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A través de Cancillería argentina, el Gobierno de Javier Milei confirmó que el encargado de Negocios de Irán, Mohsen Soltani Tehrani, abandonó el país, luego de que se le diera 48 horas para irse.
“En cumplimiento de lo dispuesto por el Gobierno argentino el ex Encargado de Negocios a.i. de la República Islámica de Irán ya ha abandonado el territorio nacional”, anunció el canciller Pablo Quirno en su cuenta de X.
La decisión de Argentina se da en el marco de la guerra que Irán mantiene contra Israel y Estados Unidos, principales socios en materia geopolítica del Gobierno de Milei, desde que los aliados atacaran a la república islámica el pasado 28 de febrero.
La resolución de Cancillería fue una consecuencia directa del comunicado iraní que cargó contra el Gobierno argentino por su supuesta “responsabilidad internacional” en la proliferación del conflicto bélico luego de que Argentina declarara a la Guardia Revolucionaria Islámica como una organización terrorista. El texto llegó al final de semanas de tensión acumulada en las que el propio Soltani Tehrani había tenido un rol central.

En el escrito de la cartera liderada por Quirno, se explica que la decisión de expulsar al funcionario iraní se adoptó “de conformidad con el artículo 9 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961”, el cual permite que un Estado pueda echar a un representante extranjero.
El comunicado argumenta que la expulsión de Soltani Tehrani responde a un pronunciamiento previo de la Cancillería iraní, que, según el Gobierno argentino, contenía acusaciones “falsas, ofensivas e improcedentes” contra el país y sus autoridades.

En esa línea, apuntaron a la “persistente negativa del régimen iraní a cooperar con el sistema judicial argentino en la investigación del atentado contra la AMIA”, así como al “nombramiento de personas buscadas por la justicia argentina para ocupar altos cargos en el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI)”.
La Cancillería argentina afirmó que el país “no tolerará agravios ni injerencias indebidas en sus asuntos internos y responderá con firmeza ante cualquier acción que afecte su soberanía”.
El comunicado señala, además, la falta de cooperación de Irán con la Justicia argentina en las investigaciones de los atentados contra la Embajada de Israel en Buenos Aires en 1992 y contra la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en 1994, y su “reiterado incumplimiento de las órdenes internacionales de detención y extradición de los responsables”.
Conflicto Argentina-Irán: una escalada que viene de lejos
El origen de este quiebre puede rastrearse en febrero de este año, cuando la Oficina del Presidente celebró la operación militar conjunta de Estados Unidos e Israel que terminó con la vida del líder supremo iraní Alí Jamenei, y recordó que Argentina había sido “objetivo” de uno de sus “actos terroristas”: el atentado a la AMIA de 1994, que dejó 85 muertos.
Semanas después, Milei declaró en Nueva York que “Irán es nuestro enemigo” y se definió como “el presidente más sionista del mundo”, lo que desató una respuesta formal de Teherán. El gobierno iraní calificó la medida como un “error estratégico” y un “insulto imperdonable” al pueblo iraní, vinculándola con lo que describió como una alineación del gobierno de Milei con Washington y el “régimen sionista”.
En ese marco, el propio Soltani Tehrani había intentado matizar la situación distinguiendo los dichos de Milei de la posición del pueblo argentino. “Si él se presenta como el presidente más sionista del mundo, entonces podría considerarse enemigo de Irán —dijo—, pero en todo caso sería él, no el pueblo argentino”. Esos dichos no le alcanzaron para sobrevivir diplomáticamente.






