La mitológica victoria contra la pobreza

Las estadísticas sirven para ilustrar numéricamente lo que pasa, por lo tanto, no descubren nada nuevo sino que reflejan, con mayor o menor aproximación, aquello que le sucede a un conjunto de individuos en un tiempo y espacio dados.
Durante la crisis de 2001-2002 empezó a palparse con fuerza en Buenos Aires y sus alrededores el fenómeno de los cartoneros, personas que, caídas en una situación de pobreza, comenzaron a rebuscárselas saliendo a la calle a juntar cartones para reciclar.
Este fenómeno fue la punta del iceberg de un problema que se vio claramente reflejado en las estadísticas ya que la cantidad de hogares pobres aumentó desde un promedio de 18,2% para toda la década del 90 hasta el 46% en el segundo semestre del 2002. Las estadísticas, en ese caso, reflejaban un fenómeno que todos veíamos.
Diez años después, basta salir a recorrer el microcentro después de las 7 u 8 pm. para ver que el fenómeno cartonero está lejos de haberse terminado.
Sin embargo, un reciente informe de la CEPAL dice que la Argentina se encuentra en el quinto puesto de Latinoamérica en lo que a reducción de la pobreza respecta y que la cantidad de hogares pobres en el primer semestre de 2011 representaba solo el 5,7% de la población, una reducción de 35,7 puntos porcentuales en 9 años, evento único en todo el continente.
Ahora bien, ¿es esto posible? ¿qué refleja la CEPAL si seguimos viendo gente pidiendo en la calle, cartoneros por todos lados y casos de pobreza extrema como el de la tristemente célebre Barbarita, de Tucumán?

La fuente de CEPAL

Una posible respuesta aparece cuando vemos que los datos que toma la CEPAL son los provistos por el INDEC, una institución que no goza de prestigio en nuestros días.
Para el INDEC, en 2011 una familia necesitó $430 mensuales para no ser pobre, solo un 12,8% más de lo que se necesitaba el año previo. Es probable entonces que, una vez más, la manipulación de los índices de precios esté afectando los valores de la Canasta Básica y, por tanto, los niveles de pobreza e indigencia del país.
De hecho, si tomamos los valores de la Canasta Básica Total que delimita los hogares que se encuentran bajo la línea de pobreza vemos que estos aumentaron a un ritmo promedio del 9,2% anual (apenas por encima de la inflación del INDEC), mientras que las estimaciones privadas sugieren que en el mismo período los precios en general aumentaron un 20% anual. Algo hace ruido.
Lo que queda, entonces, es buscar otras estadísticas que ilustren mejor lo que verdaderamente pasa.
Hace ocho años que la Universidad Católica Argentina (UCA) publica su Encuesta de la Deuda Social Argentina. Para esa institución educativa, si se toman los valores que recoge dicha encuesta (que actualiza el costo de la Canasta Básica por índices de inflación verdadera) los hogares pobres en Argentina no son 5,7% sino más del doble, 13,6%.
Además, si se aplica el mismo cálculo para las personas en situación de pobreza, el estudio concluye que en 2011 no había solo un 7,4% de compatriotas pobres sino un pasmoso 21,9%.
En conclusión, que los ni
veles de pobreza comparados con la peor crisis de nuestra historia mejoraron, no caben dudas. Que la situación de desempleo mejoró, tampoco. Pero que lo hayan hecho en la magnitud que las estadísticas del INDEC y la CEPAL muestran, despierta demasiadas sospechas.
Por último, una perla. El informe de la CEPAL peca de exceso de agregación y pronostica un buen futuro para la reducción de la pobreza en América latina gracias a las proyecciones de crecimiento económico positivo e inflación moderada, dos laureles que, lamentablemente, Argentina no podrá colgarse ni este año ni en 2013.
Las estadísticas públicas deberían reflejar la realidad de un país. En cambio, en la Argentina, a uno le dan ganas de irse a vivir al país que nos cuenta el INDEC con sus datos.

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