El contrato de soja para la campaña 2026/27 alcanzó los u$s 365 por tonelada, el segundo valor más alto para esta época del año en las últimas once campañas. El valor de la oleaginosa se ubica casi 30% por encima del promedio de la última década, señaló la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), en su último informe.

Detrás del rally aparecen factores extraordinarios que generan incertidumbre en el mercado internacional, elevan la volatilidad y llevan a los especialistas a comenzar a cubrir precios: desde la demanda china hasta la guerra en Ucrania y el conflicto en Medio Oriente.

Esa volatilidad quedó en evidencia este lunes. Los futuros de la soja en Chicago retrocedieron luego de que China anunciara una reducción de aranceles para una amplia gama de productos agropecuarios estadounidenses, como maíz, trigo, carnes y lácteos, aunque mantuvo excluida a la soja, que seguirá pagando un arancel adicional del 10%.

Aun así, tras la cumbre que mantuvieron la semana pasada en Washington el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su par de China, Xi Jinping, el mercado interpretó el acuerdo como una señal de distensión en la relación comercial entre los líderes globales y los contratos de soja operaban con bajas cercanas al 1,4% (u$s 9 por tonelada).

US President Donald Trump visits China
US President Donald Trump visits ChinaMaxim Shemetov / POOL

Al mismo tiempo, marcó que el maíz también recuperó terreno y escaló hasta u$s 208,5 por tonelada, más de u$s 25 por encima de los valores de comienzos de julio.

Sin embargo, el informe refleja que detrás de esos precios hay una historia más compleja que un simple rebote del mercado.

Para los analistas de la BCR, buena parte de la mejora responde a una combinación de factores extraordinarios que sostienen las cotizaciones, pero que también aumentan la incertidumbre sobre su continuidad.

En el caso de la soja, uno de los motores fue la demanda de China por mercadería estadounidense. Durante agosto, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) confirmó reiteradas ventas privadas al gigante asiático, mientras que los informes semanales comenzaron a mostrar un deterioro en el estado de los cultivos norteamericanos, afectados por condiciones climáticas menos favorables.

En tanto, el maíz, encontró impulso en una menor expectativa de producción global, según la BCR. El USDA proyecta una caída cercana a las 30 millones de toneladas en la cosecha estadounidense por una combinación de menor superficie sembrada y temperaturas extremas, a lo que se suma una fuerte sequía en Europa que también redujo las perspectivas productivas.

La geopolítica entra en escena

Pero el factor que más preocupa a los operadores excede al clima. La escalada de los conflictos internacionales volvió a incorporar una importante prima de riesgo geopolítica sobre los precios agrícolas.

Por un lado, la guerra entre Rusia y Ucrania volvió a afectar uno de los principales corredores mundiales de exportación de granos luego de las restricciones al tránsito de buques por el estrecho de Kerch.

El estrecho de Ormuz, paso obligado para una quinta parte del comercio mundial de petróleo y gas. Foto: Reuters.
El estrecho de Ormuz, paso obligado para una quinta parte del comercio mundial de petróleo y gas. Foto: Reuters.

Al mismo tiempo, el bloqueo del estrecho de Ormuz impulsó el precio internacional del petróleo desde niveles cercanos a los u$s 60 hasta superar los u$s 100 por barril, fortaleciendo también las cotizaciones de la soja y el maíz por su utilización en la producción de biocombustibles.

“Este es el punto central para la decisión comercial: una porción relevante de los precios actuales responde a una prima de riesgo geopolítica, lo que otorga mayor volatilidad a los precios”, sostienen Ana Rubicondi, Emilce Terré y Julio Calzada, autores del informe rosarino.

En ese contexto, los especialistas consideran que “no parece mal momento para comenzar a tomar posición y aprovechar el alza de las cotizaciones”, aunque aclaran que la estrategia dependerá del perfil y las necesidades de cada productor.

Para la BCR, justamente allí aparece la principal señal de alerta. Si una parte importante del valor actual responde a una prima asociada a conflictos internacionales, cualquier cambio en ese escenario puede traducirse en movimientos bruscos de las cotizaciones.

Por eso, aunque la campaña recién comienza, consideran que el contexto abre una ventana para empezar a analizar estrategias de cobertura de precios. “No existe una estrategia superior o peor a las demás: cada una apuesta a un escenario distinto y el orden de conveniencia cambia según las expectativas del productor”, concluyó el informe.