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Luego del proceso de ajuste llevado adelante por el gobierno de Javier Milei, la economía argentina comienza a mostrar atisbos de recuperación, con un rebote del 2% interanual en su Producto Bruto Interno, pero signado por una profunda heterogeneidad.

Al respecto, un reciente informe de Fundación Capital advierte que no se vislumbran “drivers” claros para un crecimiento más fuerte. Por el contrario, el relevamiento deja en claro que la recuperación apuntada se sostiene casi exclusivamente sobre los hombros de un puñado de sectores primarios, mientras que el resto del entramado productivo, industrial y comercial continúa sufriendo los embates de un mercado interno deprimido.

El arranque del año exhibió una dinámica en forma de “serrucho”. Tras una contracción en febrero y un leve repunte estimado para marzo, los primeros indicadores adelantados de abril volvieron a encender las alarmas sobre la sustentabilidad de la recuperación.

Según la entidad, variables clave para medir el termómetro de la calle, como la recaudación real del IVA DGI, cayeron un 0,5% mensual desestacionalizado, a la par de un retroceso del 7% en el patentamiento de autos y una nueva merma en la confianza del consumidor, que acumuló su tercer mes consecutivo a la baja.

El ancla de esta apatía reside en un poder adquisitivo que no logra recomponerse frente al esquema de estabilización. Con negociaciones paritarias moviéndose por debajo de la inflación y bajo un techo del 2% mensual sugerido por el Gobierno, los salarios del sector privado registrado anotaron una pérdida del 3,5% real en el primer cuatrimestre.

A esto se suma un canal del crédito que muestra una evolución deslucida, fuertemente condicionado por una morosidad en los hogares que ya trepó al 11,2%, limitando cualquier intento de tracción desde el consumo masivo.

En la otra cara de la moneda aparecen los rubros que, en soledad, empujan los números macroeconómicos hacia el terreno positivo. La minería y los hidrocarburos proyectan una expansión del 8,2% para este año, impulsados por esquemas de promoción como el RIGI y la sostenida demanda internacional.

El agro, apalancado en una muy buena cosecha gruesa, crecería un 7,2%, acompañado por la intermediación financiera (4%). El informe destaca un dato revelador de esta asimetría: estos tres sectores estrella representan apenas el 15% del PBI, pero aportarán la mitad de todo el crecimiento económico del país.

Proyecciones 2026: PBI y sectores seleccionados

Sector2026 (Var. % i.a.)2026 vs. 2023 (Var. %)
Minería (inc. hidrocarburos)8,225,5
Agro7,214,1 *
Intermediación Financiera4,023,7
Construcción3,9-10,6
Act. Inmobiliarias, Empresariales y de Alquiler1,85,2
Comercio0,6-3,2
Otros servicios0,7-0,1
Industria manufacturera0,4-7,7
PBI (Nivel General)2,04,9

En contraposición, los pesos pesados del empleo muestran un panorama sombrío. La industria manufacturera y el comercio, que explican el 27% del PBI nacional, apenas exhibirían magras subas del 0,4% y 0,6% respectivamente para el cierre del año.

Ambos sectores enfrentan una tormenta perfecta combinada por la debilidad de la demanda local, altos costos logísticos e impositivos, y el riesgo de los sobrestocks asiáticos frente a la apertura comercial.

La construcción, en tanto, rebotaría un 3,9%, pero se mantendría operativa en niveles un 10% por debajo de los registros previos a la crisis, afectada por la paralización de la obra pública a nivel nacional.

engin akyurt

Para la entidad, la agenda estructural en la que se apoya el Gobierno —centrada en recientes cambios laborales y normativas como las modificaciones a la Ley de Glaciares— resulta insuficiente si no se acompaña con una política comercial más pragmática.

Un dato que encendió luces de alerta en el informe es el frente externo: si bien las importaciones totales cayeron un 5% en el primer trimestre respecto a 2023, aquellas provenientes de China treparon un 25%, una amenaza latente para la industria local por los sobrestocks asiáticos.

Para evitar daños en el entramado productivo, los economistas sugieren utilizar las embajadas con un perfil netamente comercial para abrir mercados, abaratar costos logísticos de infraestructura y, sobre todo, potenciar los’encadenamientos locales’. El objetivo es que el boom de la energía y la minería no opere como un enclave aislado, sino que traccione a las pymes de ingeniería, metalmecánica y servicios especializados."

El escenario plantea un duro desafío para la hoja de ruta oficial. Si bien el Gobierno apuesta fuertemente a que las reformas estructurales y la desregulación derramen sobre la actividad económica, desde la Fundación Capital advierten que esos factores tienen un impacto muy sectorizado y de largo plazo.

Para lograr una salida genuina, sugieren que será indispensable alcanzar un equilibrio donde la política económica no descanse únicamente en el sesgo contractivo, sumando una agenda productiva que reduzca impuestos distorsivos y logre finalmente reanimar los ingresos.