencio estratégico aunque ayer se convirtió en la última víctima de WikiLeaks y debió soportar la difusión de sus comentarios privados a la embajada de EE.UU. plenos de dudas sobre los Kirchner y el futuro económico de la Argentina.
n Cien pasos. En la Casa Rosada dicen tener los planes definidos. La idea es que Cristina gane en primera vuelta y, si no pueden, ir a la segunda vuelta contra el candidato de la UCR. A Macri tenemos que tumbarlo ahora, explica un ministro que transpira optimismo en su despacho. Mauricio, directamente, dijo ayer que la Presidenta será derrotada en el ballottage. El desafío está planteado. Están apenas a cien pasos el uno del otro, cruzando la Plaza de Mayo. La película de octubre empieza a tenerlos como protagonistas principales.










