La relación entre Hugo Moyano y José Ignacio de Mendiguren siempre tuvo sus vaivenes, pero la CGT y la UIA nunca rompieron el diálogo. A fines del año pasado, la soga estuvo a punto de cortarse cuando la central sindical fogoneó el proyecto de reparto de ganacias. Sin embargo, la prestensión del camionero se esfumó cuando Cristina Kirchner le soltó la mano. Desde entonces, el dirigente industrial se calzó el traje de diplomático en más de una oportunidad para acercar las posiciones entre Moyano y el gobierno nacional. En el contexto actual, de Mendiguren entiende que a las empresas no las favorece negociar con una CGT dividida.

De cara a las elecciones sindicales del 12 de julio para las que Moyano se aferra al sillón principal de la calle Azopardo y el Gobierno apoya la figura del metalúrgico Antonio Caló, el presidente de la UIA opina sobre la fractura sindical. Es preocupante. No solamente por estas paritarias, sino por lo que sigue. Venimos trabajando en la necesidad de un acuerdo económico y social a largo plazo, donde podamos mirar no solo la foto sino también la película completa. Esto es clave para el mundo que viene. Acabamos de cumplir 200 años en la Argentina y siempre nos caracterizó la confrontación. Campo contra industria, el interior contra las ciudades, mercado interno contra exportaciones. La Argentina siempre funcionó como un péndulo, y el punto en común entre los extremos fue que se abortaron los procesos de crecimiento. El desafío es encontrar la manera de compatibilizar las dos cosas. En ese sentido, en la discusión paritaria aparece una novedad y es la Subsecretaria de Competitividad, que actúa en base a los números de cada sector. El peor escenario es una CGT atomizada. Esperamos que lleguen a un acuerdo, sostiene el titular de la UIA.

l ¿Pero se imagina una Central Obrera sin Moyano a partir de julio?

- Sí. Me imagino que mantendrá un lugar, porque su gremio es muy importante, pero no necesariamente como Secretario General.