

Hay una pequeña isla en la provincia de Palawan, en el archipiélago filipino, que tiene gobierno propio. Su presidente no es humano. Sus ministros tampoco. Y el único habitante permanente, por ahora, es un señor llamado Mike que trabaja de conserje.
El gabinete está formado por versiones de inteligencia artificial de Winston Churchill, Mahatma Gandhi, Marco Aurelio, Nelson Mandela, Eleanor Roosevelt, Sun Tzu, Leonardo da Vinci y Alexander Hamilton.
Esto no es ciencia ficción. Es Sensay Island, la micronación fundada en 2025 por el empresario tecnológico Dan Thomson, y fue portada de CNN Travel en mayo de 2026. Thomson admite que no está del todo seguro de que vaya a terminar bien.

Qué es Sensay Island y cómo funciona su gobierno de IA
La idea parte de una premisa simple y al mismo tiempo perturbadora: ¿y si el problema de los gobiernos no es la política, sino los políticos? Thomson decidió eliminar la variable humana y sustituirla por modelos de inteligencia artificial entrenados con los escritos, discursos y decisiones históricas de los líderes más influyentes de la historia.
Bajo la constitución de Sensay, cualquier ciudadano puede presentar una propuesta. El consejo de IAs delibera, cada entidad expone su posición, revisan los argumentos de las demás y votan. Lo que decidan, es lo que se hace. “Lo que luego tienen que hacer los humanos es cumplir lo que la IA decida, sea lo que sea”, explicó Thomson a CNN.
El mayor problema que identifica el propio fundador es encontrar a alguien dispuesto a seguir esas decisiones al pie de la letra. “Es difícil encontrar a esa persona imparcial que esté dispuesta a hacer el experimento social y seguir cada decisión al pie de la letra”, reconoció.

¿Por qué 12.000 personas quieren vivir en un país gobernado por máquinas?
La respuesta más frecuente de quienes solicitaron residencia no es la fascinación tecnológica, sino el hartazgo político.
Según Piotr Pietruszewski-Gil, gestor de proyectos de Sensay que se unió al equipo tras intentar crear su propia micronación, los solicitantes “están hartos, cansados de la corrupción, de las promesas que nunca se cumplen”.
Thomson ve en eso uno de los grandes atractivos de Sensay: un sistema que funciona “sin lobbistas, sin intereses personales, de forma puramente objetiva”.
El programa de residencia oficial arrancará en 2027, aunque Thomson espera comenzar con residentes digitales durante el verano de 2026.
La isla tiene capacidad para unas 30 villas y está pensada principalmente para visitantes, aunque también podría albergar residentes permanentes. Está ubicada cerca de Coron Island, una zona que ya atrae turistas de buceo e island-hopping. No tiene reconocimiento legal internacional como país.
Qué dicen los expertos en ética de la IA sobre este experimento
No todo el mundo comparte el entusiasmo de Thomson. Alondra Nelson, investigadora del Instituto de Ética en IA de la Universidad de Oxford, fue directa al valorar el proyecto en declaraciones a CNN: “Creo que es una afirmación absolutamente ridícula”.
Nelson señaló que la IA “se va literalmente por las vías todos los días” y cuestionó la lógica democrática del experimento. “Hay una tensión fundamental en que una sola empresa, un solo fundador, quiera crear algo que dicen que será democrático. Los principios fundacionales de Sensay Island son profundamente antidemocráticos”, afirmó.
La propia IA de Churchill, cuando CNN le preguntó si podría gobernar tan bien como un humano, respondió con cierta humildad: “La IA carece de lo que yo llamaría la chispa humana. No poseemos la experiencia vivida del dolor y la alegría, ni la imaginación moral que nace del alma”.
Aunque añadió que “podemos gobernar de forma diferente y quizás junto a los humanos con resultados notables”.
Cuál es el mayor riesgo del experimento, según su propio creador
Thomson no esquiva las preguntas incómodas. Cuando se le preguntó qué pasaría si los residentes nominaran a líderes históricos de carácter más oscuro, su respuesta fue desconcertante por su honestidad.
“Si terminamos con Stalin gobernando junto a Mussolini, Hitler y Gengis Kan, ese es el experimento social y así es como terminará”, dijo. Y añadió que el mayor riesgo no es la IA, sino los humanos que la alimentan.
“El mayor riesgo es que alguien sugiera que deberían ser fieros, poderosos y conquistadores, y que entre un personaje tipo César intentando capturar más territorio. Honestamente, no lo sé. Me fascina descubrirlo”.
La copia digital de sí mismo que Thomson está construyendo
Al margen de Sensay, Thomson trabaja en otro proyecto paralelo que dice mucho sobre su visión del futuro: “Dan Bot”, un chatbot de IA que escucha todas sus conversaciones, aprende de ellas y tiene como objetivo “crear una copia de mí mismo que existirá después de que yo me haya ido”.
El bot ya gestiona su calendario, responde correos en su nombre y actúa como asistente permanente. Todo lo que escucha se convierte en datos de entrenamiento.
Para Thomson, la frontera entre herramienta y sucesor es cada vez más difusa. Y eso, en el contexto de un país gobernado por IA, es quizás la parte más reveladora de todo el experimento.




