Los últimos datos del SIPA (Sistema Integrado Previsional Argentino) muestran que el empleo asalariado privado registrado no reacciona y confirman el estancamiento económico de la etapa actual de la gestión Milei.

En mayo continuó la destrucción de empleo de mejor calidad: 9000 menos que en abril y 241.000 puestos de trabajo asalariados privados registrados menos que en noviembre 2023. Lo preocupante es la dinámica: Entre diciembre 2023 y julio 2024, tras la devaluación inicial, se destruyeron casi 140.000 puestos. Entre agosto 2024 y mayo 2025, coincidente con la reactivación, se recuperaron unos 35.000 empleos.

En el último año, se volvieron a destruir 135.000 empleos, con un nivel de actividad que se estancó: el EMAE (Estimador Mensual de Actividad Económica), en mayo último estaba apenas 0,2% arriba de mayo 2025. Pero con sectores que vuelan: minería (15,7%), energía (8%), agro, y otros que están hundidos; comercio (-4,3%), industria (-5,6%).

Semejante disparidad alimentó el relato del modelo letra “K”: en la nueva economía, supuestamente, hay sectores que van hacia arriba (minería, energía, agro) y otros que inexorablemente van hacia abajo (comercio, industria, construcción). Los sectores dinámicos son oferentes netos de divisas y poco demandantes de mano de obra (8% del empleo total), mientras que los sectores postergados son muy demandantes de divisas y de mano de obra (40% del total). De ahí que el fuerte superávit comercial convive con un creciente problema de empleo.

Fernando Moiguer, en un informe para la Fundación Pensar, plantea que Argentina está frente a un proceso de reconfiguración productiva del país, que implica una reorganización territorial y un crecimiento desigual. Destaca en el nuevo mapa, el peso creciente del eje patagónico de petróleo y gas (Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz) y el eje cordillerano de las provincias mineras (San Juan, Catamarca, Salta, Jujuy), en contraposición al “corredor central” productivo de las últimas décadas: AMBA, Rosario, Córdoba, Mendoza.

¿La “macro” anda bien y el problema es la “micro”? No es lo que muestran los números.

La marcha del plan de Milei exhibe 4 fases bien marcadas. Tomando noviembre de 2023 base 100, el EMAE cayó a 96,2 en abril de 2024 (primera fase: -3,8%). Entre mayo 2024 y febrero 2025, creció 8,8% hasta 104,7 (Fase 2, de reactivación, en la que índice industrial también recuperó su nivel inicial). La imagen del buzo que imaginó Milei. Fase 3, entre febrero y noviembre 2025, el EMAE terminó en 104,1 (cayó -0,6): la etapa del frenazo, con corrida electoral y disparada de la tasa de interés.

En diciembre, el EMAE pegó un salto gracias a la cosecha excepcional de trigo, que dejó el nivel de actividad agregado en un escalón más alto. En la fase 4, la economía se mueve en un serrucho, con meses de alza y de caída del EMAE: en mayo estaba 1,5% abajo de diciembre, aunque el Gobierno pueda mostrar que en los primeros 5 meses está 1,7% arriba de igual período del año pasado.

En la fase actual, la disparada de la informalidad (de empresas y familias) actúa como “amortiguador social” de buena parte de la economía que con el parate de ventas, este nivel de tipo de cambio, impuestos, tasas de interés elevadas, ajustes tarifarios indexados e inercia inflacionaria de costos, encuentra un modo de supervivencia de corto plazo.

Tras el triunfo de la elección legislativa, la confianza no se recuperó como soñaba el equipo de Milei-Caputo y la economía se quedó sin combustible. El Banco Central compró más de u$s 13.500 millones, pero no hay más pesos circulando porque el Tesoro retiró todos los pesos que emitió el Central colocando deuda por arriba de los vencimientos.

El crédito privado, motor de la recuperación en la fase 2, sigue planchado: en parte, por la mora récord en las familias, en parte por las tasas exorbitantes que cobran los bancos por los préstamos, que temen que en 2027 se repita el escenario del año pasado y las tasas de fondeo vuelen de nuevo arriba del 100%.

Banco Central de la República Argentina. (Fuente: archivo)
Banco Central de la República Argentina. (Fuente: archivo)

En parte también porque la dupla Bausili-Caputo no arriesga. Se resiste a flexibilizar encajes bancarios, o a disminuir la integración con títulos públicos, para empujar más agresivamente a los bancos a prestar al sector privado. La prioridad oficial es la desinflación y la estabilidad cambiaria.

Tampoco habría margen para flotar demasiado dentro de la banda cambiaria. El último mes, el BCRA trazó una línea al dólar en los $1500 (tras la suba de 5% en junio), racionando las compras y ampliando instrumentos de cobertura cambiaria. La inflación de julio fue 2,1% y 2,6% la canasta básica de alimentos. La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario, pero por las dudas, nadie quiere soltar el ancla.

El Gobierno también rechaza eliminar las restricciones cambiarias, como le proponen aquellos que sugieren una monetización con dólares, en un esquema de libre flotación y competencia de monedas. Cantos de sirena para el Ulises libertario, más preocupado por cómo enfrentar la próxima odisea electoral. La macro está trabada, sin combustible. El plan Milei, no termina de estabilizar.

Lo reconoció el propio Caputo cuando salió del piloto automático y anunció la flexibilización de créditos en dólares: “ayudará a la reactivación de la economía”.

Todos los meses, los argentinos compran unos u$s 2000 millones, un tercio va a pagar gastos con tarjeta en el exterior, un tercio queda depositado en los bancos y el resto sale al “colchón”. Si disminuyen, son más recursos para impulsar consumo e inversión en la economía local, si aumentan, al revés. Resignado a que esas compras son un piso, Caputo apuesta que una porción de los depósitos en dólares pueda prestarse a empresas no exportadoras, sin ingresos dolarizados.

Los depósitos ascienden a un récord u$s 40.330 millones y los préstamos en dólares superan u$s 24.200 millones, 60% del total. El ministro espera que los bancos lleguen a prestar el 75% de los depósitos, porque el encaje siempre fue del 25%. Con este nivel de depósitos, serían u$s 5800 millones adicionales, que podrían destinarse, por ejemplo, a desarrolladores inmobiliarios o empresas automotrices.

Guido Sandleris y Hernán Lacunza, excolegas de Gabinete de Caputo con Macri, advirtieron sobre el riesgo del descalce de monedas, que podría transformar el riesgo cambiario en bancario. Otros, creen que, dadas las restricciones prudenciales que se mantienen, en realidad la medida no sumará mucho combustible al tanque de la economía.

Bajo los parámetros de un Gobierno que defiende el resultado y transmite que no hay mucho más por hacer para encender la economía que esperar, tal vez lo más relevante sea el giro oficial en la estrategia política. Un acuerdo político amplio con el PRO, gobernadores y aliados rumbo al 2027, quizá contribuya, tanto como la compra de reservas, a amortiguar el impacto de la incertidumbre electoral que empieza a percibirse tempranamente en el mercado.