

Como sabe cualquier fanático de las películas de horror, el momento de preocuparse es cuando las cosas están tranquilas... demasiado tranquilas. Tres meses atrás, la economía mundial se recuperaba, los precios de las acciones subían y los bancos centrales planeaban la vuelta a la normalidad. Pero empezó el aterrador desfile de espectros: la economía de Estados Unidos comenzó a caer lentamente, como mordida por un zombie; a los países de la eurozona les chupan la sangre uno a uno, como a víctimas de una vampiro despiadado, y hasta los aparentemente saludables mercados emergentes muestran señales de enfermedades diabólicas que los debilitan.
Ninguna de las grandes economías avanzadas está haciendo algo sustancial para promover el crecimiento y el empleo. Estamos en medio de una crisis política, no sólo de deuda, opinó George Magnus, asesor económico senior de UBS.
La música de fondo de la semana pasada sería la de los chillones violines que anuncian que la historia toma un giro aterrador. Los precios de las acciones se derrumbaron en todo el mundo y el dinero huyó de los activos de riesgo. Los spreads de los bonos españoles e italianos se ampliaron, lo que sugiere que aumenta el escepticismo sobre el nuevo plan de rescate griego y el vampiro europeo busca nuevas víctimas.
Simon Johnson, un ex jefe de economistas del Fondo Monetario Internacional que ahora está en el Massachusetts Institute of Technology, hizo un paralelo con la crisis financiera asiática de 1997/98 y señaló que parece cada vez más probable que Italia y España se encuentren fuera de la zona de seguridad. El resultado natural sería una serie de situaciones de pánico, fuga de capital a gran escala y, después, defaults.
Además de los temores por el futuro, sobran las evidencias de debilidad actual. Las encuestas entre los Gerentes de Abastecimiento de EE.UU. sugieren que la producción, tanto en servicios como en manufactura, se ha desacelerado notablemente. El crecimiento económico estadounidense en el segundo trimestre fue un anémico 1,3% a tasa anualizada y, en un indicio de cómo disminuyen las expectativas, el viernes pasado se consideró una buena noticia que el crecimiento en los puestos de trabajo resultara substancialmente inferior a la tendencia, en vez de ser enormemente inferior.
La afirmación que dice que el estímulo fiscal ha despla zado al sector privado parece cada vez más cuestionable. El gobierno se retira, dejándole a las empresas ese gran espacio para que lo ocupen, pero las ingratas no parecen dispuestos a salir de sus refugios. Mientras tanto, Magnus opina que el experimento británico de la austeridad preventiva parece todavía más riesgoso, dado que el PBI creció sólo 0,2% en el segundo trimestre, a una tasa anualizada de 0,8%.
Muchos mercados emergentes, como Asia y Latinoamérica, aún viven en un planeta diferente, pero la atmósfera recalentada corre peligro de sufrir un enfriamiento súbito. La llama empezó a debilitarse en potencias manufactureras como China y el debilitamiento de la demanda puede ser un balde de agua fría para los productores de commodities.
Los dirigentes saben lo que necesitan las economías ricas: en la eurozona, más estabilidad en la deuda; en EE.UU., el Reino Unido y Japón, más crecimiento. Pero hay pocas respuestas coherentes. Los políticos europeos se felicitan de haberse unido, tras sólo 18 meses de discusiones, para crear un fondo de rescate que pone en cuarentena a Grecia, Irlanda y Portugal. El mes pasado, en una entrevista concedida al Financial Times, Christine Lagarde, que saltó del fuego del Ministerio de Finanzas francés a la sartén del FMI, defendió la lentitud de la eurozona diciendo que, cuando se tienen 17 democracias bajo una moneda única, hay una carrera entre el juego democrático y las expectativas del mercado. Pero agregó que finalmente la democracia prevalece.
Pero los mercados parecen preferir la unidad de propósito al procedimiento constitucional. El comentario más mordaz apareció en un análisis escrito por Jerome Booth, jefe de Research de Ashmore, una firma de administración de fondos de Londres. Señaló que Europa y EE.UU. están empezando a aceptar sus crisis de deuda siguiendo las cinco etapas del duelo descriptas por la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.
Los países ricos tienen un cadáver tirado en el piso de la cocina tras la muerte de la economía muy apalancada, sin embargo, tienden a negarlo. La eurozona lo ha cubierto con una sábana y lo ignora. La negación es palpable, pero la sangre sale de abajo de la sábana y empieza a dañar el cuero de los zapatos, escribió Booth.
En Europa, además, están las vacaciones. Rodríguez Zapatero, el presidente español, por lo menos suspendió las suyas cuando cayeron los precios de los bonos. Otros mostraron menos preocupación. Angela Merkel está de vacaciones y recién el viernes habló con sus pares de Francia y España sobre lo que pasaba.
Si la respuesta de las autoridades de la eurozona ha sido dilatoria, la de EE.UU. es peor. Booth dijo que si la eurozona ignora su cadáver, en EE.UU. lo han sentado en una silla, le han dado café y están conversando con él.
El presidente Obama ahora quiere pasar del acuerdo de la deuda a la creación de trabajo, pero Jared Bernstein, ex jefe de economistas del vicepresidente Joe Biden, señaló que el principal lastre en EE.UU. es simplemente la falta de demanda. La Casa Blanca habló de algunos remedios, como el de extender los beneficios por desempleo y lanzar un banco dedicado a la infraestructura, pero conseguir que los legisladores republicanos los aprueben es otra cosa. Como señaló Bernstein, todos los datos económicos apuntan hacia un mayor estímulo, pero la idea no es muy popular ahora.
Ese puede ser el problema. Según muchos, lo que inquieta a los inversores no es sólo la reciente serie de datos de debilidad sino la sensación de que los gobiernos de los países ricos no encuentran respuestas. El país que puede endeudarse a una tasa asombrosamente baja elige no hacerlo, mientras las naciones que podrían caer en default se endeudan más. Los europeos pueden estar de vacaciones, pero el Congreso de EE.UU. salió a almorzar. Llegamos al momento de la película de horror en que todos los personajes resultan ser lobisones y no queda gente normal.










