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Este 7 de agosto, día de San Cayetano, santo patrono del trabajo, encuentra a la Argentina en una situación particular; hoy, la principal discusión económica no gira alrededor de la falta de dólares, sino sobre la capacidad del nuevo esquema para generar empleo privado.

La consecuencia es un modelo heterogéneo. Mientras energía, minería y el agro motorizan un salto exportador, buena parte de las industrias manufactureras enfrentan una competencia internacional creciente y asumen costos que impiden sostener producción, inversión y empleo.

Por eso, mientras empieza a dejar atrás una de las restricciones que condicionó durante décadas su crecimiento el Gobierno enfrenta la celebración del patrono del trabajo con números de desempleo preocupantes.

Desde las cámaras industriales reconocen que la estabilización era indispensable, pero advierten que la competencia internacional se aceleró mientras persiste la presión tributaria, el costo financiero, las deficiencias logísticas y la falta de infraestructura.

Según cálculos de Invecq publicados por El Cronista, desde noviembre de 2023 el empleo privado registrado perdió 235.000 puestos: la industria manufacturera explicó 83.000 bajas, la construcción 61.000 y el comercio cerca de 9.300.

Los salarios privados formales acumulaban, además, una caída real del 3,6% respecto de noviembre de 2023, equivalente a la pérdida de un salario completo en términos acumulados.

La menor masa salarial se traslada de forma directa al consumo. La Cámara Argentina de Comercio registró en junio una baja interanual del 1% y mensual desestacionalizada del 1,6%, mientras el crédito a los hogares comenzó a perder impulso después de haber funcionado como uno de los principales motores de la demanda.

Termómetro del nuevo escenario

Desde la industria metalúrgica reconocen los avances macroeconómicos, pero advierte que la apertura llegó antes que la reducción del “costo argentino”.

En los doce meses finalizados en abril de 2026, según la Cámara metalúrgica de Córdoba (CIMCC), la industria perdió 1354 empleos registrados, una caída del 3,5%. Además, el 40,3% de las empresas informó menor producción y el 55,5% un deterioro de la rentabilidad.

El Gobierno sostiene ingresos con el dólar tarjeta
El Gobierno sostiene ingresos con el dólar tarjetaFuente: ShutterstockShutterstock

El problema combina una demanda débil con competencia feroz frente a fabricantes internacionales de mayor escala, financiamiento más barato y, en muchos casos, apoyo estatal.

La encuesta que realizó el Observatorio de la Actividad Metalúrgica de Córdoba también expone la brecha entre la evaluación de la macroeconomía y de la política industrial. El 47,2% calificó como buena o muy buena la gestión económica nacional, pero apenas el 19,4% evaluó positivamente la política industrial y el 26,4% la consideró mala o muy mala.

Con estos datos, los empresarios plantean que la baja de la inflación y la previsibilidad cambiaria son necesarias, pero insuficientes si persisten impuestos distorsivos, dificultades de crédito y costos logísticos.

Entre los factores más determinantes para mejorar la competitividad aparecen la infraestructura energética y el acceso al financiamiento (67%), la carga tributaria y la competencia importada (66%) y la infraestructura vial (61%).

Más competencia: avanza China

La industria autopartista expone otra dimensión del cambio. El problema ya no pasa sólo por Brasil, sino también por el avance de proveedores asiáticos sobre toda la región.

Durante el primer semestre, el déficit comercial autopartista se redujo 17,3% y quedó en u$s 3928 millones, una mejora de u$s 822 millones frente a 2025.

Imagen ilustrativa

Pero no fue por un mayor desarrollo local, destaca el informe de AFAC sino que las importaciones bajaron 15,9% porque la producción automotriz cayó 18,3%, mientras las exportaciones autopartistas retrocedieron 5,9%.

