La desaceleración de la inflación, principal bandera económica del Gobierno de Javier Milei, empieza a mostrar una particularidad que economistas y centros de estudio describen como inédita para la historia argentina reciente: los precios desaceleran, pero los salarios continúan perdiendo poder adquisitivo.

La advertencia surge de un informe y una serie de posteos publicados por el área de Estudios Económicos del Banco de la Provincia de Buenos Aires, entidad que responde a la administración bonaerense de Axel Kicillof. El gobernador mantiene una fuerte confrontación política y económica con la Casa Rosada y viene cuestionando el impacto social del ajuste impulsado por el Gobierno nacional.

Los posteos ponen el foco sobre una anomalía que, según el último gráfico difundido por el organismo, prácticamente no tuvo antecedentes en los últimos 20 años. La explicación que ofrecen es que el salario se convirtió en una suerte de “ancla” antiinflacionaria, una expresión especialmente sensible para el oficialismo, que reivindica su esquema de “ancla fiscal, monetaria y cambiaria” como ejes del programa económico.

El gráfico compara, año por año, la aceleración o desaceleración de la inflación con la evolución del salario real privado registrado. La conclusión central del trabajo, con datos tomados hasta marzo, es que entre 2004 y 2024 solo hubo un año en el que la inflación desaceleró mientras el salario real caía, y fue 2020, en plena pandemia. Sin embargo, en 2025 y en el arranque de 2026 esa dinámica pasó a repetirse.

La lectura del cuadro efectivamente permite sostener esa interpretación. El eje horizontal muestra si la inflación acelera o desacelera respecto del año previo, mientras que el vertical mide la evolución del salario real. En casi toda la serie histórica, los períodos de desaceleración inflacionaria quedaron asociados a mejoras del salario real, ubicados en el cuadrante superior izquierdo del gráfico. Allí aparecen, por ejemplo, 2009, 2015, 2017 y, de forma extrema, 2024.

En cambio, los puntos correspondientes a 2025 y 2026 aparecen en el cuadrante inferior izquierdo: desaceleración inflacionaria acompañada por caída del salario real, una situación excepcional dentro de las últimas dos décadas.

Una fuente consultada por El Cronista, integrante de ese centro de estudios, interpretó que el fenómeno refleja que “el principal ancla para bajar la inflación hoy es el salario”. Es decir, que la pérdida de poder adquisitivo estaría funcionando como un mecanismo de contención de precios.

“En Argentina hubo muchos años de caída del salario real, solo que esos períodos venían acompañados de aceleración de la inflación. Lo atípico ahora es que la inflación desacelera, pero los salarios siguen corriendo por detrás”, explicó ante este diario.

El análisis dialoga además con otros dos posteos publicados por el organismo. En uno de ellos, la entidad sostuvo que “una particularidad de este proceso de desaceleración de la inflación es que no trae una mejora del salario real, sino que, por el contrario, se da en simultáneo con una caída”. En otro, detalló que el salario privado registrado perdió 1,3% de poder adquisitivo en marzo y acumula una caída interanual de 3,9%.

Los datos del gráfico parecen reforzar esa línea argumental. Incluso el punto correspondiente a 2024, que aparece como uno de los años con mayor desaceleración inflacionaria y fuerte recuperación salarial, contrasta con la trayectoria posterior. En 2025, la desaceleración continuó, pero el salario volvió a terreno negativo. Y en 2026, según los datos hasta marzo, la combinación persiste.

La explicación de las fuentes incorpora además una crítica indirecta al funcionamiento de las otras “anclas” del programa económico. Según plantearon, ni el ancla cambiaria ni la moderación salarial lograron todavía llevar la inflación a niveles bajos en términos históricos. “La inflación sigue moviéndose por encima de los salarios y del tipo de cambio”, resumieron los vovceros ante este diario.

En ese marco, el fenómeno aparece como una rareza estadística y económica: la inflación baja, pero no lo suficiente como para que los ingresos recuperen capacidad de compra. El resultado es un escenario en el que la desinflación convive con deterioro del consumo y malestar social.

Los datos oficiales de salarios refuerzan esa percepción. Según el INDEC, el índice salarial avanzó 3,4% en marzo, prácticamente en línea con la inflación mensual. Pero el desempeño fue muy dispar entre segmentos. El salario privado registrado aumentó apenas 2,1%, por debajo del IPC, mientras que los salarios públicos y los no registrados mostraron subas mayores.

El Gobierno es consciente de estos matices entre segmentos, no solo en lo salarial. Hace poco, durante su exposicion en la Expo EFI, el presidente Javier Milei reivindicó el poderío creador de empleo de su administración aunque admitió que la mayor robustez se daba en una clase de empleo que “puede ser que no les guste: cayeron los registrados y subieron los independientes, por eso sacamos la ley de Modernización Laboral”.

El problema, señalan distintos analistas, es que el deterioro salarial empieza a consolidarse en el tiempo. Desde CEPA advirtieron que los salarios registrados acumulan siete meses consecutivos de caída y permanecen 9,2% por debajo de noviembre de 2023.

El impacto también empieza a reflejarse en los indicadores sociales y de consumo. Una encuesta reciente de Zentrix mostró que el 86,6% de los consultados considera que su salario no le gana a la inflación, mientras que ocho de cada diez hogares admitieron haber resignado gastos para llegar a fin de mes.

La discusión abre además un debate más amplio sobre la sustentabilidad política y económica del proceso de desinflación. Hasta ahora, el Gobierno defendió que la baja de la inflación terminaría recomponiendo el ingreso real. Sin embargo, el gráfico del Banco Provincia sugiere que, al menos hasta marzo de 2026, la desaceleración se sostuvo con salarios todavía rezagados.

La incógnita es si se trata de una transición temporal o de un nuevo régimen económico en el que la estabilidad de precios dependa, justamente, de mantener deprimidos los ingresos.