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El presidente Javier Milei participará este lunes y martes de la cumbre de jefes de Estado del Mercosur en Asunción, Paraguay, en un escenario atravesado por profundas fracturas políticas con Brasil y reclamos cruzados que amenazan con paralizar la agenda del bloque regional. A su vez, la visita del mandatario argentino se produce en paralelo a la crisis política del oficialismo, tras la renuncia de Manuel Adorni como jefe de Gabinete.
Tras un fugaz paso por España, Milei llegará a la reunión marcada por el recelo del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva ante el reciente acuerdo arancelario bilateral firmado entre Buenos Aires y Washington, las discrepancias en torno a la solicitud argentina para ingresar al Tratado Transpacífico y el veto inflexible de la administración libertaria a la posible reincorporación de Venezuela.
El encuentro regional, que contará con la presencia confirmada de siete mandatarios y diversas delegaciones internacionales, mantendrá como ejes oficiales el seguimiento del pacto comercial con la Unión Europea y el inicio de negociaciones formales con Japón.
Cumbre del Mercosur: fricción regional y un bloque bajo tensión
Sin embargo, el debate de fondo estará dominado por la inquietud de la diplomacia brasileña respecto a las eventuales distorsiones comerciales que podría generar la eliminación de aranceles para más de mil seiscientos productos estadounidenses dispuesta por el Gobierno argentino en febrero.
La postura de Brasilia sostiene que cualquier alianza estratégica con Estados Unidos debe compatibilizarse estrictamente con la política arancelaria común del Mercosur.
A este foco de conflicto se suma la formalización del pedido de adhesión de la Argentina al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico, una gestión impulsada por la Cancillería que abre un interrogante geopolítico inédito al situar al país en un mismo espacio comercial con el Reino Unido.

Viaje internacional en medio de la salida de Adorni
La participación de Milei en el Mercosur también ocurre en medio de una crisis interna del gobierno tras la salida de Manuel Adorni por sus escándalos sobre su patrimonio, que sacudió la gestión libertaria. La decisión del Ejecutivo se aceleró frente a las presiones judiciales y parlamentarias, que ya no podían seguir aplazando definiciones.
La salida de Adorni se dio por etapas: la primera fue la semana anterior, cuando el presidente Milei decidió que no podía sostenerse el vacío en la vocería y designó a Adrián Ravier como nuevo portavoz presidencial. Luego se fue el segundo de Adorni, Javier Lanari, para ser reemplazado por Fabián Fernández en la secretaría de Comunicación.
Esto fue luego de seis meses de una resistencia que parecía inquebrantable. Milei y el Gabinete tuvieron que ir a apoyarlo presencialmente al Congreso para su primer informe de gestión. En varias oportunidades, el presidente alegó que no iba a soltarle la mano a alguien que consideraba honesto. Sin embargo, comenzó a correrse de esa postura en los últimos días.

Primero, cuando condicionó la continuidad del funcionario a un fallo judicial. “Si lo consideran culpable, lo eyecto de una patada”, señaló en una entrevista por El Observador España. Este gesto lo ratificó en las últimas horas, al retuitear un mensaje de Patricia Bullrich, una de las figuras del oficialismo que más había cuestionado a Adorni.
“La confianza y la ética son dos elementos fundamentales para profundizar el cambio que el Presidente, la gente y todo el país estamos construyendo”, sostuvo la senadora por X, que tuvo el respaldo del mandatario por la misma vía.


