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Javier Milei llegó a la Casa Rosada gracias a una campaña que incluía un discurso fuerte contra la llamada casta política y con palabras agresivas contra la moneda nacional; ideas que -con el correr del tiempo- fueron mutando en la percepción social.
El equipo económico del Gobierno avanzó con una liberación parcial del cepo y, además, contuvo el tipo de cambio, que hoy aparece sostenido por la compra del Banco Central. De no ser por la intervención compradora, podría estar mas apreciado. Mientras tanto, los economistas opositores hablan de un retraso del tipo de cambio.
La idea de dolarización fue cambiando para el Gobierno. O, por lo menos, el presidente Javier Milei fue dando explicaciones sobre aquella idea. En algún momento habló de “competencia de monedas” y, más recientemente dijo que “no se puede dolarizar porque la gente no quiere hacerlo”.
Sobre ese punto indagó la más reciente encuesta de la Universidad de San Andrés y existe una aceptación relativamente amplia de que la economía siga funcionando en pesos.
En ese sentido, realizaron un “experimento” que dividió a los encuestados en tres grupos y les presentaron distintas explicaciones sobre por qué Milei finalmente no dolarizó.
A uno le ofrecieron el argumento político: “la gente no quería dolarizar”; al otro el argumento técnico, es decir, que “no estaban dadas las condiciones económicas y faltaban reservas”.
En todos los casos, más del 63% está de acuerdo con no haber dolarizado. Cambia la justificación, cambia quién lo dice, pero no cambia demasiado la respuesta social.
Para los investigadores, la sociedad ya “internalizó” que la dolarización no era viable o deseable en este contexto.
Luego, cuando preguntan en qué moneda preferirían cobrar el salario, el 47% responde pesos y solo el 29% dólares.

Las diferencias partidarias definen la dolarización
La encuesta encontró que la preferencia por pesos o dólares cambia muchísimo según la identidad política del encuestado.
Por ejemplo, entre votantes de Milei, el 43% preferiría cobrar en dólares y 32% en pesos, mientras que entre votantes de Massa el 53% prefiere pesos y 17% dólares. Entre quienes se identifican con la derecha, el 51% quiere cobrar en dólares.
También aparecen diferencias relevantes cuando se observa la edad y el nivel socioeconómico de los encuestados. Entre los jóvenes de 18 a 29 años el respaldo a cobrar en dólares es considerablemente más alto que en las franjas etarias mayores, algo que los investigadores vinculan tanto con la experiencia inflacionaria como con una relación mucho más cotidiana con monedas digitales, ahorro dolarizado y plataformas financieras.
En cambio, entre los mayores de 50 años predomina una preferencia más clara por seguir cobrando en pesos, lo que parece reflejar una mirada más asociada a la estabilidad institucional y a la idea de conservar una moneda nacional aun en un contexto de inflación persistente.
Las diferencias también se profundizan por nivel socioeconómico. Los sectores altos y medios-altos muestran mayor predisposición hacia la dolarización o hacia esquemas de convivencia monetaria, mientras que en los segmentos bajos crecen en respaldo al peso.
Allí aparece un componente práctico que es que gran parte de los ingresos, programas sociales y relaciones de consumo cotidiano continúan funcionando exclusivamente en moneda nacional, incluso después de la flexibilización cambiaria impulsada por el Gobierno.




