En el norte de China se desarrolla desde hace casi cinco décadas uno de los mayores proyectos de restauración ambiental del mundo. La iniciativa busca crear una extensa barrera vegetal para contener el avance de los desiertos, reducir las tormentas de arena y proteger a las poblaciones y áreas productivas de una región particularmente árida.
El proyecto comenzó en 1978 y actualmente abarca una superficie de más de 4 millones de kilómetros cuadrados, distribuida en 13 provincias y regiones del país. Su conclusión está prevista para 2050.
Una barrera vegetal que atraviesa gran parte de China
El Programa de Bosques Refugio de los Tres Nortes recibió el nombre de “Gran Muralla Verde” por la magnitud de la superficie que pretende proteger. El plan se extiende por las zonas norte, noreste y noroeste de China y combina diferentes tipos de vegetación para limitar el avance de la desertificación.
Dentro del territorio comprendido por el programa, la superficie forestal pasó del 5,05% en 1978 al 13,84% según las últimas mediciones oficiales mencionadas en el material. También disminuyó la proporción de superficie considerada vulnerable a las tormentas de polvo, que pasó del 48,1% en 2000 al 40,4% en 2020.
La vegetación cumple además una función de protección frente al viento y ayuda a conservar los suelos, las tierras agrícolas y la infraestructura. En el desierto de Kubuqi, por ejemplo, se implementaron corredores verdes destinados a contener el desplazamiento de las dunas y proteger el río Amarillo.
El proyecto no consiste solamente en plantar árboles
Uno de los aspectos centrales de la estrategia fue adaptar la vegetación a las condiciones de cada territorio. En Kubuqi, los corredores están compuestos aproximadamente por un 10% de árboles, un 80% de arbustos y un 10% de hierbas, una combinación que permite responder mejor a las características de un ambiente árido.
La experiencia también mostró que plantar árboles en zonas desérticas puede generar problemas si las especies elegidas requieren grandes cantidades de agua. Investigaciones advierten que una forestación inadecuada puede aumentar la presión sobre recursos hídricos que ya son limitados.
Por ese motivo, el programa fue incorporando otras herramientas de lucha contra la desertificación, como arbustos, pastizales y métodos de protección natural del suelo. La transformación del territorio es, por lo tanto, el resultado de décadas de intervenciones y no de una única campaña de plantación.
Los desafíos ambientales de la llamada Gran Muralla Verde
El proyecto también enfrenta cuestionamientos relacionados con la selección de especies y el impacto de las plantaciones sobre los ecosistemas.
Algunas investigaciones señalan que determinadas especies utilizadas en estas barreras pueden generar problemas ambientales o sanitarios, mientras que otras plantaciones han ejercido presión sobre los recursos hídricos locales.
También se han registrado dificultades vinculadas con plagas y con la adaptación de determinadas especies a las condiciones de cada región. Estos antecedentes llevaron a revisar algunas estrategias y a considerar una mayor diversidad vegetal en lugar de depender de grandes extensiones de una misma especie.
Otro de los debates se relaciona con la capacidad de estos bosques para almacenar carbono a largo plazo. El crecimiento inicial de algunas plantaciones puede ser rápido, pero especialistas advierten que ese ritmo puede disminuir después de varias décadas, mientras que los ecosistemas naturales pueden presentar una evolución más lenta pero sostenida.
Casi 50 años de transformación y un proyecto que continúa
A pesar de sus desafíos, el Programa de Bosques Refugio de los Tres Nortes modificó considerablemente el paisaje de amplias regiones de China y permitió reducir la exposición de distintos territorios a las tormentas de polvo y al avance de la desertificación.
La iniciativa todavía está en desarrollo y tiene como horizonte 2050. Su evolución también dejó una conclusión relevante: la recuperación de zonas áridas no depende únicamente de plantar la mayor cantidad posible de árboles, sino de seleccionar especies adecuadas, preservar los recursos hídricos y adaptar las soluciones a las características de cada ecosistema.