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El Banco Central habilitó la semana pasada una nueva herramienta de financiamiento: créditos en dólares para empresas que no forman parte de la cadena exportadora. El monto debe ser equivalente al 15% del total de los depósitos en moneda extranjera del sistema.

Según cálculos del economista Salvador Di Stefano, la medida, que representa un cupo disponible de unos u$s 6000 millones, podría traer un efecto secundario perjudicial: un atraso cambiario mayor, que golpearía a varios sectores productivos.

“En muchos casos podrían pasar a perdidas”, advierte el también conocido como “Gurú del Blue” en el informe semanal publicado en su sitio web.

Créditos en dólares y una advertencia del Gurú del Blue

El mecanismo de la herramienta que habilitó el Gobierno funciona de manera particular, según repasó el analista financiero. “El que solicita el crédito recibe pesos, no dólares, ya que el banco está obligado a vender la divisa al Banco Central y entregar pesos equivalentes”, indica.

Esa dinámica, sostiene Di Stefano, tendría un correlato directo en las reservas, que podrían acercarse a los u$s 60.000 millones hacia fin de año, en la medida en que el esquema no solo capte los dólares prestados, sino que traccione un ingreso mayor de divisas al país.

Sin embargo, el economista advierte sobre lo que podría convertirse en un problema si el esquema tiene éxito. “Lo que vamos a tener como resultado es una mayor oferta de dólares en el mercado local, y por ende, una pesadez en la cotización del dólar”, dice.

Ese atraso cambiario golpearía especialmente a los sectores productivos: si el dólar no acompaña el ritmo de la inflación ni el de los costos de combustible, muchas empresas verían reducidos sus márgenes y su capacidad de reinvertir utilidades. “En muchos casos podrían pasar a perdidas, porque las diferencias entre el aumento del dólar versus inflación más combustible son muy elevadas”, precisa Di Stefano.

El economista es contundente respecto de la magnitud del problema: en varios sectores, la pérdida de rentabilidad sería “irreversible”, lo que obligaría a muchas empresas a repensar su objeto social y buscar nuevos negocios que compensen la rentabilidad perdida en su actividad original.

Más crédito, menos mora, más actividad

Dejando de lado la advertencia del atraso cambiario, el diagnóstico del economista es favorable: un mayor financiamiento al sector privado debería impulsar tanto la inversión como la actividad económica. Además, según destaca, como el stock de créditos en mora se mantendría constante mientras crece el total de crédito otorgado, la morosidad debería caer en términos porcentuales.

El combo, sostiene, también resulta positivo para los bancos que cotizan en bolsa, que verían ampliado su volumen de negocios.