Si se confirma la llegada de Diego Santilli a la jefatura de Gabinete tras el retiro de Manuel Adorni, cabe especular que la noticia resultaría la mejor opción para Luis Caputo y el equipo económico. También se verá si lo es para la marcha de la economía. Incómodo hubiera sido para el Ministro y el titular del BCRA que lo asciendan a Pablo Quirno, dado que un histórico subordinado se convertiría en jefe. Y mucho peor si terminaba siendo ofrecida a Federico Sturzenegger, allí la continuidad de Caputo hubiera estado cuestionada. Alivio entonces para los mercados.
Santilli ofrece varios atractivos para la economía y el establishment. Por lo pronto no es un monigote de los hermanos Milei. A diferencia de algunos de sus colegas de gabinete (sobre todo del área económica), hasta ahora no se ha conducido ni en público ni en las redes como un “termo libertario”.
Deberá mediar entre Karina, los gobernadores aliados y Caputo por cierta desconfianza de la política que rodea a la hermana del presidente, que reclama más resultados concretos en la economía de la calle para ganar el año que viene.
Pero el dato más relevante es que los intereses de Santilli para llegar a ser gobernador de Buenos Aires coinciden con las recomendaciones del titular del Palacio de Hacienda, de los bancos, del FMI y de buena parte del círculo rojo: que se celebren acuerdos políticos con todo el espacio antipopulista para garantizar la reelección de Javier Milei en 2027.

Quiere decir que haya candidatos unificados del Gobierno, el PRO y los demás aliados en los principales distritos, básicamente en Capital y provincia de Buenos Aires.
Por ahora, expresión de deseo. Habrá que ver la voluntad de los Milei de acordar con Mauricio Macri, si este último juega o amaga en 2027; o si la llegada de Santilli no es justamente la declaración final de la batalla entre ambos. Las encuestas y el devenir de la economía serán determinantes para resolver esta intriga vital para la economía, esto es, cómo estarán alineados los equipos para 2027.
La fortaleza de Milei para encarar su proyecto de reelección dependerá finalmente de cómo llegue la economía el año próximo y qué opciones se presentarán, unificadas o divididas, en contra del oficialismo. El misterio se va a mantener. Por algún motivo Lionel Scaloni no revela la formación hasta último momento.
No está tan claro que la salida de Adorni permita ahora aprovechar los llamados “éxitos económicos” del Gobierno en las últimas semanas. En ese caso también Adorni habría tapado los disgustos. La realidad es que los mercados tomaron nota y el riesgo país perforó 500 puntos. Sobran dólares por récord en precio de exportaciones y caída de importaciones. Los sectores de la economía que venían creciendo mantienen buenos niveles de actividad. Los que estaban rezagados siguen penando.
El empleo, el salario y el consumo se mantienen estancados. Es cierto que el segundo trimestre del año resultó un poco mejor que el muy malo primer trimestre. En las encuestas el Gobierno dejó de caer en abril y mayo. Pero no sobra nada. Si el ritmo de la recuperación de la economía para el año que viene fuera el observado entre abril y junio, no podría afirmarse que la reelección para Milei será un paseo. Los próximos 15 meses deberían ser mejores que los primeros 3, de los 18 proyectados por el equipo económico.
Tampoco puede afirmarse que por las peripecias del ex jefe de Gabinete se haya trabado tanto la gestión ni leyes tan fundacionales se estén demorando. Puede ser, es cierto, que el caso complicó la difusión y la propaganda a favor del Gobierno en los medios y las redes. Sin embargo, en temas urticantes como los cambios a la ley de patentes para cumplir el acuerdo con Estados Unidos, los mismos están efectivamente trabados, pero por motivos que nada tienen que ver con el jefe de ministros, al menos con el anterior.
Salvo el caso de Tecnópolis, donde Adorni tenía un conflicto de intereses, ninguna de las licitaciones, concesiones o privatizaciones importantes que se resolvieron desde principios de este año fueron afectadas por la tragicomedia del primer vocero de la era Milei.
Con Adorni o con su sucesor, los interrogantes para la economía en el año electoral no están despejados. Nunca termina en la Argentina la discusión sobre la cuestión cambiaria, en este caso por la apreciación del peso y el atraso cambiario, en el pasado por la devaluación extrema de la moneda y el empobrecimiento generalizado.
La última quincena de junio barrió el carry trade y el Gobierno no logró la mejora esperada por Morgan Stanley para el estatus de la deuda. Se estima que el segundo semestre será menos generoso en el saldo comercial y si el país no coloca deuda en los mercados mundiales, los dólares que compra el BCRA se los lleva el pago de la deuda y el atesoramiento de las personas.
En mayo, con mejores noticias en la macro, el millón y medio de personas de siempre compraron neto casi u$s 2000 millones. Si el dólar se acercara al techo de la banda en la segunda parte del año, ¿seguirá comprando reservas el BCRA?
Ni la política cambiaria ni la monetaria se aceptan como definitivas por parte del mercado. Tal vez la mala disposición de Morgan Stanley para revisar el caso argentino fue una factura de Wall Street al equipo económico por no levantar las restricciones cambiarias y salir a colocar bonos en los mercados globales.
Un efecto para prestar atención producto de la incertidumbre política y económica que persiste es el débil comportamiento de la inversión que se verificó en los últimos datos del PBI. Sin ahorro ni inversión no hay forma de que el crecimiento derrame. En el primer trimestre la inversión se desplomó: cayó 12% respecto del mismo período de 2025, y 1,7% contra el último trimestre del año pasado.
A pesar de la vigencia del RIGI, se calcula hoy en niveles bajísimos, en torno a 16% del PBI. Mejor que el piso de 14% de 2019, peor que 20% de 2020 y muy lejos de 25% del PBI que es lo que necesita el país para crecer más parejo. Se invierte poco, entre otros motivos, porque la Argentina está muy cara en términos internacionales, merced al dólar barato.
La baja de impuestos para atraer inversiones como el RIGI sólo se aplica en sectores que de por sí resultan competitivos, mientras que la industria, el comercio y la construcción no reciben los mismos incentivos. Las quejas entre industriales son generalizadas. A los que llegan les dan todo, argumentan, mientras que a los que están remando hace años, pagando impuestos y contratando gente, no les llegan esos beneficios.
Con un superávit fiscal que se va achicando, es poco lo que pueda aportar el Estado en términos de inversión y obra pública para reactivar. ¿Se autorizará finalmente a los bancos a que vuelvan a ofrecer crédito hipotecario en dólares? A los actuales niveles de inflación y de tasas en pesos, parece la única forma de reactivar el sector. Otra prueba para el ministro Caputo: saber desde hoy si el papelón de Manuel Adorni tapaba los éxitos, o también los disgustos del programa económico.








