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El presidente Javier Milei aprovechó su discurso ante la Asamblea General para ofrecer ante la comunidad internacional algo más que un posicionamiento sobre las relaciones multilaterales o la política exterior del país.
El jefe de estado habló de la inteligencia artificial en un contexto en el que se debate la necesidad de limitarla. El líder libertario, en cambio, no sólo se alineó con las posiciones suscriptas por el norteamericano Donald Trump, sino que redobló la apuesta por el desarrollo de la tecnología.
Milei enumeró los activos con los que cree que la Argentina puede competir, energía, minerales críticos y talento, y prometió un marco de no regulación preventiva, beneficios fiscales y responsabilidad limitada para las empresas del sector.
A la crítica activa y retrospectiva contra los tecnofobos, Milei hizo una propuesta concreta para aprovechar el impulso de la inteligencia artificial.
La oferta libertaria para una industria, la de la IA
“Tenemos los minerales críticos, la energía, el talento y la capacidad para competir en cada eslabón de esa cadena de valor”, afirmó Milei en su discurso, y prometió un marco jurídico de vanguardia y su compromiso de no regular preventivamente la inteligencia artificial.
Hace pocos días, Donald Trump había ido en el mismo sentido.
“Ahora llevamos la delantera frente a China y al resto del mundo, ¡y voy a mantener esa posición! No voy a frenar el crecimiento de algo que será más grande que la Revolución Industrial o que Internet mismo”
Se trata no sólo de una apuesta económica. Es más bien, un posicionamiento ideológico que remonta sus antecedentes a la revolución industrial del siglo XIX.
El presidente parangonó a quienes piden limitar la IA con el movimiento ludita, que nació en las sociedades industrializadas y se componía de trabajadores que boicoteaban a las empresas destruyendo las máquinas.
“A modo de ejemplo, tomemos la Revolución Industrial. Al momento de su llegada, en el mundo habitaban unos 800 millones de seres humanos. A su vez si en línea con los luditas y pesimistas de siempre, como esta casa, en el mejor de los casos el empleo se hubiera mantenido constante dado que hoy la población se ha multiplicado por más de 10 veces, entonces según estas hipótesis disparatadas la tasa de desempleo en el mundo sería de un 90%”, dijo.
Energía, minerales y talento: los tres pilares de la apuesta argentina en IA
La referencia a la energía dialoga con la estrategia que el Gobierno viene impulsando alrededor de Vaca Muerta y la expansión de la oferta energética, un insumo considerado clave para el funcionamiento de centros de datos y modelos de inteligencia artificial de gran escala.
Los minerales críticos, por su parte, remiten a otra agenda que comenzó a cobrar fuerza durante el último año.
Argentina se incorporó recientemente a la iniciativa internacional conocida como Pax Silica, impulsada por Estados Unidos para fortalecer las cadenas de suministro de materiales estratégicos.
Además del litio y el cobre, el país identificó recursos de tierras raras como neodimio, praseodimio y lantano, insumos fundamentales para tecnologías de alta complejidad, aunque todavía sin explotación industrial.
El tercer elemento es el talento. Milei volvió a presentar al capital humano argentino como uno de los principales activos para competir en industrias intensivas en conocimiento.
Una estrategia que quiere ir más allá del discurso
En la ONU, Milei reafirmó que la Argentina eligió alinearse “sin ambigüedades” con Occidente y vinculó explícitamente el liderazgo tecnológico con esa definición estratégica.

“Es necesario que sea Occidente quien lidere el desarrollo de la tecnología”, sostuvo al defender que la inteligencia artificial avance bajo valores asociados a la libertad y la propiedad privada.
De esa manera, la inteligencia artificial dejó de aparecer únicamente como un tema tecnológico para convertirse en una pieza de la política exterior y económica del Gobierno.
¿Una política industrial libertaria?
El discurso también deja abierta una discusión conceptual.
Durante los primeros años de gestión, el Gobierno evitó hablar de políticas industriales. De hecho, el secretario de Coordinación de Producción, Pablo Lavigne, sintetizó esa filosofía con una frase que se volvió representativa: “La mejor política industrial es la que no existe”.
Sin embargo, la intervención de Milei en la ONU puede interpretarse como el esbozo de una estrategia sectorial de nuevo tipo.
No propone subsidios, cupos, protección comercial ni un esquema tradicional de promoción industrial. En cambio, identifica una industria específica, enumera los recursos con los que el país cree poder competir y promete un marco regulatorio y tributario diseñado para atraer inversiones.
En ese sentido, el discurso podría leerse como la aparición de una política industrial libertaria para la inteligencia artificial: una estrategia que no busca desarrollar un sector mediante mayor intervención estatal, sino ofreciendo menos regulación, incentivos fiscales y un entorno jurídico favorable para captar empresas globales.





