El Gobierno suele destacar que la economía está en un máximo histórico de actividad, con un pico también del consumo privado. Es lo que muestran los datos del Indec. En abril, el EMAE (Estimador Mensual de Actividad) ratificó la lógica de “serrucho” del arranque del año: cayó 1,5%, desestacionalizado, respecto a marzo; pero aun así está 1,6% arriba de abril del año pasado, acumula una expansión de 2,1% en el año y se mantiene en el pico de la serie histórica.
Sin embargo, la realidad y la percepción de la calle choca, con razón, con el relato del boom de consumo y actividad. La actividad está impulsada por un selecto grupo de sectores (agro, minería, energía, bancos), que crecen fuerte, mientras otros se mantienen por debajo de los niveles previos a la gestión Milei (comercio, industria), o directamente tocan fondo (construcción).
En abril, minería creció 17,1% respecto de un año atrás; el agro 10,9%; energía, 6,4% e intermediación financiera 4,5%. En cambio, el comercio cayó 3,2%, la industria 2,9% y la construcción 1,8%. Mismo patrón.
La disociación mayor entre estadística y realidad se da en el récord de “consumo privado”, que mide el informe de PIB de las cuentas nacionales del Indec. La actividad económica y el consumo agregado se ubican 2,5% arriba de los picos de actividad de noviembre 2017.

Pero, como muestra la consultora PxQ, hoy se venden 30% menos autos que ese año, las ventas en supermercado son 17% menores y la masa salarial real es 10% inferior. En cambio, el consumo de los hogares se infla con luz, gas, comunicaciones, combustibles, prepagas e impuestos, entre otros gastos fijos.
Como sea, el consumo en el mercado interno no arranca y para el Gobierno empieza a ser una prioridad de cara al 2027, año electoral. Como anticipa Horacio Alonso, especialista en el sector automotor, en junio el patentamiento total de autos caería 25% contra igual mes del año pasado y acumularía una baja del 10% en el primer semestre. Para este año, las ventas proyectadas están ajustándose a unos 550.000/570.000 autos frente a las 950.000 unidades de 2017. Lejos de un boom de consumo.
El Gobierno confían que en los próximos meses con la desinflación y la recuperación del poder de compra salarial, el consumo y el comercio vayan recuperando terreno. Pero la apuesta principal es a la vuelta del crédito, motor de las ventas desde mediados de 2024 hasta mitad de 2025, cuando lo frenó la corrida cambiaria, el apretón monetario y la disparada de tasas, en un contexto de aceleración de la inflación y ajuste del salario real.
Sin embargo, ese proceso puede ser más lento de lo que se imagina. Según los últimos datos del CENDEU (Central de deudores) del BCRA, hoy unos 6,8 millones de personas tienen créditos en mora en el sistema financiero, unos 2 millones más que 8 meses atrás. “La mora bancaria quita una fuente de crecimiento.
Hay mucha gente que deja de ser sujeto de crédito de acá a la elección”, dicen en la consultora 1816. En privado, en los bancos coinciden con el diagnóstico: “El que te acepta tomar un crédito personal con una TNA del 70%, ya sabemos que no lo va a poder pagar, entonces estamos más selectivos que nunca”. Es lógico, con una inflación proyectada en los próximos 12 meses por el REM de 23,3% y salarios que deberían, punto más o menos, estar levemente por arriba de ese rango.
“Por otro lado, estamos activando refinanciaciones de una cartera pesada con TNA al 35%/40% pero a diferencia del Nación no las publicitamos, porque sino estaríamos alentando el riesgo moral: que todo el que toma crédito, lo haga sabiendo que le conviene caer en mora y refinanciar”, agregan en un banco de primera línea. El Banco Nación anunció planes de refinanciación de deudores morosos con tasas UVA más 12/14% (según tengan o no cuenta sueldo en el banco) a 120 meses de plazo, lo cual reduce notablemente la cuota.
Según el último informe monetario diario del BCRA, las tasas de los préstamos personales promedio del mercado se ubican a fines de junio todavía en 63,3%, apenas por debajo del 66,1% de un mes atrás. Mientras que en el caso de las tarjetas de crédito rondan el 87%. Siempre de TNA, el Costo Financiero Total (CFT) con esas tasas llega al 100% anual. Créditos personales y tarjetas representan el grueso del endeudamiento de las familias.
Con ese nivel de tasas y morosidad, en junio los créditos al sector privado cayeron, en términos nominales, 0,1%. Con una inflación cercana al 1,9%, los créditos personales crecieron apenas 0,5%, mientras que la financiación en tarjetas de crédito se redujo nominalmente 6,7%. En tanto, los préstamos prendarios (autos) retrocedieron 0,3%. Desde inicios de año, con una inflación de casi 17% (suponiendo 1,9% en junio), el crédito personal subió sólo 10,4%, prendarios 8,1% y en tarjetas se contrajo 1,8%. En todos los casos, un fuerte ajuste en términos reales.
“El crédito está muerto”, confirma Matías Surt, de la consultora Invecq. Eso explica que la morosidad no baje: en los últimos meses, la tasa de crecimiento de los nuevos morosos disminuyó marcadamente, pero como el crédito no crece, la tasa de morosidad total no disminuye.
El otro dato que confirma las dificultades para encender el motor del es la evolución de los salarios reales. Según datos del Indec, aún con la mejora de abril, los salarios privados registrados se encontraban 3,5% abajo de noviembre 2023. Sin embargo, esa medición se basa en el IPC del Indec, que usa los ponderadores de la encuesta de gasto de los hogares de 2004, con un peso mayor de los bienes que de los servicios. Como explica Surt, “cuando se mide con los ponderadores de la encuesta de gastos 2017/2018, que considero más fieles a la realidad, ese bolsillo está bastante más flaco”, un 10% abajo.
La diferencia es que en la encuesta de gasto actualizada hay un peso preponderante de los servicios (públicos y privados) que durante la gestión Milei aumentaron muy por encima de los bienes, especialmente en 2024, porque habían sido pisados en el gobierno anterior.
Mejor aún para acercarse a la realidad de los bolsillos, es la medición de la consultora Equilibra del “ingreso disponible real de las familias”, después del pago de los “gastos fijos” del hogar, servicios públicos (luz, gas, agua, transporte), servicios privados (celular, internet, prepaga, colegio) y alquiler. El indicador mide el ingreso real disponible de unos 14,5 millones de personas, entre salarios privados registrados, salarios públicos y jubilaciones.
En abril (último dato), tras 7 meses consecutivos de caída, el ingreso disponible registrado creció 0,8%, pero aun así se encuentra 14,5% abajo del nivel promedio de enero-septiembre 2023. En el caso de los salarios públicos, el ingreso disponible es 34,6% inferior al promedio de 2023.
Este universo de asalariados formales es el principal sujeto de crédito a las familias del sistema bancario.









