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A su vuelta de Hungría, al presidente Javier Milei lo esperó todo aquello que dejó en pausa cuando subió al avión. Nada de lo que ocurre en la Argentina se diluye con millas acumuladas. Al contrario: el ruido crece en su ausencia.
El viaje tuvo poco de estratégico si se lo mide en términos económicos. Hungría, más allá de su afinidad ideológica, es un socio marginal para la Argentina: puesto 95 como destino de exportaciones y 55 como origen de importaciones, según OEC World.
Hay otro dato que comparten Argentina y Hungría: son los dos países que registran la mayor caída en su industrialización entre 2024 y 2025, acorde a los registros de ONUDI. un 7,9% y un 8,2%, respectivamente. Los números son claros. La política no siempre se apalanca sobre lo racional.
Budapest funcionó más como refugio que como plataforma. La sintonía con Viktor Orbán le ofrece a Milei un escenario cómodo, donde su narrativa encuentra eco. Pero esa comodidad externa contrasta con la incomodidad doméstica. Lo que se presenta como batalla cultural termina operando como una fuga hacia adelante.
En estas latitudes, la realidad no da tregua. El escándalo LIBRA sigue activo —con el celular de Mauricio Novelli convertido en un agujero negro que amenaza con absorber todo a su alrededor—. Se suman las dudas sobre la capacidad financiera del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y los rumores de desplazamiento que el oficialismo intenta apagar antes de que prendan.
Más profundo, empiezan a aparecer grietas en el corazón del relato oficial: desempleo en alza, el consumo que se recupera en 2025 pero se concentra en segmentos altos y una inflación estacionada en el 3%. Las fisuras en el relato del “esfuerzo” se vuelven así cada vez más notorias.
Acorde al director de la consultora T+1, Juan Manuel Telechea, el Gobierno omite corregir el PBI desestacionalizado por el crecimiento poblacional cuando sale a festejar el viernes un “récord histórico” en sus redes sociales.
No hay ningún récord del PBI. La manera correcta de mirarlo es corrigiendo por el crecimiento poblacional. Hoy estamos casi 9% de los niveles (récord) de 2011. pic.twitter.com/kt3XTwOlmf
— Juan Manuel Telechea (@jmtelechea) March 20, 2026
El problema del horizonte
En ese contexto, empiezan a escucharse voces que, incluso desde sectores afines, introducen matices. En diálogo con El Cronista Stream, el empresario Ignacio Noel puso en palabras lo que muchos piensan en privado pero pocos se atreven a decir por temor a ganarse un apodo del Presidente: la reforma laboral sirve pero no alcanza para generar empleo sin un horizonte de negocios detrás.
Esa advertencia cobra más peso con los datos en la mano. Esta semana se conoció que el desempleo trepó al 7,5% en el último trimestre de 2025. No es solo el número: es la tendencia. Dos puntos por encima de 2023. Un punto más que el año anterior.
Y cuando se mira en detalle, el problema se agrava. Los jóvenes son los más afectados. Las mujeres menores de 29 años pasaron del 13,8% al 16,8%. Los varones, del 12,5% al 16,2%. El empleo formal cae y se afianza el desacople que varios analistas vienen advirtiendo entre el crecimiento -desigual en la Argentina, por sector- y la generación de trabajos en el sector privado formal.

Un dato nuevo: ni siquiera el informal crece ya al mismo ritmo. Incluso los asalariados buscan compensar: un tercio trabaja más de las 45 horas semanales. “¿Se empezaron a agotar las modalidades refugio? Eso lo sabremos dentro de un tiempo. Por lo pronto, en el cuarto trimestre de 2025 se vio algo de eso”, advirtió Luis Campos, investigador del Instituto de Estudios y Formación de la CTA – Autónoma.
Ahí aparece el verdadero dilema del Gobierno: cómo sostener la tolerancia social. Ese activo —difuso pero clave— es el que le permitió avanzar con el ajuste sin que el sistema se rompa. Pero no es infinito. La paciencia social tiene límites. Y cuando el horizonte se vuelve incierto, el relato empieza a crujir. Es una luz de alerta cuando el Gobierno vuelve a acariciar la motosierra porque necesita ajustar aún más su gasto y ya activa nuevos retiros voluntarios para achicar la plantilla estatal.
Ese es el problema del año tres. El más incómodo. El que viene después del envión electoral, cuando la épica ya no alcanza y la realidad empieza a pedir resultados. Un relevamiento de Opina Argentina, aún no publicado, expone ese desfasaje: mientras el Gobierno sostiene que el mercado laboral debe ordenarse solo, la principal preocupación social vuelve a ser el miedo a perder el trabajo.
Facundo Nejamkis, Analista Político, pasó por #Toti910 con @totipasman y habló sobre la imagen del gobierno.
— Radio La Red - AM 910 📻 (@radiolared) March 19, 2026
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“En los últimos dos años la preocupación que pica en punta es la desocupación”, señaló su director, Facundo Nejamkis, en una entrevista por radio La Red. Hay otro dato que empieza a inquietar en la Rosada. La imagen perfora el piso simbólico del 40%. Un número psicológico que puede tener efectos el año próximo si no se revierte, aunque hoy no represente una amenaza desde la gobernabilidad.
“Cuando domina el pesimismo, empieza lentamente a producir una degradación en la imagen del Gobierno y del Presidente. Y tenés un fenómeno que no lo tenías en los dos años anteriores que son referentes de la oposición con mejor imagen que el Presidente: Axel Kicillof”, indica el analista.
El 2027 ya empezó (aunque nadie lo diga en voz alta)
Mientras el Gobierno lidia con su presente, el futuro empieza a tomar forma. El mapa del desempleo tiene un epicentro claro: la provincia de Buenos Aires. GBA, La Plata, Mar del Plata, San Nicolás. Allí se concentra la mayor presión social. Y también el potencial político.
Kicillof lo sabe. Por eso empezó a moverse. Incluso hacia la Ciudad, donde presentó la pata porteña del Movimiento Derecho al Futuro. No es solo un gesto hacia afuera. También ordena hacia adentro a un peronismo que deberá converger una vez más para mantenerse competitivo en un año. Su desempeño fue bueno en 2025 aunque quedó eclipsado por la ola violeta. Con todo, si el PRO y LLA van divididos, sigue teniendo una remota posibilidad.

