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En medio de la estepa patagónica -allí donde no hay agua corriente, red eléctrica ni infraestructura alrededor- se levantan campamentos hoteleros.

Son ciudades que nacen y desaparecen. Se montan en pocas semanas, albergan hasta 1500 trabajadores y, cuando la obra termina, se retiran para volver a levantarse cientos de kilómetros más allá.

Detrás del boom de Vaca Muerta florece un negocio poco visible pero estratégico. Es esta industria, que ofrece hotelería, catering, logística, enfermería y todos los servicios básicos, e incluso recreativos, para sostener la vida cotidiana de quienes trabajan en las obras energéticas más importantes del país.

La oportunidad de negocio es netamente significativa para estas compañías. El sector petrolero emplea de forma directa a más de 37.000 personas y varios estudios proyectan más de 40.000 nuevos puestos en los próximos años, lo que a su vez multiplica la necesidad de servicios asociados.

“En realidad se arma una ciudad. No solo con dormitorios, salas de recreación u oficinas, sino que también somos responsables del abastecimiento de agua y del tratamiento de líquidos cloacales”, detalla Jorge Soto, fundador de Jorge A. Soto Campamentos.

La empresa participó en proyectos de gran escala como el Gasoducto Néstor Kirchner, La Calera y VMOS. Allí administró parte de un complejo de 750 camas y anteriormente operó otro cercano a las 1000 plazas.

Jorge A. Soto participó en proyectos de gran escala como el Gasoducto Néstor Kirchner, La Calera y VMOS.
Jorge A. Soto participó en proyectos de gran escala como el Gasoducto Néstor Kirchner, La Calera y VMOS.

El boom de las mini ciudades petroleras

Un campamento hotelero para la construcción de un gasoducto o de una terminal petrolera puede llegar a alojar entre 500 y 1500 personas. Aunque los más grandes superan ampliamente esas cifras.

Ecosan, una de las principales fabricantes de infraestructura modular del país, participó del desarrollo de dos campamentos para VMOS con capacidad para unas 800 personas cada uno.

En diálogo con El Cronista, su presidente Juan Pablo Rudoni, reveló que la empresa se encuentra cotizando proyectos mineros que podrían albergar hasta 3000 trabajadores.

Ecosan participó del desarrollo de dos campamentos para VMOS con capacidad para unas 800 personas cada uno.
Ecosan participó del desarrollo de dos campamentos para VMOS con capacidad para unas 800 personas cada uno.

“Cuando montan un campamento es porque no tienen ningún lugar de alojamiento cercano. Entonces hay que generar energía, agua potable, tratamiento de efluentes, iluminación, cocinas, dormitorios y espacios recreativos. Todo lo que hace a la vida diaria de las personas”, describe.

Según Rudoni, un campamento de alrededor de 700 personas requiere entre u$s 15 millones y u$s 20 millones de inversión, de los cuales unos u$s 10 millones corresponden únicamente a los módulos que conforman el complejo. El resto se explica por infraestructura complementaria.

En Alberta, firma neuquina especializada en housing corporativo y servicios para la industria energética, calculan cifras similares. Federico Kreplak, presidente y CEO de la compañía, señala que desarrollar un campamento nuevo para unas 700 personas requiere entre u$s 8 millones y u$s 12 millones, dependiendo de la configuración y de los servicios asociados.

A diferencia de la hotelería tradicional, el negocio de los campamentos no sigue una estacionalidad turística ni ciclos previsibles. Su actividad depende directamente de la aprobación y ejecución de obras energéticas.

Esa dinámica obliga a las compañías a mantener infraestructura disponible para responder rápidamente cuando aparecen las licitaciones.

Construcción de campamento entre Alberta e Idero
Construcción de campamento entre Alberta e Idero

En esa línea, Soto asegura que su empresa puede poner en funcionamiento un campamento de 600 plazas en apenas 60 días y entregar entre 300 y 400 camas operativas durante el primer mes.

Hoy, gran parte de esa actividad se concentra en Neuquén y Río Negro. Según Ecosan, cerca del 70% u 80% del negocio asociado a campamentos para oil & gas se desarrolla en la región de influencia de Vaca Muerta, especialmente en localidades como Añelo, Rincón de los Sauces y el corredor productivo neuquino.

Del alojamiento al bienestar

Si hace una década el objetivo era dar techo a los trabajadores, hoy las petroleras exigen mucho más. Y es que la calidad de vida se convirtió en un factor importante para atraer y retener personal especializado en zonas alejadas de los centros urbanos.

“El bienestar humano impacta directamente en la salud mental y física del trabajador, reduce el ausentismo y mejora el clima laboral”, afirma Pablo Llorente, country manager de Aramark Argentina. La compañía acaba de ser seleccionada para gestionar los servicios de hotelería, lavandería, limpieza y mantenimiento del campamento que acompañará la construcción de la terminal de VMOS en Punta Colorada, donde se alojarán unas 1500 personas.

En el segmento petrolero de mayor especialización, incluso existen requisitos sobre la ocupación de las habitaciones, controles de acceso y monitoreos permanentes para garantizar la continuidad operativa.

“La hospitalidad en la industria pasará de ser un servicio básico a convertirse en un activo estratégico de atracción y retención”, proyecta Llorente.

Los desafíos que vienen

Uno de ellos es la necesidad de estandarizar los diseños de campamentos para anticiparse a futuras licitaciones y reducir tiempos de respuesta.

Desde la Cámara Argentina de la Construcción Modular e Industrializada (CACMI) advierten que podrían requerirse entre 400.000 y 500.000 m2 de campamentos en los próximos seis años.

También surge la competencia de proveedores extranjeros, principalmente chinos. Mientras algunos actores consideran que representan una amenaza por sus precios más bajos, otros creen que la clave está en el conocimiento operativo y la capacidad de ejecución local.

Sin embargo, para varios referentes del sector, el principal cuello de botella será contar con “personal capacitado que pueda acompañar este crecimiento y mantener los estándares que exige la industria”.

Al final, cada nuevo pozo, gasoducto u oleoducto que aparece en el mapa de Vaca Muerta necesita más que maquinaria y acero. Necesita una ciudad que sea capaz de funcionar las 24 horas del día en medio de la nada.