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La liquidez del mercado local, con tasas en una montaña rusa, apunta a normalizarse. Pero esta semana viene cargada de eventos clave: el miércoles es el fixing (determinción del tipo de cambio) del D31G6, una Letra del Tesoro vinculada al dólar (Lelink), cero cupón, con vencimiento fijado para el 31 del corirente mes.Son u$s 2.595 millones de monto en circulación y eventualmente puede generar mayor presión en el mercado de cambios.
Al día siguiente, el jueves 27, el Tesoro va a una nueva licitación de deuda con vencimientos por $13,9 billones. Ahí estará la definición política más importante de la semana: el equipo económico tendrá que elegir entre continuar en la línea de descomprimir el mercado inyectando pesos o volver a un sesgo contractivo en materia de liquidez para mantener al dólar mayorista por debajo de $1.500. Seguramente, por el monto de los vencimientos, dejarán pesos en el sistema.
Alivio de doble vía
El mercado tuvo el viernes un alivio que llegó por varias vías a la vez. El Banco Central absorbió $2,1 billones mediante repo o pases, más del doble del promedio que se registró a lo largo de la semana —que había rondado los $0,8 billones—, y eso se tradujo de inmediato en una compresión generalizada de tasas de corto plazo.
La caución abrió ya por debajo del 25% y fue cediendo a lo largo de la jornada hasta cerrar en 18,5%, con un valor promedio ponderado por volumen de de 22,6% en BYMA. Los plazos fijos mayoristas se ubicaron cerca del 25% anual. La repo entre partes operó en torno al 24%.
No es una tendencia establecida todavía, pero es una señal clara de que el sistema puede bajar de temperatura cuando hay pesos disponibles.
GRIT Research lo subrayó con precisión: “En el mercado local apareció una primera señal de alivio. La menor presión de liquidez ayudó a interrumpir el sell-off de BONCAP y otros instrumentos en pesos”.
No es una tendencia establecida todavía, pero es una señal clara de que el sistema puede bajar de temperatura cuando hay pesos disponibles.
“El impacto no se quedó en el segmento de tasas. Con el replanteo de precios que trajo la jornada, volvió a asomar el interés por el carry. GRIT observó compras de BONCAP y de instrumentos atados a la TAMAR. “T30A7 y T31Y7 lideraron el rebote y acumulan una suba de 0,6% en siete días”, señalaron. Para un mercado que venía de varios días de presión vendedora, no es un dato menor.
La pregunta de fondo
El problema es que la pregunta de fondo está vigente. La semana pasada mostró un mercado de pesos incómodo, con tasas que subían en ausencia de liquidez y una curva de rendimientos de letras y bonos que sigue pesada, sobre todo en los duales —el instrumento que los inversores venían usando para renovar posiciones más allá de 2027— el estrés no cedió del todo. La mejora del viernes fue real, pero acotada.
La arquitectura del menú de papeles de licitación va a decir mucho. Lo más prudente, en este contexto, sería ofrecer un menú corto, sin duales, y apuntar a una renovación por debajo del 100% para inyectar más liquidez. Salir a tentar con instrumentos largos en una curva que todavía no terminó de digerir las caídas de las últimas semanas podría ser un boomerang. El inversor está mirando la duración con eje en las presidenciales del 2027 con mucho más cuidado que hace un mes.
El inversor está mirando la duración con eje en las presidenciales del 2027 con mucho más cuidado que hace un mes.
Miguel Kiguel, en su último informe de Econviews, efectúa una advertencia a Santiago Bausili, titular del BCRA. “Por ahora, el Gobierno concentra sus esfuerzos en mantener la estabilidad cambiaria. Esta semana esa premisa se tradujo en un objetivo que parece inalterable, que el dólar no supere los $1.500. ¿Por qué el Gobierno defiende ese techo dentro de la banda? Posiblemente porque considera que el ancla cambiaria es clave para sostener la desinflación y la calma en la calle”, destaca.
Pero agrega que “lo que resulta más difícil de entender es tanta rigidez con ese nivel puntual, considerando que está 25% debajo del techo de la banda y que el tipo de cambio real ya se apreció 10% en lo que va del año. Es verdad que un dólar un poco más alto podría tener algún efecto sobre los precios, pero también permitiría relajar la política monetaria, comprar más reservas y descomprimir a varios sectores de la economía real.
El problema es que el resto de la política monetaria se tuvo que acomodar al objetivo cambiario, y por eso las tasas subieron después de varios meses relativamente estables
El problema es que el resto de la política monetaria se tuvo que acomodar al objetivo cambiario, y por eso las tasas subieron después de varios meses relativamente estables.
Las cortas ya habían subido un escalón desde fines de julio, pero esta semana tocaron niveles cercanos al 29%, máximos desde febrero, y arrastraron al resto de las tasas de mercado.
“La señal no es buena porque trae recuerdos del año pasado, cuando las tasas se fueron a niveles ridículamente altos para sostener al dólar, y confirma que la política monetaria sigue subordinada al tipo de cambio” concluyó.
Se esperan señales del BCRA.



