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Las exportaciones de productos textiles crecieron 353% en volumen y 144% en valor durante febrero respecto al mismo mes del año anterior, según el último informe mensual de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA).

La suba abrupta se explica sobre todo por un sector que Luis Caputo había calificado meses atrás como potencialmente competitivo: se trata de las ventas de hilados -que alcanzaron un 500% de aumento en volumen y 263% en valor-, tejidos y materias primas.

En su momento, el ministro de Economía se mostró muy crítico de las políticas proteccionistas del sector textil y se posicionó como un partidario abierto de la apertura al mercado internacional que, hoy, indumentaria critica. En esa línea había argumentado que el país podía ser competitivo en este rubro puntual.

“[En otros segmentos textiles] habrá que competir por diseño. En hilados, Argentina puede competir tranquilamente porque es algodón y energía, podemos ser súper competitivos”, sostuvo el funcionario en una entrevista en Radio Mitre.

En lo que va de 2026, las exportaciones de productos textiles acumulan un incremento de 333% en volumen y 115% en valor respecto al mismo período de 2025. Según FITA, por lo menos desde fines del año pasado hilados, tejidos y materias primas vienen mostrando este comportamiento de forma sostenida.

Sin embargo, de acuerdo con el especialista en comercio exterior, Diego Dumont, las causas de este crecimiento podrían ser un “rebote técnico”, reflejo de la eliminación de retenciones en enero de 2025.

Las ventas de hilados aumentaron un 500% en volumen y 263% en valor en febrero de 2026 respecto al mismo mes del año anterior.
Las ventas de hilados aumentaron un 500% en volumen y 263% en valor en febrero de 2026 respecto al mismo mes del año anterior.NA

“Argentina tiene condiciones para ser competitiva en hilados, pero eso es potencial, no realidad consolidada”, explicó en diálogo con El Cronista. “Cuando eliminás retenciones, liberás exportaciones que estaban reprimidas. No es que nos volvimos más productivos de golpe, es que dejamos de castigar al que exporta”.

Desde el comienzo de su mandato, el gobierno de Javier Milei implementó una serie de políticas para fomentar el posicionamiento en el mercado externo.

Meses antes de que el Ejecutivo decretara eliminar las retenciones a las exportaciones, en octubre de 2024, el ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, a cargo de Federico Sturzenegger, ya había eliminado los “valores de referencia” de exportación.

Esta medida, creada durante la presidencia de Néstor Kirchner, establecía precios mínimos para cada producto exportado: si el precio declarado por la empresa era inferior a ese valor, debía depositar una garantía por la diferencia. El sistema buscaba reducir la subfacturación, pero en la práctica inmovilizaba capital y encarecía la operatoria exportadora.

Para Dumont, la apertura responde a una decisión política: poner más peso en el consumidor dentro del esquema económico, que durante años pagó precios por encima del mercado internacional para sostener sectores protegidos. Además, resulta clave en la lucha del Gobierno para bajar la inflación.

Qué está pasando con la industria textil en Argentina

A pesar del dato positivo del aumento de las exportaciones, el resto de los indicadores productivos del informe de FITA muestran un panorama cuesta arriba.

El Índice de Producción Industrial (IPI) textil -que mide el volumen total de lo que se produce- está en su mínimo histórico desde que se inició la serie en 2016: cayó un 23,9% en enero de 2026, un desplome significativamente más profundo que la industria general, que disminuyó solo 3,2%.

Por otro lado, las fábricas están funcionando a menos de un cuarto de su capacidad. La Utilización de la Capacidad Instalada (UCI) -que mide la proporción de la maquinaria y recursos productivos de un sector que se encuentran efectivamente en uso- revela que el sector operó a solo el 24%.

"En hilados, Argentina puede competir tranquilamente porque es algodón y energía, podemos ser súper competitivos", sostuvo el ministro de Economía, Luis Caputo.
"En hilados, Argentina puede competir tranquilamente porque es algodón y energía, podemos ser súper competitivos", sostuvo el ministro de Economía, Luis Caputo.Captura de video

Esto sitúa al rubro textil dentro de los sectores con mayor capacidad ociosa de la economía argentina: comparte el último lugar con la industria automotriz.

