Arcos Dorados, que es el franquicia de McDonalds más grande del mundo, se prepara para cotizar en los Estados Unidos, situación que podría proporcionarle a los inversores un rendimiento muy generoso sobre los 700 millones que se desembolsaron para adquirir la empresa en 2007.
La firma, que es la propietaria más grande de restaurantes en América del Sur, tiene cerca de 1800 establecimientos en América latina.
Quienes están familiarizados con el tema afirmaron que la empresa podría presentar una oferta pública de acciones (OPA) en los próximos días y, ya en abril, podría empezar a operar en Nueva York.
Arcos Dorados, con sede central en Buenos Aires, eligió al Bank of America, Morgan Stanley y JPMorgan underwriter (banco suscriptor o colocador) para la oferta, indicaron las fuentes consultadas.
No quedó claro cuánto venderán los financistas de la empresa en la oferta pública o si su intención era captar nuevos fondos. Pero fuentes próximas a la venta insinuaron que la OPA podría ser una de las más importantes entre las realizadas por una empresa latinoamericana en los Estados Unidos y podría llegar a captar casi u$s 1.000 millones.
Si así fuera, se la seguiría de cerca pues sería signo de la fortaleza que presenta la demanda de los inversores para acceder al mercado en desarrollo de productos de consumo en América del Sur.
La empresa y sus consultores se negaron a formular comentarios o a responder las solicitudes de entrevista.
En 2007 McDonalds firmó contratos para concederle franquicias de casi 1.600 restaurantes en América latina y el Caribe, por un valor de 700 millones, al grupo que lideraba Woods Statons, el directivo que con anterioridad había dirigido la división latinoamericana de esa marca.
Entre los financistas de Staton en la empresa que (luego) se convirtió en Arcos Dorados, se contaban Capital International, Gavea Investimentos, que el hedge fund brasileño de u$s 6.000 millones que hace poco adquirió JPMorgan, y DLJ South American Partners.
Como parte de la operación, McDonalds asumió gastos por desajustes por u$s 1.600 millones, de los cuales u$s 800 millones representaban la diferencia entre el valor libros de la empresa latinoamericana y el precio que pagaron los inversores.
El resto se vinculaba con pérdidas históricas en divisas.
Como resultado de la venta, McDonalds cobraría una regalía de la empresa pero no invertiría más capital. Al momento de la venta, McDonalds, que recibió presión del hedge fund Pershing Square para que se deshiciera de los establecimientos propios que no tenían rentabilidad, sostuvo que la volatilidad de la divisa había generado cautela en la empresa para invertir en sus operaciones latinoamericanas.
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