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Durante décadas, América Latina fue comprendida como un conjunto de economías fragmentadas, con escasa capacidad para influir en decisiones a nivel global.
Este nuevo enfoque no se presenta como un bloque formal, sino como una red de intereses compartidos. Los países buscan coordinar posiciones en comercio, energía y tecnología para enfrentar presiones externas y mejorar su competitividad.
En la actualidad, una estrategia más pragmática comienza a surgir en conjunto y sin anunciarlo, pero con el objetivo claro de incrementar el poder de negociación y disminuir la dependencia de acuerdos bilaterales desbalanceados.
¿Cuál es la alianza en Latinoamérica que preocupa a las potencias?
Las dos economías más grandes de la región lideran este movimiento. Brasil y México concentran mercados internos amplios, recursos energéticos y peso diplomático en foros internacionales.
Su coordinación no busca crear un bloque cerrado, sino evitar que cada país negocie desde la debilidad estructural que marcó el pasado.
La cooperación se extiende a áreas clave como el comercio, la energía, infraestructura, defensa y diplomacia multilateral. El trabajo conjunto permitiría alcanzar estos objetivos:
- Mejorar la posición en cadenas de suministro estratégicas.
- Reducir la dependencia de acuerdos bilaterales.
- Tener una voz más fuerte en organismos internacionales.

Diálogo flexible: negociando sin ataduras ideológicas
A diferencia de otros intentos de integración, esta coordinación no responde a ideologías ni busca confrontación. La lógica es simple: dialogar con todos sin alinearse automáticamente con nadie.
Esta flexibilidad permite negociar con distintas potencias según el interés concreto (comercial, tecnológico o energético) sin quedar atrapados en una sola órbita.
¿Cuál es la importancia en un mundo dividido?
La coordinación busca proteger sectores estratégicos, fortalecer la industria regional y reducir la exposición a decisiones tomadas fuera de la región.
La pandemia y la crisis energética evidenciaron que la vulnerabilidad no es únicamente económica, sino también política. América Latina comprendió que actuar de manera aislada incrementa el riesgo ante choques externos.

Colaboración Brasil-México: un modelo para América Latina
Este proceso no se presenta mediante discursos grandilocuentes ni garantiza resultados inmediatos. No obstante, representa un punto de inflexión, ya que la región comienza a rechazar la lógica que la mantuvo fragmentada.
Durante este proceso, otros países latinos observan con interés. La posibilidad de unirse a esta red de cooperación podría abrir nuevas oportunidades para el desarrollo regional.
Expertos sugieren que esta estrategia puede atraer inversiones extranjeras. La diversificación de socios comerciales fortalecerá la economía y mejorará la resiliencia ante crisis globales.



