

La tensión en Medio Oriente entró este domingo en una fase de máxima incertidumbre. Tras el inicio de la ofensiva militar conjunta con Israel, la administración estadounidense comenzó a delinear públicamente el alcance temporal de la operación, en un escenario atravesado por bombardeos continuos de los aliados, represalias de Teherán y una reconfiguración acelerada de la cúpula del poder en la República Islámica de Irán tras la eliminación del jefe supremo, el ayatolá, Al Jumeneí, y gran parte de los principales dirigentes militares y políticos.
Desde su residencia de Mar-A-Lago, en Florida, el presidente Donald Trump aseguró que el operativo Furia Épica avanza “más rápido de lo previsto” y sin sorpresas estratégicas. En paralelo, admitió que los ataques de represalia iraníes ya provocaron la muerte de tres militares estadounidenses y no descartó que pueda haber nuevas bajas.
En ese contexto, el mandatario puso un plazo tentativo a la ofensiva: calculó que podría extenderse “más o menos cuatro semanas”, o incluso menos, debido a la magnitud territorial de Irán.
Además, confirmó que la muerte del ayatolá Jameneí junto a decenas de integrantes de la cúpula iraní fue un golpe que acelerará la transición política interna.
De hecho, el presidente iraní Masoud Pezeshkian informó que un consejo compuesto por él, el jefe del Poder Judicial y un miembro del Consejo de Guardianes asumió temporalmente las funciones del liderazgo supremo, con el objetivo de garantizar continuidad institucional en medio del conflicto.

“Los líderes iraníes quieren dialogar”, según Trump
En paralelo al despliegue militar, Trump aseguró en una entrevista con la revista The Atlantic que las nuevas autoridades iraníes buscan entablar conversaciones con Washington. “Quieren hablar y yo he aceptado”, afirmó, aunque evitó precisar con quién sería el contacto o cuándo se concretaría.
El mandatario también señaló que varias de las personas que habían participado en negociaciones anteriores “ya no están”, en referencia al impacto de los bombardeos sobre la estructura de poder iraní. “Deberían haberlo hecho antes”, deslizó, sugiriendo que el conflicto podría haberse evitado mediante un acuerdo previo.
De este modo, la Casa Blanca combina presión militar con una señal de apertura diplomática. Mientras la ofensiva continúa y el calendario estimado marca un horizonte de semanas, la posibilidad de diálogo introduce un nuevo factor en un conflicto cuyo desenlace aún es incierto.