Del otro lado, Mauricio Macri reaparece con un PRO que intenta redefinirse como “el próximo paso” sin romper con Milei. Un equilibrio inestable. La Ciudad aparece como el último bastión. El Álamo amarillo. Allí la pelea es directa con los libertarios, que ya no ven ese territorio como inexpugnable.
En la Provincia, el alineamiento con Santilli es más cómodo, si el ministro del Interior logra su propósito de ser candidato a gobernador en una alianza bicolor. En CABA, no. Allí la apuesta de los amarillos de pura cepa sigue siendo hoy Jorge Macri.
Pese a haber quedado disminuidos en el juego legislativo, su articulador en Diputados, Cristian Ritondo, hace números y juega con el peso de esas 12 bancas que pueden marcar la diferencia entre la victoria y la derrota para el oficialismo. “Nos siguen necesitando, por cantidad y calidad”, aseveró un estrecho colaborador del titular del bloque a este medio.
En la votación de la Reforma Laboral, Santilli tuvo que hacer uso de su línea amarilla para pedirles que acompañen el Título 1 de la ley pese a que incluía un artículo con la eliminación de las billeteras virtuales como mecanismo de cobro de salarios, un punto que defendía el PRO. Corrían riesgo de perder por completo la norma en la primera votación en particular.

Pero el problema del PRO no es sólo táctico. Es estratégico. Nadie termina de entender cuál es el plan final de Macri. “Un día se levanta con ganas de hacer política y al otro día se lo ve en un boliche en San Fernando”, ironiza un dirigente del espacio.
En paralelo, el peronismo federal vuelve a recorrer las provincias. El kirchnerismo no se queda atrás y envía a Wado de Pedro y Mariano Recalde a marcar presencia. Y en ese tablero en movimiento aparece un factor inesperado: otro outsider para pararse en un mano a mano con Milei.
El operativo clamor por el pastor Dante Gebel empieza a tomar forma de la mano de Consolidación Argentina. Un microestadio lleno, 35 oradores, un armado transversal que nuclea a gremios, peronismo, exfuncionarios del PRO y hasta libertarios de la primera época.
Incluso afirman contar con el apoyo de exponentes del Senado nacional y un gobernador. “¿Martín Llaryora?”, consultó El Cronista: el secretario de Culto de su provincia, Mariano Almada, fue uno de los que tomó la palabra esa noche. “Estamos hablando con varios”, retrucaron desde la organización del operativo clamor. La única ausencia fue la del presidenciable que no termina de definirse.
¿Hay margen para repetir ese esquema? Un dato que arroja otro estudio inédito que había adelanto este medio, esta vez de los consultores Shila Vilker (Trespuntozero) y Raúl Timerman (La Sastrería), indica que sí: el 42,1% estaría dispuesto a votar un candidato opositor a Milei y su resistencia es menor si no se trata de una opción peronista.
Desde Consolidación Argentina, aseguran, no tienen dudas que Gebel será candidato. Pero aún si no lo fuera, hay un Plan B. “Será otra figura -¿podría ser un gobernador?- o haremos un acuerdo para acompañar la opción que creamos la más idónea. Dijeron que Milei iba a romper el sistema y lo hizo, por eso ya no estamos hablando de ideologías sino de principios”, enfatizó uno de los articuladores en diálogo con El Cronista.
El sistema ya se rompió una vez. Nadie descarta que vuelva a pasar.