También cambió el origen de las compras externas. Brasil sigue siendo el principal proveedor, aunque su participación cayó al 28,1% tras una baja del 24,1% en sus ventas a la Argentina. En sentido inverso, Tailandia y China ya representan juntas casi un tercio de las importaciones.

La preocupación de los fabricantes de componentes para la industria automotriz, alcanza además al mercado regional.

En el primer semestre, las importaciones brasileñas de autopartes argentinas disminuyeron 10%, mientras las provenientes de China crecieron 25%. Las firmas locales ya no compiten sólo con Brasil, sino con fabricantes asiáticos que avanzan sobre su principal destino de exportación.

Un fenómeno que se expande

La industria textil atraviesa una fuerte caída de la producción, menor uso de la capacidad instalada, cierre de empresas y una creciente sustitución de producción local por bienes terminados importados.

Según FITA, en mayo la producción cayó 25,6% interanual, diez veces más que el promedio industrial. Entre enero y mayo la contracción acumulada llegó al 26,5%, frente a una baja del 3,1% en el resto de la industria. Los hilados de algodón retrocedieron 35,3% y los tejidos y procesos de acabado cerca del 39%.

Las plantas trabajaron al 42,2% de su capacidad. En abril permanecían activas 3.626 empresas textiles y de confección, unas 330 menos que un año atrás. Desde diciembre de 2023 desaparecieron 383 establecimientos y el sector perdió más de 25.600 empleos registrados.

La inversión también se frenó. Las importaciones de maquinaria textil totalizaron u$s 60,2 millones en el primer semestre, un 28% menos interanual; en telares planos, la caída alcanzó el 75%.

El dato más significativo aparece en la composición de las importaciones. Mientras bajaron las compras de fibras, hilados, tejidos e insumos, las de prendas terminadas crecieron 65% en volumen y 38% en dólares. Las confecciones también aumentaron 38% en kilos.

La apertura no impulsó más insumos para producir en el país, sino bienes finales listos para las góndolas. Ese fenómeno ayuda a explicar por qué la indumentaria fue uno de los rubros que menos aumentó dentro del IPC. Para el consumidor implica más oferta y precios más contenidos; para las fábricas, mayor capacidad ociosa, menor inversión y pérdida de empleo.

El boom energético no llega

La paradoja se vuelve más evidente en el sector que aparece como gran ganador del nuevo ciclo impulsado por el gobierno de Javier Milei. La energía y la minería están llamadas a transformar la generación de divisas, aun así, desde el Grupo Argentino de Proveedores Petroleros (GAPP), advierten una situación crítica.

El conglomerado que reúne a más de 280 empresas vinculadas al Oil & Gas, la minería, la generación eléctrica y la petroquímica, considera que Vaca Muerta y los proyectos mineros representan una oportunidad histórica para modificar la matriz productiva.

Sin embargo, muchas pymes atraviesan un “valle” de actividad, con capacidad ociosa, caída de pedidos y despidos, mientras esperan que las inversiones derramen sobre la cadena de proveedores nacionales.

La desaceleración de otros mercados ya impulsó una reconversión: empresas del autopartismo, la metalurgia, la maquinaria agrícola y la obra pública buscan oportunidades en energía y minería.

Pero los grandes proyectos exigen certificaciones, escala, estándares técnicos y capacidad financiera que muchas pymes todavía no alcanzan.

El GAPP sostiene que buena parte del equipamiento requerido puede fabricarse en el país, pero advierte que los beneficios arancelarios para las grandes inversiones podrían facilitar la importación de bienes, incluso usados, con producción nacional disponible.

De cara a un 2027 de elecciones presidenciales, donde Javier Milei buscará la reelección, la discusión ya no enfrenta al campo con la industria ni a la energía con las fábricas. Tampoco se limita al clásico debate entre apertura y protección.

La pregunta que empieza a atravesar a distintos actores de la economía es si el Gobierno logrará convertir el nuevo ciclo de generación de divisas en uno de desarrollo productivo.