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Miércoles 30.05.2012 | 09:23

Internet después de WikiLeaks

25-01-11 00:00


Alejandro A. Tagliavini, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

En 2010, el mercado de teléfonos móviles en Argentina creció 22% respecto de 2009, pero los smartphones (que trabajan con internet) crecieron 185%. Llegan televisores para navegar por la red, como se pudo ver en la Feria Internacional de Electrónica en Las Vegas, donde Sharp mostró su Galapagos, un celular 3D que no necesita gafas especiales para ver películas, juegos o videoconferencias.
Lo que sucede es que el crecimiento de internet no encuentra techo... y por eso los gobiernos le temen y con razón. ¿Quién hizo la red? ¿Algún académico con numerosísimas publicaciones y títulos universitarios o algún destacado estadista? No, la hicieron millones de personas desconocidas de manera espontánea y sin orden aparente, sin el orden que el estatismo impone por la fuerza.
La informática destruye al estatismo porque éste necesita del desconocimiento para sobrevivir, sin el secreto no podría subsistir, por mucha fuerza militar que tenga. Por ejemplo, cualquier disidente cubano podría vociferar todo lo que quisiera y escapar si pudiera anticipar cuando vendría a buscarlo la policía castrista. De modo que es buen consejo que vayan desarmando todas las organizaciones basadas en el secreto, antes de que caigan como el muro de Berlín. En 1999, Scott McNealy, de Sun Microsystems, ya se había mofado “ya tienen cero privacidad. Supérenlo”.
Chávez, intenta que la red no sea libre. Es que, en la medida en que lo sea, lo dejará sentado en un sillón presidencial vacío de poder. Pero no es el único político nervioso. Las filtraciones de WikiLeaks hicieron que EE.UU. creara una división del Ejército especializada en la web y ahora pretenden un sistema de identificaciones de usuarios, llamado “Estrategia Nacional de identidad en el ciberespacio”. Dicen que no es un sistema controlado por el Gobierno y dedicado a mejorar la seguridad y privacidad, y reducir, e incluso eliminar, las numerosas contraseñas, creando identidades digitales de mayor confianza.
A esto hay que sumarle que asumir la identidad on line de otra persona es delito en California, la ley dice que se penalizará a quienes -usando cuentas que los muestren como otras personas- busquen “lastimar, intimidar, amenazar o defraudar” a terceros usando internet u otros medios electrónicos. Así, cualquier personaje público podría argumentar que una cuenta que lo parodia lo está “lastimando o intimidando”.
Más allá de las limitaciones a la libertad de expresión e información que esto significa, nadie discute que puede ser inmoral falsificar cualquier identidad, el problema es quién lo va a controlar ¿el gobierno? o la misma internet que lo viene haciendo con aceptable eficacia, como lo demuestran la cada vez mayor popularidad de Facebook y Twitter. Internet, se desarrolla sin ningún burócrata a cargo, y millones de personas cooperan pacíficamente y ordenadamente, con el orden espontáneo propio de la naturaleza, y que supone un liderazgo moral de hecho, el de aquellos que verdaderamente pueden aportar cosas útiles. Es evidente que esta interferencia pretende aumentar el control sobre la red.
Internet está mejorando, organizando y potenciando nuestras vidas de un modo muy superior al de los políticos, que deberían tener la humildad de aceptar que han sido superados y abstenerse de interferirla. Nunca podrán controlar, como dice el ingeniero en sistemas Pablo Maza, al escurridizo elemento comunicacional, el tráfico IP (Internet Protocol), que de forma inteligente y automática, busca nuevas rutas para entregar los paquetes de datos hasta su destino, a la velocidad de la luz. La infraestructura de telecom servers crece al punto que nadie tiene conocimiento preciso de sus dimensiones y distribución geográfica porque, además, muta constantemente.
Para vigilar el tráfico IP, EE.UU. (hoy superado por China) invirtió fortunas desde los 90, con el argumento de evitar ataques a su territorio o ciudadanos, y controlar intentos de infiltración en sus redes de inteligencia. En el 2001 terroristas destruyeron las Torres Gemelas. Ahora surgió Wikileaks.


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