

Hoy el éxito de una empresa no depende solamente de la calidad del producto o servicio que comercializa, ni de sus precios o campañas de marketing, sino que los tiempos actuales exigen que las empresas asuman un rol de ciudadanía responsable. Este rol cada vez más marcado e insoslayable de las empresas impone temas como la responsabilidad con su entorno, su transparencia, su aporte a la sociedad, su calidad de empleador, etc.
Así, una empresa que no tiene programas específicos dirigidos a cada uno de sus públicos de interés, nunca logra crear confianza con la sociedad en la que opera, y tiene sus días contados. La reputación corporativa se trata de crear vínculos sólidos, estables y duraderos con sus clientes, proveedores, empleados, accionistas, y con la comunidad en general. Esto es lo que genera confianza y, en definitiva, construye reputación.
Esta tarea no menor depende de toda la organización: velar por la reputación de la compañía es una tarea transversal, que implica a todas y cada una de las áreas de la empresa. Por ello el Comité de dirección en su conjunto y, en especial, el Director de Comunicación y/o Reputación debe impulsar la implementación de las políticas de responsabilidad corporativa en todas las áreas de la empresa, porque de ello depende la sustentabilidad del negocio, es decir su propia supervivencia.
En términos de comunicación y de gestión, hoy es fundamental medir y conocer el pulso del clima interno, la imagen pública, la opinión de los stakeholders o grupos de interés, y son precisamente estas mediciones las que nos permiten conocer y diseñar las acciones necesarias que construirán la reputación de la organización.
En los últimos años surgieron varias herramientas para medirla y hoy las organizaciones están en la búsqueda de las más certeras, que puedan reflejar acabadamente la percepción de cada uno de los públicos de interés. Hoy es indispensable contar con indicadores que nos permitirán tener un diagnóstico claro de situación, o punto de partida que permita trazar un plan global, y diseñar acciones que agreguen valor y reputación, respondiendo a los objetivos del negocio.
El gran desafío de las empresas en la actualidad es ser mejores ciudadanos globales, y esto implica que además de velar por aquellos objetivos tradicionales, hoy es tanto o más importante cuidar de todos nuestros impactos en la sociedad, en las personas, en el medio ambiente, en todos los entornos en los que trabajamos, para que nuestro accionar sea siempre positivo. Todo ello dentro de un marco estricto de ética, transparencia y respeto por los valores humanos y sociales es lo que a las empresas nos permitirá y posibilitará construir día a día una reputación que asegurará el crecimiento y permanencia a largo plazo y nuestro aporte positivo a la sociedad.










