

Son tiempos extraños en la Argentina y sobre todo para los hombres y mujeres encargados de administrar el poder político y económico. La semana terminó y comienza con el impacto extendido de un conflicto entre la Presidenta y el empresario más importante del país, Paolo Rocca. Ambos intercambiaron cartas para tratar de aclarar la controversia que desató una charla que dio el CEO de Techint. En su texto, Rocca ratificó la crítica que había hecho a las políticas oficiales, aunque en un formato más elegante que el del artículo de Clarín que las hizo públicas. Y en su misiva, Cristina Kirchner reafirmó el disgusto que le causaron esas palabras, pero responsabilizando por él a la prensa. El final de la novela será un encuentro entre funcionarios y empresarios para sonreir y sostener lo insostenible: que aquí no ha pasado nada y que los lamentos por la alta inflación, el deficit, la política errática en torno al dólar, el descenso de las inversiones y la caída de la competitividad son sólo una anécdota que exagera el periodismo. El país adolescente que nunca aprende las lecciones de su historia viene tropezando con muchas adversidades. Hemos padecido la violencia armada; el terrorismo de Estado; la corrupción administrativa y la ineficacia gubernamental. Pero, a esta altura, hay que reconocer que la falta de valentía está por delante de la mayoría de nuestros males actuales. Lamentablemente, los protagonistas del miedo argentino nunca son tan perjudicados como el resto desprotegido de la sociedad.










