

Con el transcurrir de las horas, el mercado poco a poco absorbió el golpe que para Indra representa el rechazo de Alemania y Francia de continuar con el programa FCAS (Future Combat Air System), proyecto de enorme envergadura destinado al desarrollo del avión de combate europeo y en que hay en juego 100.000 millones de euros.
En efecto, ante la primera noticia, una onda de preocupación se expidió por el parqué madrileño, empujando la acción de Indra en una cuesta que le llevó a perder más de un 4% de su valor. Con todo, a la fuerte caída inicial de los títulos, le siguió una ralentización en su desvalorización que alcanza el 0,04% a las 15:36 h.
Si bien España comparte con Francia y Alemania la sociedad ejecutora del proyecto con idéntica participación (33% para cada una de las partes), los dos primeros países están acompañados por empresas nacionales representativas. Así, España va de la mano de Indra Sistemas y Dassault Aviation aparece alineada con Francia; mientras Alemania lo hace con el consorcio europeo Airbus Defense & Space.
El reparto de participación en el FCAS
Estas empresas, además de jugar con uno de los países involucrados, ejercen como coordinadores. Pero la distribución de poder afecta negativamente a Indra, ya que la multinacional española no ejerce influencia a la hora de la toma de decisiones debido a su menor peso industrial en relación a sus socios.
La posición de debilidad de Indra le impidió sentarse a la mesa de negociación que desde hace meses enfrentó a alemanes y franceses. Con todo, los españoles acatan la decisión tomada por las otras dos partes.
Las áreas donde Indra aún tiene oportunidades
Sin embargo, no todo estaría perdido para Indra. Aunque no hay una comunicación oficial, sí muchas voces que afirman la existencia de una alta posibilidad sobre la continuación de otros elementos que también forman parte del proyecto FCAS. Y son precisamente aquellos en los que Indra pude lucir músculo. Nos referimos a los sistemas y el software. Además del desarrollo de una nube de combate, sensores o enjambres de drones.

En rigor, las partes pretenden continuar adelante con la denominada nube de combate, que es el sistema nervioso que serviría para conectar aviones, sistemas de armas, plataformas, sensores y otros componentes en un todo integrado.
Una posible división del trabajo
También se especula en una especie de “división del trabajo” entre las empresas participantes. Pero con una salvedad: mientras Dassault, que desde el inicio buscó hacer valer su condición de ser la única de las tres empresas con experiencia en la fabricación de aviones de combate, podría producir en solitario su aeronave.
España y Alemania unirían fuerzas para la construcción de otro avión, aventura en la que podría sumarse la sueca Saab, que no perdió ocasión en mostrar su mano tendida para tener acceso a una porción del pastel.
¿Qué suerte le espera a Indra?
Para AlphaValue, además del impacto en la facturación, que la cuantifica en 214 millones de euros en 2025, “lo que supone un descenso del 5% respecto al año anterior”, esta decisión priva a Indra de una oportunidad a largo plazo para consolidarse como contratista principal en un gran proyecto europeo.
No obstante, sigue la sociedad de análisis de renta variable, la visibilidad del grupo continúa siendo sólida a corto y medio plazo gracias al programa de modernización español y a la consolidación de TESS Defence, que representan 8.200 millones de euros de una cartera de pedidos total de 11.300 millones a finales de 2025.
Desde XTB sostienen que el verdadero problema fue el choque de intereses comerciales, ya que cada país intentó arrastrar el proyecto hacia su propio terreno “con la idea de acaparar una mayor carga de trabajo con el único fin de asegurar la mayor parte de los ingresos”.
Y recuerdan que Indra era la encargada de desarrollar áreas críticas del avión, principalmente el sistema de sensores y otros componentes tecnológicos esenciales.
Noticia negativa
Los expertos de Banco Sabadell califican de “noticia negativa” la cancelación del caza, aunque creen que el impacto “debería ser limitado, puesto que de todo el proyecto solo se habría cancelado la parte del avión de combate”.
Sostienen que los ingresos de Indra provenientes del FCAS en 2026 representan aproximadamente el 3% del total de ventas. En el caso de Airbus, los analistas no esperan impacto alguno, “ya que las dificultades para sacar este proyecto adelante por las disputas con Dassault eran conocidas, y la cancelación del mismo no afecta a sus estimaciones sobre la compañía”.
El analista de Bankinter, Carlos Pellicer, también echa mano a la memoria y refresca que el proyecto en el que participa Indra tiene como objetivo desarrollar un caza de sexta generación que sustituya al actual Eurofighter Typhoon que comparten Alemania y España y en solitario Dassault Rafale de Francia.
Así las cosas, Pellicer sostiene que el problema surgió porque Alemania comunicó a Francia que su intención de terminar la colaboración para el desarrollo del caza de sexta generación, “a pesar de que el desarrollo de este tipo de capacidades es estratégico para Europa”.
El experto concluye que “según declaraciones recientes del canciller alemán y del presidente francés, existen serias dificultades para mantener el esquema actual de colaboración entre las compañías implicadas, lo que pone en riesgo la viabilidad del programa”.
Vale recordar que las primeras pruebas de vuelo del FCAS debían realizarse entre 2028 y 2029, aunque también hay que destacar que desde hace bastante tiempo la viabilidad del calendario estuvo en duda. En tanto, el desarrollo del caza de combate de sexta generación, en el inicio del proyecto, estuvo previsto para la década de 2040.


