Las importaciones de whisky, ropa y celulares de contrabando se multiplican en Argentina a medida que los contrabandistas aprovechan los esfuerzos del presidente libertario Javier Milei por fortalecer el peso y abrir la economía.
Vehículos cargados con miles de termos y cervezas Corona y Sol eluden los controles aduaneros para entrar en la provincia de Formosa, en la frontera con Paraguay. Un camión repleto con 17.000 cigarrillos ingresa a la provincia de Salta, cerca de Bolivia. Influencers exhiben falsas camperas de lluvia de la marca Columbia, presuntamente importadas por barco en contenedores.
Las cámaras empresarias estiman que hasta el 40% de las cervezas y el 30% de los neumáticos que se venden en Argentina son de contrabando. Según el cálculo de una entidad del sector, la proporción de celulares importados ilegalmente que se comercializan en el país pasó del 7% del mercado antes de que Milei asumiera en 2023 a más de un tercio en la actualidad.
“En mi vida vi tanto de esto”, dijo el director de una gran importadora que distribuye marcas globales de calzado en Argentina y que pidió no ser identificado para hablar de un tema sensible. “A los que pagamos los impuestos nos están matando porque no podemos competir.”
El flujo de contrabando —una mezcla de falsificaciones y productos legítimos que eluden los aranceles aduaneros— se vio potenciado por la campaña del Gobierno para reducir la burocracia en el ingreso de mercadería al país, afirman importadores y fabricantes.
Pero, más que nada, reconocen, el aluvión es un efecto no deseado del éxito de Milei en estabilizar la disfuncional moneda argentina.
Antes, el tipo de cambio paralelo del peso era mucho más débil que el oficial, lo que hacía prohibitivamente caro para los importadores conseguir dólares para comprar mercadería en negro. A medida que ambas cotizaciones convergieron bajo la gestión de Milei, volvió el incentivo para importar contrabando.
“Tener dos tipos de cambio era terrible para la economía, pero para este problema puntual no lo era”, dijo Martín Rappallini, presidente de la Unión Industrial Argentina. “Ahora que unificamos los tipos de cambio, necesitamos una frontera mucho más fuerte para frenar el contrabando.”
El contrabando es uno de los múltiples problemas que enfrentan los fabricantes locales mientras Milei abre una de las economías más cerradas de América Latina. El presidente recortó aranceles de importación, medidas antidumping y algunas regulaciones aduaneras, y utilizó varias herramientas para fortalecer el peso, todo con el objetivo de bajar los altísimos precios de los bienes de consumo.
El mandatario desestimó las preocupaciones sobre la situación de los fabricantes locales, que perdieron decenas de miles de puestos de trabajo y redujeron la producción.
“Obviamente, si la empresa local no puede competir, cierra y despide gente”, dijo en un discurso ante el Congreso a principios de este año. “Pero el consumidor ahorra dinero... que puede usar para comprar otros bienes, generando nuevos empleos en otro sector más productivo que pagará mejores salarios.”
Pero incluso algunos importadores, que esperaban beneficiarse con las reformas de Milei, dijeron que su entusiasmo por recortar la burocracia estaba generando consecuencias no deseadas en materia de contrabando. Señalaron el fin del sello aduanero que antes se colocaba en muchos productos, reemplazado por un sistema digital, y el fin del sistema de precios de referencia para las mercaderías.
Funcionarios de Milei sostuvieron que esas normas generaban costos innecesarios y abrían la puerta a la corrupción, algo que, según los analistas, fue moneda corriente en la aduana argentina durante gobiernos sucesivos.
Pero un importador de blancos para el hogar dijo que la eliminación de esos controles “hizo todo demasiado fácil” para evadir la pesada carga impositiva argentina y creó nuevas oportunidades para la corrupción. “Todos están subfacturando el valor de su mercadería, y yo también empecé a hacerlo”, agregó. “Los funcionarios de la aduana ayudan proveyendo empresas truchas para que no figure a mi nombre.”

Si declarara su mercadería con el valor real, pagaría u$s 90 de impuestos por cada u$s 100 de mercadería, frente a u$s 35 subfacturando, agregó. “No puedo competir si nadie más paga el precio completo.”
La aduana argentina no quiso hacer comentarios.
La consultora MAP estimó el año pasado que el contrabando en apenas siete categorías de productos le costaría al fisco u$s 2.300 millones en 2025, el 0,3% del PBI, en un momento en que Milei hace esfuerzos por sostener su promesa insignia de equilibrar las cuentas públicas.
“En su proceso de apertura de la economía, que creo que es el rumbo correcto, el Gobierno desarmó algunas regulaciones que deberían haber seguido vigentes”, dijo Juan Pablo Ronderos, cofundador de MAP.
Además del dólar paralelo más fuerte y de la desregulación, los importadores señalaron que la llegada de nuevos sitios de comercio electrónico extranjeros también podría haber alimentado el contrabando, ya que pequeñas empresas abusan de las nuevas normas de Milei que permiten importaciones libres de impuestos —pensadas para uso personal— para comprar stock a través de esos sitios.
Un aumento de casi el 300% en el flujo de importaciones por comercio electrónico en 2025 podría estar desbordando los controles aduaneros, según los analistas.
Los sitios de comercio electrónico también fueron utilizados por contrabandistas para distribuir mercadería dentro del país. Un importador con derechos exclusivos sobre importantes marcas de whisky y vodka en Argentina dijo que otros vendedores ofrecían esos productos online un 40% por debajo de su precio de venta sugerido. “Venden más que nosotros, obviamente.”
La mayoría de los celulares importados ilegalmente provienen de China e ingresan a Argentina a través de Paraguay, dijo Ana Vainman, directora ejecutiva de la cámara de electrónica Afarte.
Algunas empresas acusaron al Gobierno de Milei de hacerse el distraído. “Les dimos pruebas de sobra y no hacen nada porque lo único que les importa es ver precios más bajos”, dijo el gran importador de calzado.
Vainman, sin embargo, dijo que las cámaras industriales estaban “en conversaciones avanzadas con el Gobierno para encontrar algunas soluciones”.
El Ministerio de Desregulación, la secretaría de Comercio y la agencia tributaria de Argentina no respondieron a los pedidos de comentarios.
Ronderos, de la consultora MAP, dijo que el Gobierno parece desconfiar de los reclamos de las empresas por medidas para combatir el contrabando.
“El Gobierno teme que detrás de esos pedidos en realidad haya un intento de volver a cerrar la economía, y está decidido a no dar marcha atrás”, dijo. “Hay una tensión ahí.”





