Nos preguntamos por qué el “riesgo país” (entendido como la sobretasa de los bonos internacionales emitidos por la República Argentina respecto del bono del Tesoro de EE.UU.) sigue en niveles superiores en unos 400 puntos básicos a los de otros países emergentes con los que Argentina se comparaba favorablemente en el pasado. Por otro lado, en general los emisores del sector privado local acceden a condiciones menos onerosas que el soberano.
Del repaso de las explicaciones concluimos que no hay tal cosa como la “bala de plata” que llevaría el riesgo país a valores más parecidos a los de esos otros casos comparables. Son acciones en diversos frentes sobre los que se requiere trabajar.
Señalamos algunos factores claves que inciden, con referencias a su grado de progreso, sin que necesariamente el orden de exposición represente su importancia relativa:
1. Respeto de contratos y Fortaleza del marco institucional: el incumplimiento de contratos, que muchas veces fue práctica en nuestro país, hoy parece encontrar una sociedad sumamente más consciente de la importancia de honrar y hacer respetar los acuerdos firmados. La debilidad institucional es una dificultad tradicional de nuestro país.

Se necesita contar con mejoras en la forma de que estas funcionan y que reduzcan su dependencia de liderazgos personalizados. Sin embargo, la confirmación de este espíritu se prueba con la conducta demostrada a través del tiempo, especialmente ante circunstancias adversas.
2. Frente fiscal y evolución de la deuda: en los últimos dos años se observó un progreso notable en balancear los ingresos y gastos corrientes del Tesoro Nacional. La continuidad de este enfoque en el tiempo en un contexto de creciente actividad económica sostenible, derivará en una trayectoria de deuda más controlada, tanto en valores absolutos como relativos. La deuda consolidada reportada del sector público nacional es 51% del PBI, menor que varios países emergentes con menor riesgo país. Sin embargo, la de Argentina se percibe menos financiable.
Además de las causales que se mencionan en esta nota, a veces las comparaciones se hacen basadas en diferencias y alteraciones de metodologías de cálculo y el peso de contingencias; algunas de ellas relacionadas con litigios que no se encuentran registrados.
3. Diferenciación de roles entre BCRA y Tesoro: en estas circunstancias, ayudaría clarificar más nítidamente los roles diferenciales estos entes de Gobierno con sus respectivos objetivos, políticas en instrumentos. Si bien hubo importante progreso en los últimos meses, todavía persisten interrogantes que también inciden en la demanda de dinero, velocidad de acumulación de reservas y varias otras cuestiones en la economía.
4. Recurrencia a uso de fuentes de financiamiento extraordinarias y con privilegios: en la actualidad, del total de la deuda del sector público, la porción “privilegiada” es muy superior que en otros países. Esta deuda se originó, por distintas razones, en operaciones de financiamiento con organismos multilaterales y bilaterales (asciende al 20% del total), cuando para la mayoría de los países son fuentes de acceso circunstancial y extraordinario.
Además, se usaron otras fuentes, como préstamos bancarios que también cuentan con prevalencia frente a acreedores regulares. Ello deja a estos últimos, como a los tenedores de títulos de mediano y largo plazo, en una posición subordinada relativa.
5. Cuestiones en la relación con fuentes de financiamiento ordinarias: hay que remontar experiencias de varios eventos de “licuaciones” a financiadores, particularmente a los en moneda. Así, entre varios motivos, los inversores institucionales locales fueron perdiendo preponderancia cuando son importantes proveedores de fondos a largo plazo. Por otro lado, en el plano internacional, sigue siendo importante desarrollar (y cultivar) fuentes con mandatos de inversión coincidentes con la estabilidad. Entonces, es necesario seguir profundizando los esfuerzos para mejorar el crédito y la eficiencia del mercado de capitales de deuda local, con la complementariedad de los internacionales.
6. Exposición a vulnerabilidades / descalces: durante un tiempo Argentina ha estado expuesta a circunstancias que alteraban de manera notable la relación de sus ingresos con los términos de la deuda contratada. Así, la denominación de la moneda de los componentes de esa ecuación puede convertirse en un factor de vulnerabilidad en determinadas circunstancias.
Otro factor es contar con un perfil de vencimientos consistente con estimaciones de flujos de fondos, incluyendo uso de fuentes regulares. De ahí que una meta deseable radica en ir disminuyendo el componente en moneda extranjera de la deuda desde el actual 69% del total y extender los plazos de la deuda en moneda local.
Para ello, debe evitarse abusar de la confianza que se obtenga del componente local, aún considerando que los ingresos del soberano son en pesos, pero una parte de los servicios de la deuda en moneda extranjera (el 63% de la deuda consolidada total es en moneda extranjera).
7. Facilidades de acceso al mercado de cambios con transparencia: en los últimos años hubo un notable avance en la normalización del funcionamiento del mercado de cambios, incluyendo mejor y más transparencia en la determinación de precios (p.ej. menores diferenciales en tipos de cambio).
Resta profundizar más en el conocimiento, difusión y la evaluación de riesgos asociados a colocación de ahorros. En síntesis, hubo importantes progresos en el tratamiento de los distintos factores que afectan directa o indirectamente el “riesgo país” de Argentina.
También en la creación de condiciones que determinaron el creciente rol de ahorristas locales en la compra de emisores argentinos de deuda en moneda local y extranjera, tanto corporativos como del soberano en varias jurisdicciones, incluyendo las internacionales. En este sentido, atender las cuestiones a mejorar y preservar el esfuerzo ya efectuado.










