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El crecimiento del crédito de los últimos años y la facilidad para concretar préstamos personales derivó, por múltiples razones, en un aumento en la mora de las familias, fenómeno que cobró notoriedad pública y llegó al debate público a tono con la situación económica nacional.

Mientras que algunas personas conviven con situaciones problemáticas, otros se debaten sobre qué hacer. Las dificultades de muchos, sin embargo, no significa que endeudarse sea, por definición, una mala decisión.

La diferencia está en para qué se toma el préstamo, cuánto cuesta y, fundamentalmente, si existe una fuente de ingresos capaz de pagarlo durante todo el plazo.

Panorama crediticio: cuánto y a quién le deben las familias argentinas

Los últimos números muestran por qué esa evaluación se volvió especialmente relevante.

Un informe de EcoGo y la Universidad Austral calculó que en junio el crédito a personas físicas alcanzó los $ 97,1 billones, mientras la mora llegó al 17,5% del financiamiento total, después de veinte aumentos mensuales consecutivos. El 26,1% de los deudores ya presenta al menos algún saldo irregular.

El deterioro es todavía mayor fuera del sistema financiero tradicional. Los proveedores no financieros de crédito representan 14,1% del financiamiento relevado por EcoGo, pero registran una mora de 31%, contra 15,2% entre bancos y otras entidades financieras.

“Tomar un crédito no es bueno o malo en sí mismo. Lo importante es que sea transparente, sostenible y sirva para resolver una necesidad concreta sin comprometer la vida cotidiana ni obligar a tomar una nueva deuda”, explicó Alejandro Formento, director de la empresa Provincia Microcréditos.

Cuándo tomar una deuda puede ser una buena decisión

El primer criterio es el destino. Un préstamo sostenible debería responder a una necesidad puntual, concreta y previamente cuantificada.

Puede servir, por ejemplo, para afrontar un gasto extraordinario, pero empieza a ser problemático cuando se transforma en un complemento permanente de ingresos insuficientes.

El segundo punto es la capacidad de pago. No alcanza con comprobar que hoy existe dinero para pagar la primera cuota: debería existir margen para cumplir incluso frente a un mes de menores ingresos o ante un gasto inesperado.

También debe existir cierta relación entre el beneficio obtenido y el costo del financiamiento. Un documento de Provincia Microcrédito recomienda preguntarse si el bien, servicio o solución que se obtiene justifica efectivamente todo lo que terminará pagándose por él.

TNA, TEA o CFT: siglas que esconden números que es bueno mirar

Uno de los errores habituales es concentrarse únicamente en la tasa promocionada o en el valor de la cuota.

Mientras que la TNA informa la tasa nominal anual; la Tasa Efectiva Anual TEA) incorpora el efecto de la capitalización durante un año.

Pero para comparar dos préstamos recomienda mirar especialmente el Costo Financiero Total (CFT), porque incorpora intereses, comisiones, seguros y otros cargos.

Dos préstamos pueden exhibir la misma TNA y terminar teniendo costos muy diferentes. También una cuota aparentemente baja puede esconder un préstamo caro si para conseguirla se extiende demasiado el plazo.

La recomendación es calcular además el monto total a devolver y no sólo preguntar cuánto habrá que pagar cada mes.

Las señales que deberían frenar un préstamo

Antes de aceptar, el informe de Provincia Microcréditos propone realizar una suerte de “prueba de estrés”: separar los ingresos estables de los eventuales, descontar primero los gastos esenciales y calcular si la cuota seguiría siendo pagable ante un mes peor.

También hay señales que deberían encender una alerta, que consiste en pedir dinero para pagar otro crédito, financiar reiteradamente gastos cotidianos, acumular préstamos en diferentes aplicaciones o necesitar ingresos futuros todavía inciertos para cumplir.

“La señal más grave es que la persona ya proyecte otro crédito para pagar la próxima cuota”, advierten.

La facilidad de acceso tampoco debe confundirse con capacidad de pago. “Que un préstamo esté disponible en dos clics no significa que sea barato ni que resulte conveniente. Es importante tomarse el tiempo necesario para analizar la decisión”, señaló Formento.

La conclusión es menos matemática de lo que parece. Un crédito sostenible no es necesariamente el que ofrece la cuota más baja o la aprobación más rápida. Es aquel que resuelve una necesidad concreta y puede terminar de pagarse sin sacrificar gastos esenciales, atrasarse ni necesitar otra deuda para cancelar la anterior.