Los responsables políticos y la industria enfrentan la peor crisis energética desde la invasión a gran escala de Rusia a Ucrania en 2022.
Los precios del gas se dispararon hasta un 50% en Asia y Europa el lunes, cuando QatarEnergy cerró la producción en su planta de gas natural licuado Ras Laffan, que genera cerca de una quinta parte del suministro mundial.
Los precios del petróleo suben más de un 20% en lo que va del año como respuesta a las acciones militares del presidente estadounidense Donald Trump en Venezuela e Irán, que han añadido una significativa prima de riesgo geopolítico. Wood Mackenzie y otras consultoras energéticas advirtieron que los precios podrían alcanzar los u$s 100 si el flujo de buques cisterna a través del Estrecho de Ormuz no se reanuda pronto.
Los analistas señalaron que un aumento sostenido de los precios de la energía impulsaría la inflación y afectaría a la economía global, dos resultados que perjudicarían las perspectivas del Partido Republicano en las elecciones legislativas de medio término en noviembre en Estados Unidos.
Se espera que la administración Trump detalle medidas para mitigar el impacto del shock petrolero sobre los consumidores en Estados Unidos y el mundo. Por ahora, no parece incluir planes para recurrir a la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos, que almacena alrededor de 415 millones de barriles.
El alza de precios puede resultar tóxica para políticos y consumidores, pero para los proveedores energéticos los precios más altos pueden traducirse en mayores ganancias. La industria estadounidense de GNL y los traders se preparan para beneficiarse del conflicto en Medio Oriente, mientras los precios spot se disparan y las empresas redirigen cargamentos hacia compradores urgidos en Asia y Europa.

¿Cómo podría Irán interrumpir los flujos energéticos globales?
Irán tiene una capacidad desproporcionada para sacudir los mercados energéticos globales, pese a años de sanciones estadounidenses y falta de inversión que han limitado sus exportaciones de petróleo.
La principal preocupación del mercado es la influencia de Teherán sobre el transporte marítimo en el Estrecho de Ormuz, por donde deben pasar el petróleo y el gas de sus vecinos del Golfo, así como su respaldo a milicias en toda la región que podrían lanzar ataques contra infraestructura energética.
¿Cómo impactará la guerra en la economía global?
La respuesta depende de si Estados Unidos y sus aliados pueden evitar un cierre prolongado del Estrecho de Ormuz. De no lograrlo, el alza del petróleo y el gas podría reavivar la inflación en las principales economías, frustrar los planes de recorte de tasas de los bancos centrales y afectar la confianza empresarial.
¿Qué tan grave es el shock del gas?
Los precios del gas en Asia y Europa se han disparado a medida que se expandió el conflicto, con el tránsito por el Estrecho de Ormuz prácticamente paralizado y la producción de GNL de Qatar detenida tras ataques iraníes contra su planta insignia en Ras Laffan. Un conflicto prolongado podría generar un efecto similar al de 2022, cuando los flujos de gas ruso hacia Europa cayeron tras la invasión de Ucrania, provocando un salto de precios que dañó a las economías.
Medio Oriente es una región clave en la producción de gas y Qatar es el segundo mayor actor mundial en GNL, con cerca del 20% del suministro global. Aunque el GNL representa solo entre el 7% y el 8% del suministro mundial de gas, es una fuente marginal crucial en muchos países y, por lo tanto, define precios. “Cualquier evento que afecte al mercado global de GNL suele fijar el precio en mercados como Europa y Asia”, explicó Andreas Schroeder, jefe de análisis energético en ICIS, al FT.





