Se espera que la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ayude a los exportadores chinos a ganar cuota de mercado global frente a rivales en países más afectados por los altos precios de la energía y los shocks en las cadenas de suministro, según economistas.
Las fábricas chinas deberían poder mantener una producción estable gracias a las amplias reservas de petróleo del país y a sus fuentes de energía domésticas, señalaron, mientras que la disrupción en los mercados de petróleo y gas causada por la guerra podría impulsar a largo plazo un giro hacia energías verdes que beneficiaría a la industria china.
“Se podría ver claramente a China ganar más cuota de mercado global como resultado del shock energético”, afirmó Fred Neumann, economista jefe para Asia en HSBC.
Cualquier impulso al potente sector exportador chino generará preocupación entre los productores de Europa y el sudeste asiático, muchos de los cuales ya enfrentaban dificultades para sostener su participación de mercado frente a los bienes chinos con precios competitivos.
Sin embargo, Neumann y otros analistas advirtieron que el desempeño de los fabricantes chinos dependerá del impacto de la guerra sobre el crecimiento económico global. “Sigue siendo una incógnita si la demanda final se mantendrá”, dijo.
China ha dependido fuertemente de las exportaciones en los últimos años para compensar la debilidad de la demanda interna, en gran parte derivada de una profunda desaceleración en su sector inmobiliario. Tras alcanzar un superávit comercial récord de u$s 1,2 billones el año pasado, las exportaciones chinas crecieron casi un 22% interanual en los dos primeros meses de 2026.
Beijing también ha impulsado la inversión hacia sectores de mayor valor agregado y nuevas energías, incluidos los vehículos eléctricos y los paneles solares.
Capital Economics estima que el crecimiento de las exportaciones chinas en 2026 alcanzará el 6%, por encima del 5% previsto antes de la guerra en Irán.
Julian Evans-Pritchard señaló que el país está “bien posicionado para ganar cuota de mercado exportadora global” y agregó que “es probable que los costos energéticos no aumenten tanto como en otros países”.
Datos oficiales publicados el martes mostraron que el índice de gestores de compras (PMI) de China se ubicó en 50,4 en marzo, señalando una expansión de la actividad fabril tras dos meses de contracción. Una lectura por encima de 50 indica expansión.
Economistas de Citigroup señalaron que, a un mes del inicio del conflicto, la industria china parece estar resistiendo la crisis. Solo alrededor del 6% del consumo energético de China depende de importaciones del Golfo, lo que aísla en cierta medida a los productores del aumento de costos energéticos que enfrentan sus competidores.
“Salvo una crisis petrolera prolongada y de gran escala, la resiliencia del lado de la oferta en China podría incluso permitirle ampliar su cuota de mercado exportador, replicando la dinámica observada durante el shock del Covid en 2020”, afirmó el economista de Citi Xiangrong Yu en una nota de investigación.
Añadió que “la estrategia energética de largo plazo de China —centrada en invertir en renovables, diversificar fuentes de importación y construir reservas estratégicas— la deja mejor protegida que sus pares industriales”.
No obstante, China sí depende en mayor medida de la región para algunos insumos industriales específicos. Más de la mitad de su azufre, por ejemplo, proviene de Medio Oriente.
Exportadores en los centros industriales de la costa este de China reportaron un aumento de pedidos de clientes extranjeros preocupados por la resiliencia de las cadenas de suministro en el sudeste asiático, donde países como Vietnam, Tailandia e Indonesia dependen en gran medida del petróleo de Medio Oriente.
Un gerente de una empresa exportadora de prototipos en Hangzhou, en la provincia de Zhejiang, señaló que desde fines de marzo hay señales de que muchos clientes de EE.UU. y Europa están revirtiendo sus estrategias “China plus one”, bajo las cuales habían trasladado producción —frecuentemente al sudeste asiático— para diversificarse y evitar aranceles estadounidenses.
“Un cliente me dijo que está considerando trasladar algunos pedidos desde Vietnam y Camboya de vuelta a China”, indicó el gerente, quien prefirió no ser identificado, y agregó que las disrupciones vinculadas al shock petrolero de la guerra con Irán afectaron la actividad económica y los plazos de entrega en Vietnam.
Huang, director ejecutivo de un fabricante de componentes electrónicos en Ningbo, también afirmó que las consultas de clientes estadounidenses se dispararon. “La demanda creció con fuerza; ahora necesitamos entrar en negociaciones detalladas de precios”, dijo.

Añadió que estuvo visitando proveedores para asegurarse de que puedan cumplir con los plazos de entrega si su empresa obtiene nuevos pedidos.
A mediano plazo, la crisis también podría acelerar la adopción de energías renovables y vehículos eléctricos, lo que beneficiaría a China, líder en tecnología verde.
Sin embargo, los márgenes de ganancia de los fabricantes chinos —ya presionados por más de tres años de deflación— no son inmunes a los aumentos de precios derivados del shock energético, señalaron economistas.
Se espera que la crisis del petróleo genere presiones inflacionarias que compensen parcialmente la deflación en China, aunque los economistas advierten que se trataría de una inflación “de mala calidad”, impulsada por mayores costos y no por una demanda más fuerte.
“La inflación importada pesará sobre la economía china”, afirmó Huang Yiping, miembro del comité de política monetaria del banco central, en declaraciones a medios en Pekín.
“Aun así, con la inflación actualmente contenida, todavía hay margen para absorber estas presiones externas”, agregó. “Mucho dependerá de cuánto dure el conflicto en Medio Oriente y de cuán severo sea”.
En períodos previos de precios elevados del petróleo, el retorno sobre el capital de las empresas chinas cotizantes tendió a ser más bajo, señaló Larry Hu.
“Los sectores upstream, como los productores de energía, se beneficiarán… pero los sectores downstream, como el consumo discrecional, podrían verse afectados porque no pueden trasladar el aumento de costos”, escribió.
Li, gerente de un fabricante de plásticos en Wenzhou, indicó que el costo de algunos insumos se disparó, con retardantes de llama como el poliestireno bromado duplicando o triplicando su precio.
“Este marzo vamos camino a una pérdida récord”, dijo. “Para sobrevivir, debemos atravesar la tormenta junto a nuestros clientes; tenemos que compartir los costos”.
La demanda del consumidor en China también podría verse afectada. El gobierno controla los precios de los combustibles y ha protegido a los consumidores del impacto total del shock petrolero, pero la semana pasada anunció el mayor aumento registrado en los precios minoristas de la gasolina y el diésel.
Usuarios de redes sociales en China publicaron imágenes de filas en estaciones de servicio antes del aumento de precios.
“¡Una locura total! Primera vez en mi vida que veo una estación sin combustible”, escribió un usuario de Guangdong en Xiaohongshu. “El combustible todavía no llega, pero los autos ya están haciendo fila hasta la calle”.
Una mayor debilidad de la demanda interna podría llevar a los productores chinos a depender aún más del comercio exterior.
Hui Shan advirtió que, aunque menores márgenes incentivarían a los productores chinos a exportar más, el shock energético también reducirá la capacidad de los mercados externos para absorber esos productos.
“Las exportaciones chinas seguirán creciendo y ganando cuota de mercado, pero con la guerra en Irán, ese crecimiento será más lento de lo que podría haber sido”, concluyó.