“Las empresas están operando con siete de cada diez máquinas paradas. En ese contexto, exportar aparece como una estrategia de supervivencia para colocar el excedente de producción [de insumos], luego de un ciclo récord de inversiones en aumento de la capacidad”, explicó a El Cronista, Luciano Galfione, presidente de la fundación Pro Tejer.

La crisis del sector también presenta un alto costo social. Desde fines de 2023 la industria perdió de forma acumulada más de 20.000 puestos laborales. Solo en el último año, entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025, la caída fue de 12.000 empleos.

Por otra parte, en febrero de 2026, el rubro de prendas de vestir, cuero y calzado fue el único sector de la economía que no registró aumentos de precios. Mientras que la inflación del sector acumuló 15,1% interanual, el nivel general fue de 33,1%.

Lejos de ser una buena noticia, la diferencia refleja que las empresas del sector no tienen capacidad de trasladar sus costos a precios.

Además, no solo se produce menos hoy, sino que se está apostando menos al futuro. El informe destaca una caída del 11% interanual en la inversión en maquinaria importada durante el primer bimestre de 2026, totalizando unos u$s 22 millones.

“La salida exportadora no responde a un proceso virtuoso de expansión, sino más bien a un repliegue del mercado local”, advirtió Galfione.

Si bien reconoció que “que haya empresas que logren exportar es positivo”, alertó que hay que ponerlo en contexto: con un tipo de cambio apreciado, los incentivos a exportar son bajos y en muchos casos los precios no alcanzan a cubrir costos, especialmente cuando el mercado interno tampoco tracciona.

“Más que una recuperación, lo que estamos viendo es un sector que intenta sostenerse en un escenario adverso. La exportación empieza a consolidarse en algunos segmentos específicos, pero es insuficiente para traccionar al conjunto de la cadena, cuyo motor principal sigue siendo el mercado interno”, explicó Galfione.

La paradoja del comercio exterior en la industria textil Argentina

Las importaciones totales de la cadena textil —que incluye desde materias primas hasta prendas— cayeron 27% en volumen en febrero de 2026. Pero al mirar únicamente los productos textiles, la caída esconde un cambio en la composición de lo que entra al país.

Mientras los insumos industriales como hilados y materias primas se derrumbaron más del 35% y 50% respectivamente, las prendas terminadas crecieron 54% en volumen. Es decir, la industria local demanda menos insumos porque produce menos y ese espacio lo ocupa la ropa importada.

En febrero se importaron 12.800 toneladas de productos textiles por u$s 32 millones, contra 1.006 toneladas exportadas por u$s 2,5 millones. Para dimensionarlo, por cada tonelada que Argentina exportó de productos textiles en febrero, importó doce.

A su vez, del material que se exporta, cada rubro tiene un destino marcado: los hilados se exportan principalmente a Brasil, Colombia y Uruguay; las materias primas a China y Pakistán; los tejidos planos a China y Chile.

El patrón de destinos también refleja el tipo de inserción internacional del sector.

"Exportar aparece como una estrategia de supervivencia para colocar el excedente de producción [de insumos]”, explicó Luciano Galfione.
"Exportar aparece como una estrategia de supervivencia para colocar el excedente de producción [de insumos]”, explicó Luciano Galfione.

“Argentina no está entrando al mundo como industria textil sino como proveedor de insumos. A la región le vendemos lo que no terminamos de industrializar, a Asia le vendemos lo que directamente no procesamos”, explicó Dumont. “Podés exportar hilado sin industria, pero no podés desarrollar una economía sin industria”.

Además, para Dumont, el patrón no es solo consecuencia de las políticas locales sino de una estructura global. Mientras países como Bangladesh avanzaron en la confección, América Latina quedó en etapas más primarias, algo que excede la política fiscal de Milei.

“Argentina está viendo la cara oculta de la luna, que es enfrentarse al mundo como de verdad funciona. Antes veíamos solo la cara del proteccionismo”, explicó.

Para Galfione, sin embargo, el sector todavía tiene margen para crecer. Argentina cuenta con una cadena textil integrada, desde la materia prima hasta la prenda final, lo que abre espacio para agregar valor: una prenda puede valer hasta 30 veces más que la materia prima.

Ese potencial, sin embargo, convive hoy con un escenario de demanda interna muy debilitada. El desafío es si ese potencial puede consolidarse en el tiempo.

“Siempre un crecimiento exportador es una buena noticia. El punto es si puede consolidarse como una estrategia estructural del sector”, concluyó.