

La comida española lleva años ganando terreno fuera de sus fronteras. Ya no se trata solo de paella, tortilla o churros: el producto ibérico, la barra, el tapeo y los bocadillos también forman parte de esa imagen cotidiana que muchos visitantes asocian con Madrid y con sus restaurantes más reconocibles.
Ahora, uno de esos emblemas cruza el Atlántico. El Museo del Jamón abrió su primer espacio en Estados Unidos dentro de Mercado Little Spain, el proyecto gastronómico impulsado por José Andrés en Hudson Yards, Nueva York.
La propia web de Mercado Little Spain presenta la llegada como el debut de una de las marcas españolas más reconocidas en torno al jamón ibérico en el mercado estadounidense.

El Museo del Jamón llega a Nueva York de la mano de José Andrés
La apertura, anunciada en la cuenta oficial de Instagram de Museo del Jamón, marca un movimiento relevante para una cadena muy asociada al turismo y al día a día madrileño. La marca eligió el Mercado Little Spain para iniciar su primera apuesta fuera de España, en un espacio gastronómico creado por José Andrés en Manhattan.
El enclave no es menor. Mercado Little Spain se define como una “carta de amor” a España, con comida y bebida de distintas regiones del país, desde bocados rápidos hasta barras de tapas y restaurantes más formales. Su web destaca que el mercado abrió en 2019 y funciona como puerta de entrada a la diversidad culinaria española en Nueva York.
La alianza también tiene una lectura simbólica. Mercado Little Spain señala que José Andrés lleva años defendiendo las tradiciones culinarias españolas en Estados Unidos y que ha tenido un papel relevante en la introducción del jamón ibérico en ese mercado. La incorporación del Museo del Jamón refuerza esa línea con una marca popular, reconocible y muy vinculada a la barra madrileña.
Qué se podrá comer en el nuevo local de Manhattan
La oferta se centra en productos pensados para compartir en barra. Mercado Little Spain detalla que el nuevo espacio del Museo del Jamón servirá bocadillos y tapas elaborados con jamón y productos ibéricos, además de una selección de embutidos como chorizo, salchichón y lomo. También habrá tablas de quesos españoles.
Entre los precios que se pueden ver en la web del mercado, el bocadillo de jamón ibérico con tomate y aceite de oliva se venderá a USD 16, mientras que el bocadillo de queso manchego costará USD 15, con la posibilidad de sumar chorizo ibérico por dos dólares más.
El concepto apunta a reproducir parte de la experiencia madrileña: producto a la vista, jamones colgados, barra rápida y platos reconocibles. Mercado Little Spain describe al Museo del Jamón como una presencia habitual de la vida diaria en Madrid, conocida por sus bares animados, sus jamones colgados y sus bocadillos recién hechos.
La propuesta no se limita al español que vive o pasa por Nueva York, también busca acercar al consumidor estadounidense una forma de comer muy concreta: el bocadillo sencillo, el corte de ibérico, la tapa compartida y el producto como protagonista. En una ciudad donde la gastronomía funciona como escaparate global, ese formato puede convertir una costumbre madrileña en una experiencia exportable.
Por qué esta apertura puede cambiar el futuro de la marca
El desembarco llega después de más de 45 años de historia. Mercado Little Spain recuerda que el primer establecimiento del Museo del Jamón abrió frente al Museo del Prado y que esta llegada a Nueva York supone el primer cruce del Atlántico para la marca.
Este nuevo local se presenta bajo formato de taberna y que la estrategia de crecimiento de la compañía contempla un plan de expansión a diez años. Según ese medio, la cadena cuenta con siete locales operativos en Madrid y aspira a llegar a 35 establecimientos, con el objetivo de elevar su facturación hasta los 100 millones de euros, frente a los 30 millones actuales.
Luis Alfonso Muñoz, CEO del Museo del Jamón, definió esta apertura como “un pequeño pero significativo paso” y añadió que representa “el viaje de una empresa familiar que ahora comienza a escribir su historia más allá de nuestras fronteras”, según recoge Mercado Little Spain.

La llegada a Manhattan funciona como una prueba de escala. Si el formato encaja en Nueva York, el Museo del Jamón tendrá un argumento fuerte para crecer en otros mercados internacionales. La barra castiza, el bocadillo de ibérico y las tablas de queso entran ahora en una plaza exigente, donde cada propuesta compite por algo más que una mesa: compite por convertirse en hábito.




